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Mendoza

Colonia Molina, un lugar para la vida sin lugar en los mapas

Está a 13 kilómetros del centro de Guaymallén, pero sus habitantes no son tenidos en cuenta por los planes oficiales. Tuvo vecinos notables, como Draghi Lucero. La luz es el único servicio.
18-04-2011

Miguel García Urbani
uno_mendoza@diariouno.net.ar


La Colonia Molina es un espacio para la vida, pero sin un lugar en los mapas ni en los planes oficiales. A menos de 20 minutos del centro de Mendoza, este rincón con sauces y moreras permanece como hace 50 años y esto no tiene nada de romántico, sino bastante de problemático y revelador.

Iniciada la segunda década del siglo XXI y a no muchos kilómetros de algunos hoteles cinco estrellas, en Colonia Molina hay un solo servicio público que se ofrece a la población: la energía eléctrica. Nada más. La última obra pública de cierta importancia que recibió fue la construcción del edificio nuevo de la escuela Juan Enrique Pestalozzi, en 1972. Durante 39 años, la maquinaria de la obra pública permanece parada en la zona.

Está a 13 kilómetros de la villa cabecera de Guaymallén, el departamento más poblado de la provincia, y aún no se sabe si es paraje, distrito o barrio. No hay un modo claro de definirlo. Tampoco hay acuerdo entre la Dirección de Catastro de la Provincia, el Municipio y las delegaciones.

La superficie de la Colonia Molina es imposible de mensurar porque este lugar “no lugar”comienza y termina allí donde el sentido de pertenencia a la zona marca un hito y donde el desapego borra otro. Es un espacio difuso entre varios distritos rurales de Guaymallén, al que todavía no le han llegado noticias del progreso.

Cloacas, red de agua potable, internet, teléfono, asfalto, alumbrado público y otras sofisticaciones de confort han quedado fuera de Colonia Molina. Y ya que no hay acuerdo en los mapas sobre su delimitación, en la zona todos saben que ser o no ser de ahí es un asunto práctico, no exento de alguna carga filosófica. Si estás fuera de la mirada de las autoridades, estás dentro de Colonia Molina.

Los Corralitos, Puente de Hierro, Colonia Segovia son los distritos que rodean a la Colonia Molina, que la abrazan y que la asfixian, porque se llevan los beneficios y los trabajos de infraestructura. Nadie quiere inaugurar una obra en un lugar que no existe. En tiempos de barrios privados y complejos de fin de semana, los habitantes de los otros distritos de la zona niegan públicamente a Colonia Molina, pero la nombran en secreto como un santo y seña de identidad y pertenencia.

Por las calles Tabanera, Grenón, Sáenz Peña o Miralles, las principales del paraje, todas de tierra aún, rodeadas por el verde natural que crece en las acequias, anduvieron hombres y mujeres notables de la vida mendocina que eligieron ese lugar secreto para vivir. Como el autor de Las mil y una noches argentinas, Juan Draghi Lucero, o la luchadora por los derechos humanos Elba Morales.

Muchos recuerdan todavía “al hombre de las colmenas”, como llamaban los vecinos a Draghi Lucero, que tenía un pequeño emprendimiento apícola allí, caminando despacio por la calle Grenón, buscando la esquina de Miralles, donde estaba el negocio de Anita y Fioravante Vallone, “lo de Fiori”, como todavía se conoce a ese lugar. Allí hacía sus compras el hombre célebre que en la Colonia Molina era uno más que se iba con un kilo de azúcar y un traguito encima. Es posible que el frío, la soledad y el salitre de la zona hayan combinado asperezas para que Draghi escribiera allí cuentos como El santo del naranjo o Media Res, relatos que tienen la impiedad y el abandono de la Colonia Molina.

Apellidos como Vaquer, Vallone, Gurrieri, Giolo, Fazio, Polachovic, Leta, Antonalla, Constantini y Medina se escuchan nombrar y son los que empezaron a poblar la Colonia Molina hace 100 años.

Las primeras familias inmigrantes siguen allí y los aquerenciados, llegados de zonas urbanas, empiezan a hallarle el gusto a vivir en un lugar que no está, pero permanece y cuya única identidad es la misteriosa raigambre de sus pobladores.




La fiesta

El Festival del Camote ya cumplió su octava edición y tiene el único escenario del país con el nombre de Mercedes Sosa. La “Negra” hizo en este festival su última actuación en vivo. En la última edición reunió a más de 20 mil personas durante dos noches en la rotonda de Salcedo, en Los Corralitos.


