Mendoza
El retratador de la vitivinicultura
Federico García es mendocino y se ha convertido en el mejor fotógrafo de bodegas. Ha recorrido el mundo gracias a su profesión y talento comercial.
04-07-2010
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Gema Gallardo uno_escenario@diariouno.net.ar
Federico García es un fotógrafo mendocino que se ha consagrado por los trabajos que realiza para las bodegas más importantes de nuestra provincia. Esa labor lo ha llevado a recorrer el mundo y conocer a bodegueros multimillonarios del planeta, pero principalmente a consagrarse como el mejor en esta área.
Trabajó en las revistas Mendoza Decora, Mendoza Demoda, El Vino y su Industria, Master Wine y Estrategias y Mercados, entre otras. Realizó coberturas para las revistas de gastronomía, turismo y vitivinicultura Gambero Rosso (Italia) y Sobremesa (España) en Tailandia , Escocia, Australia, México y Brasil. En la actualidad es fotógrafo de las revistas Cuisine & Vins, Club del Vino y RSVP.
–¿Cómo se inicia en la fotografía?
–Mi papá Jaime es fotógrafo y mi tío también. Ambos son españoles y de chico, ya a los 8 años, lo ayudaba a mi papá en los casamientos y cumpleaños a tenerle el flash. Pero de esto vivo desde hace 23 años. A los 13 empecé a hacer fotos de algún cumpleañito...
– ¿Y estudió formalmente...?
– No, no... De mi papá y de mi tío heredé la profesión. Me acerqué como un oficio porque estaba bueno hacer unos mangos los fines de semana y estudiar durante la semana. Primero estudié Profesorado de Matemática y después para docente. Luego empecé a trabajar en la revista Mendoza Decora y así empecé a trabajar para revistas referidas a vinos y gastronomía. Así comienzo a meterme en el ambiente vitivinícola y a entusiasmarme por el tema. Gracias a Fanny Polimeni, una periodista especializada en vinos, me fui interiorizando más sobre el tema y recorrimos casi todas las bodegas de Argentina. Y desde hace seis o siete años tengo un estudio con el que nos dedicamos a la fotografía vitivinícola, de gastronomía y de arquitectura.
–¿Y en qué consiste el trabajo?
–Hacemos desde las fotos de la arquitectura de la bodega, los viñedos y los productos, hasta de los enólogos. Todo lo que la bodega necesita para comunicar en fotos.
–¿Para qué bodegas trabaja?
–Viña Cobos, Norton, Zuccardi, Trapiche, Trivento, Salentein, Catena Zapata, Mendel, O. Fournier, Fin del Mundo, Alto Cedro, Schoeder, Chandon, NQN... También trabajamos con bodegas de Neuquén, Salta, Brasil y Estados Unidos.
–¿Hay recelos entre bodegas?
–No, no. Fijate que trabajo con muchos diseñadores de bodegas que nos recomiendan entre ellos, pero nunca nadie me dijo que no me llamaba porque trabajaba para tal o para cual.
–Y de los negocios gastronómicos, ¿a quién les han hecho fotografía?
–A varios. A McDonalds, por ejemplo, le hicimos las fotos para algunos menú cuyanos... Muchas bodegas tienen restorán y también les hacemos esas fotos.
–¿El tan popularizado Photoshop (programa para retocar fotos) es utilizado en trabajos como el suyo?
–Hoy todas las fotos llevan Photoshop. Una de las cosas que hace que nuestras fotos se vean más profesionales, además de ponerles muchas ganas y de preocuparnos por tener los mejores equipos, es el retoque. La posibilidad de hacerlo te permite lograr fotos mucho mejores de las que las condiciones naturales te ofrecen.
–¿Cómo profesional te parece válido que se utilice tanto esta herramienta?
–No soy fotógrafo de autor, lo que hago es comercial y necesito que el producto final quede bien. Mi trabajo es por encargo y me ajusto a lo que el cliente necesita. Además, somos muy buenos cuando las situaciones no son las óptimas para que una foto quede bien. Damos vuelta todo hasta que obtenemos el mejor resultado. En el estudio tenemos dos personas (Isabel y Maira) que se dedican exclusivamente a retocar, y este departamento no lo tienen muchos estudios.
–Hubo un trabajo suyo que figuró en la revista National Geographic...
–El estudio creativo Brunet se contactó con Editorial Televisa, la empresa que maneja National Geographic en América Latina, y decidieron realizar actividades en conjunto. Nosotros teníamos una muestra de fotografía vitivinícola en la Enoteca y la Secretaría de Turismo promocionó la exposición en la revista, sobre todo pensando en lo que significa para la provincia.
–¿Este trabajo le ha permitido viajar mucho?
