“Las lámparas de ahorro de energía o de bajo consumo, en caso de romperse, nos exponen a un serio peligro, tanto que todo el mundo deberá salir de esa habitación por lo menos durante 15 minutos y evitar machucar los vidrios rotos porque contienen mercurio que es venenoso”. Así comienza uno de estos mails que circulan por internet con información que genera confusión. Si bien es cierto que esta sustancia es tóxica, la cantidad que contiene un foco no es tanta como para causar trastornos.
Este hoax –tal como se califica a los correos electrónicos que pretenden hacer pasar información falsa por verdadera– comenzó a circular hace un par de años en Inglaterra y luego fue traducido al español. Ya en su encabezado ofrece una pista que hace dudar de su veracidad: supuestamente se trata de un “aviso del Ministerio Británico de Salud”, cuando en realidad “este ministerio se disolvió en 1968 y sus funciones pasaron al Departamento de Salud”, explica el sitio especializado www.hoax-slayer.com. Y aunque de este lado del mapa jamás podríamos saber este detalle, citar como fuente un organismo de prestigio para otorgar credibilidad a los datos es uno de los rasgos característicos de los hoaxes.
El correo continúa diciendo que el mercurio “causa jaqueca, desorientación, desequilibrios y diferentes problemas de salud cuando es inhalado. A muchas personas con alergias les causa problemas de piel y otras dolencias graves tocando apenas esta substancia o bien al inhalarla”. Esta información es al menos confusa, porque si bien es cierto que puede provocar trastornos, una lámpara de bajo consumo contiene una cantidad ínfima.
Un informe de la asociación ecologista Greenpeace indica que la cantidad de mercurio que poseen las de bajo consumo “es de unos 2 miligramos, 1.000 veces menos que un termómetro y 100 veces menos que un clásico tubo fluorescente”.
¿A la basura?
El hoax finaliza advirtiendo que si un foco de bajo consumo se rompe “no se deben limpiar los restos con la aspiradora, ya que desparramaría la contaminación para otros lugares de la casa” y que “deberán limpiarse con escoba común y ser mantenidas en una bolsa sellada, y arrojada luego en la basura para materiales peligrosos, usando guantes de goma para protegerse del contacto con los vidrios y el mercurio”.
Greenpeace advierte que las lámparas fluorescentes compactas (LFC) –tal es la forma correcta de nombrar a las de bajo consumo– deberían ser tratadas como residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), pero que hasta tanto Argentina no cuente con legislación de alcance nacional que trate su gestión, “deben ser recibidas por los municipios ya que, una vez agotada su vida útil, se convierten en residuos peligrosos” y que “no deben tirarse con la basura domiciliaria, hasta tanto no se sancione la ley que responsabiliza a los productores por la gestión de los residuos de sus propios productos”.