El camote, un símbolo de la zona

Desde 2001 la Asociación de Agricultores San Cayetano, coordinada por Jorge Vallone, quien hoy aún es su presidente, trabaja fuerte para agrupar a los productores de esta hortaliza en la zona.

El objetivo primario fue subsistir a la crisis y que sus familias no tuvieran que abandonar Colonia Molina, meta que se cumplió.


Bien chacarero
Los otros horizontes están relacionados con el crecimiento y lo están logrando.

A tal punto que hoy la Colonia Molina es un lugar que se identifica por las labores de este grupo de chacareros que trabajando en forma mancomunada y con herramientas comunitarias han logrado la mejor producción de camotes del país.

Así lo corrobora la distinción otorgada por el INTA a nivel nacional. Los camoteros de Colonia Molina lograron herramientas para mejorar su producción y proyectarla.


Retroexcavadora
Primero llegó una gran retroexcavadora que posibilitó dragar terrenos imposibles de trabajar sin esa herramienta.

Luego se sumó la lavadora de camotes, que permite la limpieza, selección y embolsado del producto.

En las últimas semanas de marzo, gracias a un subsidio entregado por un grupo religioso de Italia, los productores de Colonia Molina se hicieron con un flamante tractor que será utilizado, como todo allí, en forma comunitaria.

Este es el tono de este lugar.


Lo que hay

1 centro de salud, el 219 que funciona dentro del complejo San Cayetano.



1 escuela primaria, la 1-413 Juan Enrique Pestalozzi-


1 línea de colectivo del grupo cinco, con apenas cuatro frecuencias diarias.



n El centro educativo San Cayetano.


n La granja de formación y capacitación para discapacitados El Fortín, ubicada en Calle Grenón.


n La unión vecinal Colonia Molina.


Algunos hitos de este paraje

Población
1.500
en la zona agrícola

6.000
en nuevos barrios y asentamientos



Casa de Pablo Gurrieri. Esta es la casa de Pablo Gurrieri, uno de los fundadores de Colonia Molina. “Pablito”, como lo llaman, con muchos más de 80 años, cultiva sus granados y cuida esta casa donde está toda la historia de la zona. Herramientas de labranza centenarias y al fondo corrales a la vieja usanza, con un espacio superior para guardar las pasturas de invierno.




Escuela Juan Enrique Pestalozzi. Comenzó a funcionar en 1944 en una habitación de la casa de uno de los colonos, Miguel Herrera. Luego, el espacio educativo se fue mudando de casa en casa hasta que en 1946 se instaló sobre calle Tabanera (foto) en una vivienda cedida por Natalio Guerra. En 1972 el gobierno provincial inauguró en el edificio actual la escuela 1-413. Aún la única de la zona, donde muchos nos educamos y conocimos los primeros libros de la colección Billiken que nos llevaban las maestras que viajaban a dedo desde el centro de Mendoza.

Hoy esa escuela tiene una matrícula saturada y trabaja con población de alto riesgo social, en un edificio que tal vez tuvo una mano de pintura en casi 40 años.




Centro educativo San Cayetano. En 1996 se instaló en la zona, junto a capillita Nuestra Señora de las Lágrimas, en Tabanera 8621. La idea de los vecinos y de los josefinos de Murialdo fue comenzar a trabajar sobre la población infantil y las familias tradicionales de la zona y, sobre todo, con aquellos que llegaban a aquel páramo provenientes de villas inestables del Gran Mendoza y que los municipios querían ocultar. Encontraron el lugar perfecto para tapar esa realidad social, un lugar que nadie ve, que nadie nombra y al que nadie va jamás, la Colonia Molina.



Salita. La doctora Susana Bonilla (foto de la izquierda) trabaja con la población de la zona desde hace más de una década. En el mismo edificio del centro San Cayetano comenzó a trabajar en el 2000 un centro de salud que atiende a más de 3.000 pacientes, de los cuales 700 son chicos. Hay atención de enfermería de lunes a viernes, clínica y la atención de algunas especialidades ciertos días de la semana.



Paisaje. A primera vista la Colonia Molina parece un escenario bucólico, pero el romanticismo se cae cuando se comprueba la ausencia de progreso.

“Quique” Polachovic. Un pequeño productor, que también tiene su puesto en el Mercado del Acceso Este.


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