Editorial - Mendoza Mendoza
martes 06 de septiembre de 2016

Al vuelo

Mendoza quedará a partir de este miércoles prácticamente aislada por tres meses debido al cierre temporal del Aeropuerto. Una obra que por necesaria merecía un estudio más fino del impacto que ya provocó.

A partir de este miércoles, Mendoza quedará por tres meses prácticamente aislada debido al cierre temporal del aeropuerto El Plumerillo, ya que realizarán mejoras en la pista.

Una obra que, como hemos señalado en varias ocasiones, si se hubiera querido evitar las consecuencias negativas que tendrá el parate, no debía realizarse de un día para el otro.

Ya tomada la decisión, son numerosos los sectores y rubros que acusarán el impacto de esos 90 días (en caso de que se cumpla a rajatabla lo anunciado oficialmente) y tendrán que buscar alternativas para menguar los efectos.

Desde que se anunció que del 7 de septiembre al 7 de diciembre se cerraría el Aeropuerto, se dispararon los reclamos de aquellos que viven del día a día en la aeroestación Francisco Gabrielli.

Es el caso de los remiseros, que si bien se les asignó la playa este de la terminal de micros (de donde serán los traslados a San Juan), recibieron el fuerte rechazo de los taxistas. Como se sabe, se trata de dos rubros poco amigos de acordar pacíficamente.

El sector turístico, uno de los más afectados, recibió $50 millones como crédito para paliar la significativa baja que representará quedar prácticamente aislados durante tres meses.

Pese a las críticas, los reclamos puntuales y el debate que se generó, desde el Gobierno de Mendoza siempre se resaltó que las obras de modernización de la pista y del balizamiento, además de trabajos puntuales en las aeroestación, son imprescindibles para dotar a Mendoza de una mayor conectividad aérea.

En ese sentido, es cierto que la ubicación estratégica del aeropuerto local amerita ponerlo a la altura de las expectativas.

Lo que no quita, claro, que se siga señalando como negativa una praxis tan recurrente, como es la de no planificar con la suficiente antelación aquello que habrá de modificar los hábitos y las labores de tantas personas.

Por extensión, es lo mismo que ocurre como efecto de la falta de políticas de Estado en las áreas más sensibles de la gestión pública.

El resultado, en esos casos, termina representando un gasto mayor y sin la garantía siquiera de alcanzar con éxito el objetivo.

Ojalá algo se aprenda de esta experiencia.
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