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Negocios & Economía

Stock de riqueza o flujo de ingresos

La importancia del equilibrio. Una vez adquirida la disciplina para ahorrar, hay que saber invertir.
22-07-2012

Marcelo Elbaum*
Especial para UNO


La primera pauta para poder generar riqueza es tener una conducta de ahorro. El ahorro “es la base de la fortuna”, sin duda alguna. Ahora bien, una vez que adquiero la disciplina del ahorro, es imprescindible saber invertir.

Mucha gente se preocupa por la cantidad de riqueza a acumular o acumulada, a la que llamaremos stock. Sin duda, es importante tener una equis cantidad de dinero en stock, pero el segundo paso a revisar es el flujo de ingresos o flujo de efectivo que nos brinda nuestro stock. No es un tema menor, ya que muchas personas que tienen una gran riqueza (por ejemplo en inmuebles) no necesariamente tienen un buen flujo de dinero, ya sea por malas inversiones, falta de demanda de alquileres, etc.

Analicemos los casos de dos personas con realidades distintas, Claudio y Ariana (con el fin de simplificar, vamos a suponer que sólo analizamos ingresos y no gastos de mantenimiento de cada inversión y que ambas personas tenían intenciones de mantener como ahorro dichas sumas por los próximos 20 años, utilizando los flujos de fondos generados para comprar moneda extranjera y guardarla en una caja de seguridad).

Claudio recibió una herencia de tres propiedades, valuadas en un total de U$S 1.000.000. Debido a su perfil “ultraconservador”, siempre hizo oídos sordos ante la posibilidad de cambiar la composición de su cartera de inversión, ya que según la ideología familiar “lo mejor y lo más seguro era comprar propiedades”. Su cartera estaba compuesta por un campo ubicado en la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, valuado en U$S 750.000. En dicho campo vivía y tenía una pequeña granja para consumo familiar. Nunca se atrevió a realizar algún desarrollo productivo ya que para él invertir en eso era “muy riesgoso”. El segundo inmueble que recibió es un departamento de 2 ambientes en Recoleta, valuado en U$S 180.000, el cual alquila a U$S 675. Y un tercer inmueble ubicado en Lanús con una renta mensual de U$S 158.

Claudio vive de su sueldo en relación de dependencia como empleado público y no piensa cambiar la composición de su cartera de inversión.

Ariana por su parte no recibió herencia y si bien era una persona a la que le importaba la seguridad de sus inversiones, sabía que había riesgos que podía correr si ponderaba distintas rentabilidades en su cartera. Años atrás, había confiado en su asesor financiero ante la recomendación de comprar 2 lotes en un barrio privado. Dispuso de parte de sus ahorros para pagar el anticipo y terminó de cancelar el saldo en 48 cuotas fijas. Su inversión total por ese entonces fue de U$S 220.000. Cinco años más tarde, el emprendimiento era un éxito y pudo vender dichos lotes en la módica suma de U$S 450.000.

Si bien Ariana era chef de profesión, era una persona muy curiosa y a la que le interesaba mucho capacitarse en temas de finanzas personales.

Por esos días estaba analizando qué hacer con el producido de la venta de los lotes, más otros U$S que había ahorrado entre compra y rendimiento de unos bonos en dólares. Había reunido la suma de U$S 550.000. Sabía que ese dinero estaba destinado para inversiones, no lo contaba para su consumo, tenía la posibilidad de separarlo y tratar de reproducirlo o protegerlo como un ahorro.

Se reunió con su asesor financiero para analizar varias opciones disponibles. Ella le había pedido que le prepare un mix de opciones para armar una cartera moderada, con algún activo un poco más riesgoso e innovador como a ella le gustaba, pero sin perder de vista algún instrumento conservador que equiparara la ecuación.

Luego de analizar todas las opciones, la cartera que más consenso tuvo entre ambos estaba compuesta de la siguiente manera: U$S 150.000 serían invertidos en la compra de una habitación en un importante condo hotel 5 estrellas. Una de sus mejores amigas tenía dicha inversión de la misma cadena hotelera hacía 3 años y en promedio la rentabilidad anual era del 10% en dólares. Otro de los componentes sería la compra de acciones de una importante empresa a nivel mundial de productos de consumo de primera necesidad, que pagaba en promedio un dividendo anual del 7%. Esta opción estaba fuera del alcance del conocimiento de Ariana, pero se sentía segura de confiar en su asesor financiero. Seguidamente este le propuso un activo como los que a ella le gustaban: un poco más riesgoso pero no por eso menos seguro, innovador y acorde al equilibrio que se buscaba en la cartera: la colocación de parte del efectivo en un fideicomiso de garantía de una empresa pyme argentina vinculada al sector energético. Dicha colocación estaría respaldada por un seguro de continuidad de negocio a favor del fideicomiso y por la cesión de las cobranzas de empresas de primera línea, con una cláusula de 3x1, es decir, la empresa debía triplicar las garantías de la plata que tomaba el fideicomiso, cada U$S 150.000 que este recaudaba, la firma debía ceder cobranzas al fideicomiso por U$S 450.000, lo que hacía interesante y le daba respaldo a la colocación. Hicieron entonces un mutuo con un plazo de un año, con renovación automático, el cual pagaba una tasa en dólares del 12% anual.

Por último, eligieron la compra de un departamento en Palermo, CABA, destinado al alquiler temporario para turistas, negocio ya probado por familiares de Ariana, con buena ocupación y una rentabilidad de oscilaba entre el 8 y el 9% anual.


*Asesor externo de Hope Funds,
compañía privada de inversiones





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