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Reseña histórica
Un nuevo diario para una Mendoza nueva

“Parcialmente nublado, con precipitaciones en cordillera y Zonda en altura”. Aquel domingo 27 de junio de 1993 sería en Mendoza una jornada típicamente invernal, pero con buen tiempo como para iniciar grandes emprendimientos.

Por eso, a primera hora de ese día sale a la calle UNO.

En Mendoza, se reclama celeridad en el caso del joven Guardatti, desaparecido hacía un año. A nivel nacional, destituyen a tres jefes de Gendarmería acusados de persecución ideológica. Alfio Basile no quiere largar los nombres de los jugadores que integrarían el Seleccionado Argentino para la Copa América, que ese año se realizaría en Guayaquil. Y el presidente Carlos Menem viaja a Washington a reunirse con su par Bill Clinton. El mundo, en tanto, se sacude por un nuevo ataque de los Estados Unidos a Irak.

Estos son los titulares con que se topan aquella mañana los lectores que se animan al “nuevo diario para una Mendoza nueva”, tal como reza el slogan de UNO.

Tal vez no lo saben, pero al abrir esa primera edición comienzan a darle un giro a su historia personal, la de la provincia y a la de los medios de comunicación locales. Es que tienen a su alcance un nuevo enfoque de la realidad, una puerta abierta a la expresión, un renovado espejo en el cual mirarse.

Una vuelta de historia

Hacia 1993, Mendoza cuenta con un sólo diario: Los Andes, fundado en 1882. Pero a lo largo del siglo XX, hubo una decena de periódicos que, con mayor o menor impronta, dejaron de circular con los años. El último de ellos, el Hoy, (nacido a partir de Diario Mendoza) había desaparecido en 1990.

En 1991, un nuevo contexto histórico y con actores sociales diferentes, el Multimedio presidido por Daniel Eduardo Vila, tiene la certeza de que la provincia demanda una nueva opción informativa. Además, un estudio de mercado refleja que el 84,4% de los encuestados considera que la provincia necesita otro diario y el 78,2% dice, categóricamente, que compraría UNO.

De hecho, una mezcla de intuición empresarial y datos concretos, dan la pauta de que están dadas las condiciones para brindarle un nuevo diario a la provincia.

Receta exitosa

Así, en setiembre de 1991, se dan los primero pasos para concretar el emprendimiento: los encargados del proyecto se contactan en Puerto Rico con Carlos Castañeda. Esta verdadera leyenda continental en el campo de los periódicos se interesa en la propuesta y se pone a trabajar en el diseño y montaje general. Su receta es el tamaño tabloide, el color, un especial cuidado en la imagen, las ilustraciones, una novedosa diagramación, tipografía exclusiva y diversos suplementos.

Los avances de entonces permiten un verdadero, despliegue de tecnología: tratamiento de fotos con sistemas de computación de avanzada, software Apple Macintosh, una modernísima rotativa de 10 cuerpos para 25000 ejemplares por hora a todo color...

En cuanto a la infraestructura, en setiembre de 1992 se compra un terreno en Pedro Molina 345 y se comienza a levantar y remodelar un edificio para la base de operaciones del diario. Así, redacción, rotativas, publicidad y las áreas administrativa y comercial tienen su propia casa a principios del año siguiente. En total se invierten U$S 7 millones.

El ingrediente esencial: la gente

Pero a la par, se comienza a convocar al otro componente fundamental, el alma de UNO: los redactores, los fotógrafos, los archivistas, los especialistas en las áreas técnicas...

Para eso se seleccionan varias cabezas que, amén de su experiencia y conocimientos, estudian publicaciones de todo el mundo para nutrirse. Además, se capacitan para utilizar los nuevos equipos y ensayan opciones para encontrar un perfil original y acorde a los mendocinos de los años ’90. Luego, bajo la dirección de Alejandro Gómez y Andrés Gabrielli ( y junto a ellos) empiezan a trabajar 150 periodistas, la gran mayoría jóvenes con experiencia y visión, atentos a todo lo que sucedía en Mendoza.

Al mismo tiempo, se contratan a las agencias informativas más reputadas del globo y se les da lugar a grandes editorialistas del país y el mundo.

La principal tarea sería informar, clara y objetivamente, para que los lectores sacaran sus propias conclusiones. Sin embargo, no se ahorrarían palabras e ideas en comentarios, interpretaciones y opiniones.

De esta forma, aquel día de invierno de junio de 1993 todo está listo para poner en marcha las rotativas. Los canillitas, como siempre, son los responsables de hacerlo circular. Y los mendocinos, por su parte, tendrían la misión de comenzar a transitar una transformación en una provincia que, hasta ese momento, había sido siempre tachada de tradicional.

El diario se llama UNO porque la empresa periodística quiere involucrar en todo a sus lectores, identificarse con ellos, ser en definitiva todos UNO.











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