Editorial - Brasil Brasil
viernes 13 de mayo de 2016

Argentina se abriga

Para saber si es correcto o no el rumbo que tomará Brasil sin Dilma a la cabeza, habrá que ver en los próximos 180 días cómo reaccionan los mercados, los socios del Mercosur y los propios brasileños.

Si consideramos seria y cierta la conjetura de la canciller Susana Malcorra de que "si Brasil se resfría, nosotros tenemos neumonía", la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff obliga a la Argentina a correr en busca de abrigo.

Es tal el impacto de esa crisis política y económica en nuestro país que amerita seguir con atención cada paso de un proceso que, si bien tiene a la mandataria como cabeza visible, es mucho más profundo y peligroso.

La corrupción endémica hizo saltar la térmica y con ella a unos cuantos pesos pesados que hasta hace poco lucían el traje de intocables.

Desde que germinó la idea del juicio político a Dilma, su gobierno inició en paralelo una profunda caída en la confianza pública y, por ende, en los mercados foráneos.

Esto, sin lugar a dudas, afecta a los planes de los exportadores mendocinos que tienen en Brasil a su primer y principal comprador.

Más aún si se contempla la propia crisis argentina, con una economía estancada que cuenta los días para ese segundo semestre de desahogo que promete Macri cada vez que debe justificarse.

Para Rousseff, su situación "es un impeachment fraudulento, un verdadero golpe".

Considera que el proceso que se lleva en su contra ha puesto en jaque "el respeto a las urnas y la voluntad soberana del pueblo".

Si bien su invocación democrática es atendible, también es cierto que la reacción popular viene mostrando que hay un descontento con una gestión que más temprano que tarde iba a desembocar en una salida de la mandataria.

Sin embargo, Dilma instó a los brasileños a mantenerse "movilizados, unidos y en paz".

Entre el malestar social y su invocación al rechazo de las fuerzas políticas que quieren tomar el poder se abre una grieta mucho más profunda de lo que se esperaba.

Rousseff afirma ser víctima de un golpe parlamentario liderado por su ex aliado Michel Temer, su vice desde 2011 y ahora presidente provisorio. Un sucesor que, por sus primeras medidas, muestra un rumbo totalmente contrario.

Para saber si es el correcto o no, habrá que ver en los próximos 180 días cómo reaccionan los mercados, los socios del Mercosur y los propios brasileños.
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