Editorial - Marcelo Tinelli Marcelo Tinelli
viernes 21 de abril de 2017

Bergson y Tinelli

Emanuel Balbo no pudo escapar de la barbarie. Y Marcelo Tinelli se quedó sin la fuerza vital para seguir peleando.

El mismo día en que Emanuel Balbo moría tras haber agonizado en un hospital cordobés por las heridas sufridas cuando lo tiraron desde una tribuna del estadio Kempes, Marcelo Tinelli le anunciaba al país que renunciaba a sus proyectos de integrar la Asociación del Fútbol Argentina (AFA), en particular al plan que más lo había movilizado: la creación de la Superliga.

El conductor más exitoso de la televisión argentina explicó que se iba del fútbol porque su salud se había resentido.

Fue como si Tinelli confirmara lo que ya se presentía: que los tejes y manejes de la AFA le habían quitado el "élan vital", aquella expresión que el filósofo francés Henri Bergson usaba para definir "la fuerza o impulso vital" que hace evolucionar a los organismos.

Todas las fotos e imágenes que lo mostraban metido en los entreveros del mundo de la AFA exhibían el mismo rostro: ceño fruncido, la vista perdida y un rictus que denotaba que se estaba moviendo en medio de barro podrido.

Emanuel Balbo no pudo escapar de la barbarie. Los bárbaros lo arrojaron cabeza abajo y lo destrozaron.

Marcelo Tinelli trató de zafar a tiempo de esa barbarie, pero se fue con una amargura tremenda: la de no de haber podido hacer un aporte más duradero a la limpieza que necesita la conducción del deporte más popular del país.

Como en esos países donde después de haber padecido una dictadura sobreviene una etapa de luchas para tratar de imponer la normalidad constitucional, la muerte, en 2014, de Julio Grondona, emperador incombustible del fútbol argentino, produjo un combate de intereses y de proyectos que aún perdura.

La lucha es entre los que intentaron e intentan mantener el fútbol dentro de aquel régimen de manejos turbios, pero ahora maquillado para aparentar, y los que buscaron y buscan hacerlo evolucionar hacia algo superior, adecentándolo y modernizándolo.

El fútbol, como no podía ser de otra manera, es uno de los espejos que devuelven el rostro de lo que somos.

Y si ese rostro es el que nos ofrecía Tinelli cada vez que era retratado en reuniones de la AFA, estamos mal.

Nos queda la esperanza de que desde dentro del mismo fútbol se vayan afianzando las acciones y los nombres para que la Argentina retome el élan vital que lo rescatará.
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