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Policiales

Pertenecían a Micaela las llaves halladas en la casa del acusado

Es lo que constataron el fiscal de Delitos Complejos Santiago Garay y los investigadores. Sebastián Videla (32) las había ocultado en el interior de un bafle en su casa, en Guaymallén.
25-07-2012

C. Gibilaro y S. Segade
mendoza_@diariouno.net.ar

El fiscal de Delitos Complejos Santiago Garay terminó con el misterio de las llaves que estaban escondidas y fueron encontradas en un bafle en la habitación donde vivía Sebastián Videla, único imputado por el homicidio de la joven Micaela Blasco (20), ocurrido el 18, ya que confirmó que se trata de las mismas que usaba la joven en el edificio de San Juan 880 de Capital, donde vivía con su madre, Adriana Miranda.

La prueba se realizó en la mañana de ayer, con la presencia del fiscal y de policías de Delitos Complejos, Científica e Investigaciones, quienes al probar las llaves abrieron las puertas de acceso al edificio y al departamento donde fue asesinada la joven.

Más allá de que ese llavero responde a tales cerraduras, será sometido a rueda de reconocimiento –como se hace con las personas– para que la familia o las amigas determinen que realmente pertenecía a Micaela. Así lo establece el Código con respecto a la prueba.

El manojo de llaves fue encontrado el domingo a la tarde cuando la policía allanó la vivienda que alquilaba Videla en la calle Manuel A. Sáez, de Las Heras. Con esta confirmación, se agrava la situación del único acusado por el homicidio de Blasco.

Videla fue imputado el lunes por el fiscal Garay por “homicidio simple en concurso real con robo” y fue trasladado al penal de Boulogne Sur Mer, donde permanecerá hasta que se resuelva su situación o hasta ser sometido a un juicio oral.

Por el momento, lo que posibilitó llegar hasta Videla fue en primer término la llamada del suegro a Delitos Complejos informando que el acusado había arrojado un teléfono celular de Micaela al Zanjón de los Ciruelos. Cuando la policía fue, halló parte del aparato que luego fue reconocido por familiares como perteneciente a la chica. Otros elementos secuestrados que fueron determinantes para la causa son prendas de vestir con manchas de sangre, que serán sometidas a pruebas de ADN para establecer a quién pertenecen. Este examen también será de vital importancia.

Lo que además delató al inculpado fueron las huellas digitales encontradas en el baño donde murió asfixiada Micaela, que son compatibles con las suyas
De todas maneras, nada juega a favor del imputado y todo está en su contra. Lo que sí queda en pie es un sinfín de preguntas que, de declarar (el lunes se abstuvo de hacerlo), podrían echar un poco de luz sobre el escalofriante homicidio, en el cual el autor puso de relieve toda su sangre fría.

Así es como se encargó de acompañar a su ex esposa y prima de Micaela, Mariana Vidal –con quien tiene una hija de 12 años y de la cual está separado desde hace cuatro meses–, a realizar todos los trámites para enterrar a la víctima. Ambos concurrieron hasta la morgue para retirar el cuerpo tras la necropsia y luego se hicieron cargo del servicio fúnebre para evitarles ese dolor a los padres de la joven. Él, siempre calculador. Estuvo en la puerta del edificio de departamentos donde fue asesinada Micaela. Con total cinismo consoló a su ex esposa, quien lloraba desconsolada, y prestaba atención a cualquier comentario que se hacía sobre el caso por parte de las autoridades judiciales y policiales.

Se mantuvo impertérrito hasta un día después del entierro, el viernes, cuando finalmente le dijo a su esposa que circunstancialmente había hallado en la plazoleta Pellegrini uno de los teléfonos celulares que fueron sustraídos del departamento de Micaela y que lo había arrojado al Zanjón de los Ciruelos, en Las Heras.

Cuando la policía tomó conocimiento de esto, concurrió al lugar y encontró una parte del aparato. El resto no fue hallado, pese a la intensa búsqueda. De todos modos, fue reconocido como perteneciente a Micaela por los familiares de la chica.

Con este gesto seguramente quiso ocultar una prueba incriminatoria. Pero su astucia no llegó a ser tal, ya que no se deshizo de todos ellos. Así es como tuvo la idea de conservar y ocultar en un bafle el llavero de Micaela, que fue encontrado durante un allanamiento en su casa.

Lo que no fue posible hallar todavía es el tubo del teléfono, así como la funda y la sábana de la cama, y la suma de $1.000 sustraída presuntamente por el acusado de la calle San Juan de Ciudad.

Ayer resultó infructuoso el intento de hablar con una amiga íntima de Micaela, la cual en su declaración ante las autoridades judiciales les había dicho a los investigadores que la joven muerta le había manifestado en una oportunidad que le tenía miedo a Videla.

El porqué de este temor es una incógnita, debido al secreto de sumario que existe en la causa.





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