DiarioUno.com.ar
diariouno.com.ar | Edición Impresa | Mendoza Mendoza
Lunes 19 de Septiembre de 2011  
 Estado del tiempo
 
Buscador Ed. Impresa  
Buscador avanzado
Tapa Impresa RSS SMS

Aumentar tamaño Reducir tamaño Enviar por mail Imprimir nota
Mendoza

La Helen Keller recibe a chicos con discapacidades múltiples

La escuela de Godoy Cruz, que funciona desde hace más de medio siglo, trabaja con bebés, niños y adolescentes ciegos y otros que tienen problemas emocionales, deficiencia motora e hipoacusia.
19-09-2011

Miguel García Urbani
uno_mendoza@diariouno.net.ar

Mónica Eichler trabaja desde hace 34 años en la escuela Helen Keller y hace 10 que es la directora. Con una frase describe la profundidad del trabajo que realizan a diario: “Ayudamos a los padres para que puedan aprender a disfrutar de sus hijos tal como son, ese es el desafío”.

En la esquina de Azopardo y Florencio Sánchez, de Godoy Cruz, de lunes a viernes en doble jornada, 30 profesionales, la mayoría docentes terapistas, luchan para rasgar el velo pesado que hay entre el mundo de corriente con el profundo universo de los ciegos. Allí, 40 chicos, incluso varios bebés, hacen su esfuerzo ayudados por especialistas para adquirir el manejo básico de su cuerpo, habilidades sociales y culturales.

Otros 45 niños y adolescentes ciegos son apoyados por especialistas de la Helen Keller en escuelas comunes. Ese es el mayor logro, cuando pueden integrarse y permanecer en el sistema educativo general y alcanzar niveles superiores en las universidades. Hay al menos cinco egresados recientes que están cursando carreras en distintas facultades, como Gisela Ruiz (ver aparte), una jovencita que ya está a punto de superar el cuarto año de la carrera de Psicología.

Para otros, en cambio, la ceguera es el menor de sus problemas. “Atendemos chicos con discapacidades múltiples en los que la ceguera es el menor impedimento, se les suman problemas emocionales, deficiencias motoras e hipoacusia. Con ellos hay que trabajar mucho, pero se logran cosas. Todos los chicos pueden. Vos me preguntarás, ¿todos aprenden a leer y escribir? Algunos nunca lo logran, pero sí son capaces de desenvolverse socialmente, entran en contacto con el resto del mundo, pueden contar, participan en talleres de los tantos que hay en la escuela”, dice Eichler, consciente de la diversidad de problemas y situaciones que deben afrontar todos los días y segura también de que su experiencia le permite hacerlo con paciencia y creatividad.

El edificio escolar es enorme y está poblado de señoritas con delantal rojo, trabajando individualmente o con pequeños grupos de chicos ciegos en diversas estrategias de integración. La imaginación es fundamental para buscar una ruta distinta de llegar a estos alumnos y con la marcha se va creando un contenido curricular para cada uno de ellos.

Son 30 docentes, la mayoría son profesores terapeutas en deficientes visuales, psicólogos, terapistas ocupacionales, del lenguaje, maestros de manualidades, de música, de informática especializada, de educación física, de orientación y movilidad (los especialistas que acompañan a los chicos a la calle y les enseñan a usar el bastón). Varios de ellos se dedican específicamente a lo que se denominan “actividades de la vida diaria (comer, higienizarse, mantener una charla formal, brindar el saludo)”, que se aplican en los casos de discapacidades múltiples.

“El Estado, según los gestores, entiende y a veces no. Aquí necesitamos recurso humano, en muchos casos hasta un docente por chico. En muchas oportunidades, las autoridades no comprenden nuestros números”, cuenta la directora.

Eichler fue una de las precursoras, allá por 1986, de la integración en Mendoza de alumnos ciegos a las escuelas comunes. “Nos decían ¡ustedes están locas, qué pretenden! Sin embargo, ahora, tantos años después, no falta quién diga que conoce a tal o cual escuela donde hay uno o más chicos ciegos cursando normalmente. Eso da satisfacción”, relata.

La Helen Keller es “una gran prestadora de servicios para la educación especial”, así la define su directora. “Es importante que los padres que tiene algún chico con ceguera o disminución visual se acerquen, aquí tenemos todos los medios para ayudarlos”, aclara. El aprendizaje del sistema Braille comienza lo antes posible. Una vez detectada la ceguera, los chicos pueden ser recibidos a los pocos meses de vida, porque la estimulación temprana es fundamental.

“Ayudamos al maestro y contenemos a la familia desde que los nenes son chiquitos. Tenemos un equipo técnico para contener a las familias, sostenerlos, explicarles, tranquilizarlos, porque la angustia al principio es muy grande”, explica.

El sistema Braille no está en todos lados. Se ha incorporado en algunos cajeros automáticos, en cajas de medicamentos y en ciertas publicaciones. Diario UNO fue pionero al sacar Contacto, un suplemento de este tipo.

La diferencia desde hace tiempo la marcan las computadoras. En la Helen Keller hace 15 años que trabajan con gabinete de informática. Es una herramienta básica que ha permitido gran independencia a la hora de la búsqueda de conocimientos con los recursos tecnológicos de audiolibros y lectores de pantalla, que permiten una incorporación a la cultura más plena. “La independencia de los ciegos con la llegada de la tecnología nos facilita el trabajo de la enseñanza y les abre a los chicos un camino que antes era inimaginable”, reflexiona Eichler y sus ojos se llenan de esperanza.



