Editorial - Donald Trump Donald Trump
jueves 21 de julio de 2016

Chirriante incorrección

Para Donald Trump, una cosa es hacer extremismo en la interna republicana, donde jugó con militantes, y otra muy distinta insistir en ese speach ante el electorado independiente de EE.UU.

En medio de fuertes discordias existentes puertas adentro del Partido Republicano de los Estados Unidos, y ante la desazón de la mayoría de los gobiernos democráticos del mundo, el arrogante magnate Donald Trump ha quedado oficializado como el candidato presidencial de su partido para las elecciones de noviembre próximo, en las que confrontará con la postulante del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

Portador de una chirriante incorrección política de derecha, Donald Trump ha tenido no sólo la habilidad de aprovechar la dispersión de candidatos dentro de su partido sino que ha hecho propias algunas consignas de los sectores más ultras de su país, en particular las referidas al cierre de las fronteras norteamericanas a la inmigración de origen musulmán.

Trump, fogoneado como locuaz comunicador tras varias temporadas de trabajar en un famoso reality de televisión en el que se elegían emprendedores económicos, ha anunciado que en una hipotética presidencia suya se derogarán algunos de los principales logros del demócrata Obama, en particular el seguro de salud para toda la población.

Trump ha reiterado que construirá un muro para evitar la inmigración ilegal desde México y que acabará con la nacionalidad norteamericana por nacimiento para hijos de extranjeros indocumentados, al tiempo que protegerá, por ser un "derecho imperativo", la opción de armarse para defenderse, algo que Obama había puesto en debate en el país tras las numerosas matanzas cometidas por "lobos" solitarios en esa nación.

Pero una cosa es hablar a los suyos, es decir a la militancia más ultra de los republicanos en una interna, y otra es convencer a los independientes que votarán en las generales de noviembre.

Esto lo obligará, seguramente, a presentar un programa menos extremo o un poco más componedor y a intentar cerrar todas las heridas que dejó abiertas en su propio partido con su beligerante discurso.
Los que lo conocen bien dicen sin embargo que hay un solo Trump. Y que no tiene un rostro amable.
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