Editorial - Mendoza Mendoza
jueves 14 de septiembre de 2017

Caja de Pandora a bordo

El caso Stibel detonó serias preocupaciones en los usuarios de micros, imprevistos y un triste pregón.

La detención de una mujer por no haber podido demostrar que le pagaron el pasaje de colectivo a bordo detonó una impensada batería de asuntos colaterales vinculados a la conducta de los policías (hay una pesquisa interna en marcha), a la comidilla política (de intenso tufo electoral)y también al funcionamiento del servicio de recarga del sistema Red Bus.


Acerca de este último punto, el Gobierno de Mendoza se desvive por mostrar y demostrar que hay suficientes lugares para reabastecer la tarjeta magnética, entre quioscos, almacenes de barrio, terminales de autoservicio, cajeros automáticos y páginas on line de las redes bancarias.

Desde la vereda de enfrente, en cambio, hay viajeros que derriban todas y cada una de esas formas con argumentos, por lo menos, atendibles: que los comercios cierran temprano, que hay inseguridad y que no todos tienen el mismo acceso al sistema bancario informatizado.

Sin embargo, más allá de posturas contrapuestas, la realidad subyace y plantea situaciones novedosas, casos testigo que nadie prevé cómo resolver en el acto.

Y, así como en viejas épocas que quisiéramos enterrar definitivamente (léase corralito financiero) quedan enfrentados, cara a cara, choferes y pasajeros.

"Entonces, ¿qué hago?", preguntó al conductor una mujer que terminaba de pagar con su plástico dos pasajes, para ella y para su hijo, pero con una preocupación a cuestas: ella se bajaría llevándose la Red Bus y el chico debía seguir viaje sin esa Red Bus.

La mujer, claramente, temió que el menor fuera detenido como le pasó a Stibel.

"No sabría qué decirle, señora", respondió el chofer, encogiéndose de hombros y sin un protocolo que le indicara cómo actuar en ese caso.

Guaymallén es, según el Gobierno, uno de los departamentos con mayor cantidad de lugares de recarga disponibles.

Sí, pero más allá de la estadística, que lo ubica cerca de Godoy Cruz y de Mendoza capital, hay realidades que asoman y que son reales, como las grandes distancias entre bocas de recarga, como sucede en Guaymallén, entre Corralitos y Puente de Hierro, distritos que están separados por cinco kilómetros.

¿A dónde va el usuario de Puente de Hierro cuando la boca de recarga de la zona está cerrada, por ejemplo, a las 7 de la mañana? ¿Al centro de Los Corralitos, a cinco kilómetros? ¿La seguridad está garantizada durante esa búsqueda a pie de lugar habilitado?

Y por si esto fuera poco, a bordo de los micros, donde muchos ayudan con su Red Bus a quienes no tienen crédito, cunde una campaña para "no prestar la tarjeta".

Éramos pocos...
Fuente:

Más Leídas