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Opinión

El dengue y el medio ambiente

La enfermedad, como otras que se creían erradicadas, ha resurgido. Entre sus causas están el quiebre de los sistemas ecológicos y el calentamiento global.
19-04-2009

Jennifer Ibarra
Médica veterinaria,
docente y presidenta
de la Fundación Cullunche

El dengue ha venido para quedarse. Sí, como lo está leyendo. Pero... ¿y por qué? Porque en todos los órdenes políticos lo urgente supera a lo importante, y es más urgente tapar huecos que prevenirlos o reparar toda la calle.

¿Qué quiero decir con esto?
El dengue existe desde el 1963 en Venezuela y el Caribe, desde 1981 y 1982 en Brasil, y de allí su expansión no se ha detenido. En muchas provincias del Norte de nuestro país existe con un frágil equilibrio desde hace más de diez años. En la provincia de Mendoza se encontraron los primeros Aedes aegypti en el 2000 en Guaymallén, Rivadavia, General Alvear y el resto de la provincia, incluyendo Capital. Y con eso nos quedamos.

Este insecto es originario del África y, como toda la fauna y la flora exótica que entra a nuestro país, nuestras tierras y clima le sentaron muy bien, tanto que se ha extendido por toda Sudamérica.

A esto hay que sumarle el cambio climático del que tanto se ha hablado y se habla, y al que incluso se ha tratado de negar y ocultar. Pero lo real es que a raíz de esto estamos sufriendo la presencia de enfermedades emergentes y re-emergentes, que son aquellas que están apareciendo o que se suponían erradicadas y que nuevamente están aquí. Y es que 0,6°C más han sido suficientes... y aún falta mucho más.

¿Quiere más pruebas que la presencia del mosquito en una provincia con clima seco y frío? Pues hace mucho que dejó de serlo.

Por lo tanto, ahora viene otra etapa con la que tendremos que convivir, que es la de adaptación al cambio climático y aprender a convivir no sólo con dengue, sino con muchas más enfermedades que, queramos o no, llegarán, y allí es donde nuestro sistema de salud debe comenzar a trabajar en proyección y prevención.

Tenemos en la actualidad sólo un tercio de los bosques y montes nativos originales en nuestro país, mientras la ley de bosques sigue luchando por ser y existir. Y es que los desmontes indiscriminados, así como actividades que atentan contra la conservación del suelo, también contribuyen a aumentar el calentamiento global. La falta de bosques y montes nativos favorece la desertificación y la pérdida de suelo con las consiguientes inundaciones que todos presenciamos en provincias como Salta y Santa Fe.

Cerca de estos lugares inundables están los asentamientos de poblaciones desprotegidas y pobres, que por falta de sistemas de salud y asistencia son los primeros damnificados y así seguirá siendo, porque esta gente vuelve a estos mismos lugares. La pérdida de montes nativos, la erosión del suelo y, por eso, las enfermedades emergentes afectan primero a los más indefensos y luego siguen con nosotros en las ciudades.

Las ciudades también tienen sus ecosistemas, el ecosistema urbano, cuyo equilibrio también rompemos al dejar de contar con fauna urbana que nos ayuda a combatir insectos como el mosquito. Antes podíamos encontrar en las acequias ranas o sapos. Actualmente hay cada vez menos de estos animales, quedando sólo en lugares puntuales. Estos animales son indicadores biológicos, esto significa que su ausencia o presencia nos demuestra que algo está sucediendo en el ambiente. Cada vez se hace más uso o abuso de plaguicidas. Si no los hubiésemos usado, tal vez el equilibrio no se hubiera roto. Pero ahora, con el dengue entre nosotros, ya no queda otra opción que fumigar. Pero hay que tener en cuenta que estos insecticidas no llegan a los patios de nuestras casas, siendo sólo nosotros los únicos responsables y actores activos e imprescindibles en la lucha contra el dengue. Cada uno debe hacer la parte que le toca dentro de cada patio de su casa y ser consciente de que la única manera de disminuir este vector es retirando de nuestros patios todo lo que pueda contener agua.

Desde las autoridades he visto que con buen tino las fumigaciones se están haciendo de manera controlada y puntual, protegiendo o teniendo en cuenta que cuando fumigamos destruimos otros seres vivos, como sapos, ranas, arañas y hormigas, que consumen los huevos del mosquito o abejas, que son tan importantes en la polinización en una provincia frutihortícola. También, peces en lagos artificiales que consumen las larvas del mosquito. Tampoco debemos olvidar la utilidad de la presencia de murciélagos; sin embargo, cada vez que aparecen en útiles cantidades queremos erradicarlos y eliminarlos de la faz de la Tierra.

Todo ayuda y todo suma, y la presencia de la fauna urbana es imprescindible en el manejo integrado de plagas o, en este caso, de control de propagación de una enfermedad como el dengue
El ambiente y su equilibrio con nosotros ya no puede dejar de ser tenido en cuenta y tiene que incluirse de ahora en más en el camino para obtener alternativas de políticas de salud de fondo, no sólo para frenar el avance del dengue, sino para prevenir situaciones futuras. Las acciones de control, prevención y difusión personalizada deben concentrarse en los más necesitados.

Nuestras instituciones sanitarias deben accionar en forma multidisciplinaria, haciendo mucho trabajo de proyección a futuro en lo referente a enfermedades emergentes y cambio climático. De esta manera se evitarán muchas sorpresas. Se necesita un modelo de salud planificado en red sí o sí con el componente ambiental, responsable directo de la situación actual, y desde la Agencia de Cambio Climático, actor imprescindible, trabajar en la adaptación, porque no sólo necesitamos el tratamiento puntual de la enfermedad, sino también el acceso a agua segura que impida el desarrollo de enfermedades evitables y transmisibles.




¡Cuidado! De los patios deben eliminarse recipientes con agua. La que es para las mascotas tiene que cambiarse diariamente.


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