–Sí, y es lo que más me gusta. Cuando trabajé para la revista italiana Gambero Rosso fui a Australia, Escocia, Inglaterra, México, Brasil y Tailandia. El año pasado, por mi cuenta, fui a España, Francia, Hungría, República Checa. Gracias a esta profesión he viajado mucho.
–¿Y salís en muchas fotos o en casa de herrero cuchillo de palo?
–Salgo en muy pocas. Es cierto lo del dicho (risas). Las pocas que tengo en porque mi mujer me hincha para que salga en alguna. Pero, por ejemplo, estuve en Australia y no me saqué ni una sola foto en Sidney. Pero he hecho pocos viajes de placer, casi todos son por negocios.
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Personal
nNació el 25 de noviembre de 1969, en Mendoza. Es hincha
de la “Lepra”.
nVive en pareja con Verónica, que es sommelier.
nTiene su estudio fotográfico en la Quinta Sección, en sociedad con Pablo Betancourt.
nEs maestro rural, aunque toda
la vida se dedicó a la fotografía, y segunda generación de una familia de fotógrafos.
nColaboró en los libros “Vinos de Argentina” (primera y segunda edición), de Michel Rolland y Enrique Chrabolowski. También en los libros “La Vitivinicultura hace escuela”, del Fondo Vitivinícola de Mendoza, y “El Vino”, de la Editorial Rómulo Caba.
Experiencias exóticas
– A raíz de su trabajo ha degustado varios vinos alrededor del mundo, ¿cuál le parece el mejor?
–No hay mejor vino del mundo. He tenido la suerte de probar vinos carísimos de Francia, España y Argentina, y todos tienen algo. Hay grandes vinos en todos lados. El año pasado me shoqueó un vino que se llama Eszencia, de Tokaji, Hungría. Es un vino lujoso que se elabora únicamente con el zumo de las uvas. Y eso me flasheó, por todo lo que lo rodea. También fui a la Vinexpo en Francia y parábamos con el periodista Enrique Chrabolowski en el Chateau de Michel Rolland. Un día este hombre hace una cena para los mejores clientes que tiene en el mundo, eran todos súper millonarios, y le dice a Enrique que me invite. Imaginate, yo no había llevado la ropa adecuada para ir a una fiesta de tal magnitud. Así que la esposa de Rolland, que es amorosa, me prestó ropa de Michel. Pero no estaba invitado a lo que era la cena en sí, pero sí al evento. Saqué unas fotos y me quedé tranquilo. En un momento se me acerca Michel y me pregunta qué me habían parecido los vinos. Entonces le dije que en realidad no había podido probar ninguno, entonces llama al sommelier y el pide que me lleve a la cava y me haga probar todos los vinos que había servido en la cena. Casi me pongo a llorar, estaba solo en la cava con los mejores vinos del mundo. Eran unos más ricos que los otros. Es como si a un fanático de los automóviles lo pusieran a probar los mejores autos del mundo. Estaba feliz, parecía un niño. Ahí me autofotografié, porque no podía creerlo. Después sacaron un vino dulce que se llama Chateau de Ken que vale miles de euros... Estuvo bueno el momento. Y a eso quería llegar. Para mí los vinos son un momento. No siempre el precio garantiza que esté bueno, pero el hecho de compartirlo y disfrutar el momento le da otro valor.
–¿Le gustaría tener su propia bodega?
–No sé si mi bodega, porque cuando es trabajo ya no es tan placentero, pero me gustaría tener mi viñedo y hacer mi propio vino para compartir con mis amigos. El vino es amistad, reunión y nobleza. Aunque el mundo vitivinícola también tiene algo de frivolidad, que es necesaria para que la industria crezca.
–¿Es cierto que le gusta mucho cocinar y que sus paellas son muy solicitadas?
–Me gusta mucho cocinar. La comida es para hacer catarsis. Mi familia hace las mejores paellas de Mendoza, humillamos al que sea (risas).
–¿Qué otras cosas cocina?
–Con los viajes he aprendido a realizar varios platos. Comida tailandesa, por ejemplo. Además, tengo muchos amigos que son chefs, entonces les voy preguntando a todos. He comido escorpiones, chapulines colorados, que es como un grillo rojo.
–¿Qué sabor tiene?
–Es como un snack.
–¿Ha probado mucha comida exótica?
–Sí, he comido gusanos y cola de canguros, en Australia. También he probado cocodrilo, huevos de mosca y de escamoles.
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Simpático. Federico García es un profesional comprometido con su trabajo, amante del vino y de la buena cocina.
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En la cancha. García, junto a su padre y hermanos. Todos hinchas de la “Lepra”.
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En Brasil. El fotógrafo junto a su mujer, Verónica, en un viaje de placer.
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