Editorial - Francisco Francisco
lunes 30 de mayo de 2016

Bergoglio y Francisco

Los estudiosos de los pasos del Papa suelen decir que hay un Bergoglio para la Argentina y un Francisco para el resto del mundo. El segundo es ecuménico y amplio. El otro es "peronista".

Cada vez son más los observadores que entienden que existe un Jorge Bergoglio para la Argentina y un papa Francisco para el resto del mundo.

Quienes así piensan dicen que con su país –la Argentina– es alguien que se deja ganar por la pasión nacional.

Le llaman "el Papa peronista" recordando su lejano acercamiento al grupo Guardia de Hierro, su trabajo en las villas y sus comentadas peleas con el kirchnerismo, así como la posterior conversión de ambos (Bergoglio y Cristina Fernández) cuando el ex obispo de Buenos Aires se transformó en el jefe universal de la Iglesia Católica.

De la misma manera, quienes estudian el fenómeno Francisco no dejan de mencionar que hace tres años el argentino marcó un antes y un después en la estructura católica mundial.

Es decir que para el resto del mundo es un innovador criterioso, abierto, y para la Argentina es un apasionado al que le gusta demorarse en toda la comidilla política.

Para tratar los temas argentinos, aparece Bergoglio, es decir, un ser frontal y hasta visceral, que no dudó en ponerle mala cara al presidente Mauricio Macri y en atenderlo sólo 20 minutos cuando este lo visitó en la Santa Sede.

En cambio, con Hebe de Bonafini se reunió más de una hora. Es cierto que las razones para recibir a la representante de Madres de Plaza de Mayo ("a una mujer a la que el Estado le secuestró los hijos y aún no logra saber cómo los mataron y dónde los enterraron, yo no le cierro la puerta") fueron bien cristianas.

Pero no es menos cierto que Bonafini aprovechó la reunión para hablarle pestes de Macri. "Fuimos felices durante 12 años y en cinco meses destruyeron todo", le dijo al Papa, al que le pidió "una mano por esta situación".

Así es el obispo Bergoglio. Profundamente argentino para analizar los asuntos políticos de su tierra.

Y amplio, tolerante, flexible y ecuménico para enfrentar los problemas de la Iglesia y del mundo moderno.
Bergoglio no dejará de sorprendernos.
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