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Escenario

El fuego de una directora

Ligia Amadio ofreció un notable concierto en su debut como conductora de la Orquesta Filarmónica provincial. Tanto el repertorio elegido como la actuación de la solista y el nivel del ensamble son para entusiasmarse.
18-04-2010

Cristina Alfonso
Especial para Escenario
Un concierto inolvidable brindó la talentosa brasileña Ligia Amadio en su primera noche como directora de la Filarmónica de Mendoza. Palabras cálidas, gran entusiasmo y una firme personalidad constituyeron el distintivo de esta gran artista. Al dirigirse al público, para dar a conocer aspectos de su gestión, hizo saber que “su corazón se alegraba” por estar de nuevo en Mendoza. La solista invitada al piano, también con amplia trayectoria internacional, fue su compatriota Linda Bustani.

La directora anunció que, de ahora en más, sus conciertos empezarán a las 21.30 y que en el transcurso del año piensa incorporar en cada programa una obra del repertorio argentino con dos objetivos: difundir lo nacional y brindar un aporte en el año del Bicentenario.

El gaucho con botas nuevas (1938), del compositor argentino Gilardo Gilardi, sonó como una obra tierna que describe con gracia a su personaje, el gaucho, quien mirándose al espejo muy orgulloso de sí mismo por su botas nuevas piensa en su amada y en la manera de impresionarla con sus danzas y malambos.

La garra y el lirismo del gran lenguaje pianístico ruso se hicieron presentes en el Concierto Nº1 de Chaikovsky. Sin duda el conjunto ofreció una excelente interpretación. En fuerte oposición a la grandilocuente energía desplegada en el primer movimiento, el “Andantino semplice” llegó con su dulce lirismo casi nostálgico. En este segundo movimiento la solista afirmó su presencia con su claro y expresivo pianismo para dar lugar luego al último movimiento y su juego entre los contundentes pasajes rítmicos y los melódicos. Toda una prueba de fuego, tanto expresiva como técnica, resuelta con maestría por Amadio y sus intérpretes.

La Sinfonía en re menor (1888) es la obra orquestal más famosa del compositor belga César Franck, y su única sinfonía. Para Amadio, es una pieza emblemática que la acompaña en los momentos importantes. El “Allegretto” se impuso con la notable sonoridad de las cuerdas en pizzicato, acompañadas por el arpa y el expresivo corno inglés. Ante todo hay que aplaudir la calidad de la orquesta, que en manos de esta gran música supo brindar lo mejor.

El sonido fue espléndido y se adecuó a los compositores propuestos. Texturas tersas y elegantes contrastaron con la expresión enérgica de las cuerdas bien afinadas, con el buen ataque y proyección de los vientos y con el sonido envolvente de la percusión, ubicada en esta oportunidad, atrás y en lo alto del cuerpo orquestal. El numeroso público reunido en el teatro Independencia quedó altamente reconfortado por la labor de Amadio, quien aunó a su conocimiento profundo de la partitura, su vigor y musicalidad, en un todo con gran personalidad: con personalidad alegre “con fuoco”.




Buen debut. Ligia Amadio dirigió su primer concierto al frente de una orquesta que busca subir su nivel.


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