Una egresada que cursa la carrera de Psicología

Gisela Ruiz mandó por mail la foto que ilustra esta nota. Ella, en su casa de Las Heras, tomó nota frente a la computadora de la dirección que le dimos y en cinco minutos tuvimos en la redacción un par de fotos de esta jovencita alegre de 22 años, ciega de nacimiento, que cursa cuarto año de la carrera de Psicología.

La futura psicóloga, serena y alegre en el hablar, comenzó la estimulación temprana en la escuela Helen Keller al año de edad. Quedó en manos de los profesionales que fueron formando el carácter y las destrezas de esta chica que se vale de la tecnología para estudiar a la par de sus compañeros en la universidad.

A los 6 años empezó a estudiar el sistema Braille y a los 7 se integró a la escuela común República Oriental del Uruguay, a la vez que seguía asistiendo dos veces por semana a la tarde a la Helen Keller para completar su capacitación en el uso del bastón y otras habilidades. En octavo año se integró al colegio General Las Heras, siempre con el apoyo de los profesionales de la Helen Keller.

Del otro lado del teléfono, en una charla muy rica que ofreció para radio Nihuil, Gisela, quien también tiene un hermano ciego, Iván, educándose en la escuela especial de Azopardo y Florencio Sánchez de Godoy Cruz, no deja de agradecer a los profesionales que la integraron definitivamente a la vida social.

Cuenta que sale a bailar los fines de semana y que se siente integrada desde que arrancó el colegio secundario. “Siempre necesitamos de otros para formarnos, afortunadamente yo tuve mi oportunidad”.

Se despide contenta de la charla radial, poniendo los sonidos y los silencios cada uno en su sitio. Su mesura e inteligencia nos hace pensar que por unos minutos no fuimos nosotros los que le brindamos el espacio, sino ella la que nos abrió las puertas de su parsimonioso universo.


Mónica siempre tuvo pasión por la docencia

“Dos segundos”, me pidió una maestra de la Helen Keller cuando pregunté por Mónica Eichler, la directora. Fueron literalmente dos segundos, no se demoró ni uno más en aparecer por la puerta de su despacho y tenderme la mano segura. Mónica le hace honor a su apellido alemán, una mujer alta, vigorosa, con una mirada celeste penetrante y un modo de decir las cosas que estimula a cualquiera para ponerse a trabajar al instante y sin horario. Transmite emoción, compromiso y una vitalidad que le permite llevar adelante uno de los proyectos docentes más complejos que alguien pueda imaginar.

Esta rubia decidida ha pasado toda su vida docente en la escuela Helen Keller, 34 años de trabajo en todas las funciones que haya sido posible cumplir en esa institución. “También trabajé como personal de apoyo fuera de la escuela, en Lavalle, por ejemplo, asistiendo a algunos chicos”.

Mónica se formó en la antigua Facultad de Antropología Escolar. “Era una institución provincial y allí se aprendía psicología y pedagogía, además de todas las carreras especiales. Entonces me di cuenta de que tenía una vocación docente muy grande para trabajar con estos alumnos, aunque no hay en mi familia ninguna persona ciega”.

La pasión de la docencia siempre estuvo en su vida. Se le humedecen los ojos cuando le pregunto por momentos que recuerde especialmente de su carrera. “Es hermoso cuando un chico que tiene una discapacidad profunda te reconoce, esta mañana me pasó; hay un pibe con muchos problemas, Iván, de pronto me dijo ‘vos sos la señorita Mónica’. Eso para mí es un gran logro”.


Demanda una tarea minuciosa

El trabajo de los maestros de la Helen Keller es minucioso. Deben buscar el modo de llegar al chico ciego y que él encuentre la manera de comenzar a comunicarse fluidamente con un mundo pensado para las personas que pueden ver. En muchos casos deben dedicarse exclusivamente a un alumno; la voz, el tacto, la diversidad de estímulos puede indicarles la ruta.

De acuerdo con la discapacidad del alumno, siguen el plan general por la mañana, que consiste en actividades con contenidos más o menos habituales y luego encaran las materias especiales por la tarde. Ya sea dentro o fuera de la escuela, los trabajos con los chicos ciegos deben ser permanentes, de ningún modo se puede ofrecer una apoyatura esporádica.

Los especialistas de esta escuela hablan de la hostilidad del ambiente y el modo en el que los ciegos pueden encontrar un lugar. “Hay grandes fracasos –confiesa la directora Mónica Eichler– con chicos que lograron terminar la secundaria. Se hizo un gran esfuerzo para que llegaran y a veces los tenemos que ver mendigando en las calles. Es duro, en esos casos, el ambiente pudo más”.

Los derechos de los niños ciegos a educarse muchas veces se ven vulnerados por sus propias familias, “que desatienden a sus hijos y no entienden que tienen que venir a la escuela todos los días. Es una pelea constante también con algunas obras sociales que no se hacen cargo de asuntos tan básicos como el transporte de los chicos hasta la escuela”, relata la directora mientras muestra la gran cocina donde los chicos más avanzados realizan talleres con los docentes especializados.

“Las personas ciegas tienen derecho a tener posibilidades de desarrollo importante”, dice Eichler abriendo la puerta del gabinete de música donde los chicos toman clases de guitarra. La complejidad del desafío es el estímulo, eso se nota en cada rincón del edificio.



La integración como objetivo. Los alumnos ciegos tienen el apoyo de especialistas de la Helen Keller en otras escuelas comunes.


Institucional | Staff | Receptorías | Cómo Anunciar | Negocios Digitales | Contactos

© 2007 UNO GRAFICA. Todos los derechos reservados. Mendoza, Argentina