Mendoza
“Jefe, ya está listo; le di con un pico y le partí la cabeza”
La escalofriante frase de los teléfonos pinchados a la banda del Gato Araya le confirmaba a éste el doble crimen de los obreros de los Aguilera en El Carrizal. El líder detenido ya está en Almafuerte.
24-01-2010
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Alejandro Gamero agamero@diariouno.net.ar
Aseguran que el Gato Marcelo Araya se desesperó al extremo ayer cuando, ante el juez Gerardo Walter Rodríguez, conoció la existencia de las escuchas telefónicas y algo de sus contenidos que poseen en su contra y que lo incriminarían directamente.
El Gato, quien el viernes a la tarde bajó del móvil de Investigaciones hacia los calabozos con aire canchero y suficiente, denunciando que lo habían detenido porque “acá hay un temita político que ya vamos aclarar con el doctor”, salió, en cambio, severamente preocupado de los tribunales federales tras su indagatoria. Desde allí fue enviado al penal de Almafuerte, donde quedó alojado.
Entre todas las escuchas que lo implican al comando del tráfico de drogas y el contrabando de la banda, las pinchaduras que detectaron el doble homicidio de los obreros de Daniel Rengo Aguilera, en El Carrizal hace nueve días, lo sorprendieron.
Fuentes confiables de la investigación dijeron a UNO que previo al ataque se detectó este diálogo:
Hueso Morales: –Vamos a entrar, jefe, pero estoy viendo más gente adentro de la casa.
Gato Araya: –Entren igual y a los que no tienen nada que ver los atan y los encapuchan, porque si no, van a tener que matar a todos.
De ahí se deduce que la banda del Gato sabía a quiénes iban a atacar y que no esperaban encontrarse con los Aguilera. Además, uno de los obreros muertos prácticamente había sido criado por la familia del Rengo.
Cuando los asesinos ejecutaron el crimen, apareció en escena un personaje que sorprendió a los investigadores días después, cuando lo identificaron: sería Ricardo Ferreyra, falso testigo protegido de otro homicidio.
Ricardo Ferreyra: –Jefe, ya está listo.
GA: –¿Qué pasó?
RF: –¿Sabe qué, jefe? Le di con el pico, le partí la cabeza.
GA: –Hablé con el Hueso recién. Me dijo que se descompuso.
RF: –Sí, se puso a vomitar; es un espamentoso.
GA: –Bueno, ya les voy a dar plata. Ahora vayan a algún lugar público y pónganse debajo de cámaras de seguridad.
Tanto Ferreyra como el Hueso Morales están prófugos y son buscados hoy por este doble asesinato.
Pero Ferreyra fue uno de los dos testigos protegidos del homicidio de Marcos Cardozo, de 13 años, en el Bajo Luján, permitiendo así el esclarecimiento de ese crimen.
Sin embargo, Ferreyra salió a la luz el 26 de noviembre pasado, desatando un verdadero escándalo al denunciar que era un testigo trucho.
En esa ocasión, en un video dijo que contra su voluntad lo pusieron la policía y el fiscal de instrucción que investigaban el caso Cardozo, que le indicaron qué debía decir, y que no había presenciado el hecho.
Por eso, para los detectives fue toda una novedad concluir que Ferreyra era el individuo que hablaba por ese teléfono confirmándole al Gato Araya que el crimen estaba consumado.
Para sacarse todas las dudas, los investigadores buscaron el video de Ferreyra, que se publicó en todos los medios, donde denunciaba que era un testigo trucho.
Lo enviaron a Buenos Aires junto con la escucha telefónica. Ahí, un perito comparó ambas voces y concluyó –según las fuentes investigativas– que “se trataba del mismo individuo”.
No se lo esperaban
La última instrucción del Gato mandando a sus hombres a lugares públicos donde hubiera cámaras de seguridad tenían el fin de crear la coartada para no dejar nada al azar.
Sin embargo, a pesar de los cuidados que tomaba el líder de la banda, siempre manejando todo en persona, está muy claro que nunca tuvieron la más mínima sospecha de que sus comunicaciones estaban intervenidas hacía tiempo.
Y esto se deduce porque hasta los uniformados a cargo de escuchar las intervenciones telefónicas quedaron asombrados: en años no habían oído hablar a los integrantes de una banda con semejante impunidad.
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Ofrecía $50.000 por el “Rengo”
Los pesquisas de las escuchas telefónicas no sólo se encontraron con el doble homicidio del Carrizal. De hecho, ya venían detectando las claras intenciones de la banda del Gato de atentar contra los integrantes de la familia de Daniel Rengo Aguilera y su entorno.
Por ejemplo, pudieron saber que a la cabeza del Rengo le habían puesto precio: unos $50.000, suma lejana de los $300.000 que el propio Aguilera le confió en una entrevista a Diario UNO y que lo adjudicó a los comentarios que corrían en el barrio La Gloria, en Godoy Cruz.
Aguilera dijo además en esa entrevista: “En el barrio se comenta que están pagando por mi muerte”.
Ese dato también surgía de vez en cuando en las escuchas que seguía con paciencia y resultados la Justicia federal.
Lo que nunca surgió claramente, y es una incógnita para los investigadores, fue por qué el Gato quería matar al Rengo o a sus familiares y amigos.
Es más, en otro tramo de las intervenciones telefónicas los detectives dieron con una conversación entre el jefe (Araya) y un integrante de la banda cuya identidad no trascendió, en una movida frustrada contra los Aguilera.
Esta versión da cuenta de que el Rengo Aguilera, quien –como dijo a este diario– se dedica a la compraventa de autos, tenía algunos de sus vehículos en un local de la calle Bandera de los Andes, en Guaymallén.
Sobre la misma vía –al parecer, cerca– había un centro asistencial de salud en el que prestaba servicios laborales Ricardo Ferreyra.
En esta escucha, Araya se entera de que Diego Aguilera, hermano del Rengo, está en esa concesionaria de autos y baja instrucciones de inmediato:
Gato Araya: –Me enteré de que ahí está el Diego (por el hermano del Rengo Aguilera), en la concesionaria.
Banda: –¿Ah sí?
GA: –¡Sí, pues! ¡Que lo busquen ahora y lo vayan a matar!
B: –Pero, jefe, es que no tenemos las herramientas (por las armas) acá, las dejamos en la casa.
La orden finalmente no se concretó, pero si había dudas sobre las intenciones de la banda del Gato, éstas se confirmaron con el doble crimen.
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Buscado. Ricardo Ferreyra en noviembre, cuando denunció que un fiscal y policías lo obligaron a declarar en una causa.
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Peritajes. Policías en la escena del crimen de los albañiles en El Carrizal.
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