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Mendoza

¿Por qué se les dice doctores a los que no han hecho un doctorado?

La costumbre hace que muchos médicos, abogados, farmacéuticos, odontólogos, veterinarios y contadores sean “ungidos” con este título que no poseen. Los entendidos dicen que está muy mal.
25-10-2009

Gonzalo Ponce
gponce@diariouno.net.ar

“¿Sa­bías, Ma­fal­da? ¡Mi hi­ji­to se­rá mé­di­co! Y cuan­do yo pa­se la gen­te di­rá ¡Ahí va Do­ña Su­sa­ni­ta, la ma­dre del doc­tor hi­jo de Do­ña Su­sa­ni­ta! ¿Y to­do el mun­do se en­fer­ma­rá de en­vi­dia...Y mi hi­ji­to se ha­rá muy ri­co cu­ran­do la en­vi­dia!”.

La fra­se per­te­ne­ce a Su­sa­ni­ta, la ami­ga/e­ne­mi­ga de Ma­fal­da, ge­nial crea­ción del di­bu­jan­te men­do­ci­no Joa­quín La­va­do, alias Qui­no.

Las pa­la­bras del hu­mo­ris­ta grá­fi­co mues­tran esa ra­ra afi­ción men­do­ci­na y ar­gen­ti­na de pla­ni­fi­car y con­se­guir un tí­tu­lo uni­ver­si­ta­rio pa­ra “ser al­guien”. Pe­ro no cual­quier tí­tu­lo, tie­ne que ser el de mé­di­co pa­ra que los de­más le di­gan “doc­tor”, co­mo si se tra­ta­ra de un tí­tu­lo no­bi­lia­rio. El de abo­ga­do tam­bién sir­ve.

En es­te tren de con­se­guir aun­que más no sea el mo­te de doc­tor se dan ca­sos po­lé­mi­cos. Por ejem­plo, una acor­da­da de la Su­pre­ma Cor­te de Jus­ti­cia pa­ra que a los abo­ga­dos se les di­ga doc­to­res pe­ro “en for­ma pro­to­co­lar” (ver apar­te), o que los pro­fe­sio­na­les de Cien­cias Eco­nó­mi­cas se lla­men en­tre sí de la mis­ma ma­ne­ra.

Ni ha­blar de aque­llos que son ca­pa­ces de in­cu­rrir en la usur­pa­ción de tí­tu­lo o de ha­cer­se lla­mar “li­cen­cia­da,” co­mo en el re­cor­da­do ca­so de la di­pu­ta­da pro­vin­cial Le­ti­cia Ma­yor­ga (PJ) que, aco­rra­la­da has­ta por sus in­sos­te­ni­bles ex­pli­ca­cio­nes, ter­mi­nó re­nun­cian­do en 2007 (ver apar­te).

Pe­ro el te­ma son los doc­to­res y, pa­ra de­jar las co­sas en cla­ro, hay que de­cir que doc­tor es aquel que, ha­bien­do com­ple­ta­do una ca­rre­ra de gra­do, rea­li­za un doc­to­ra­do en de­ter­mi­na­da es­pe­cia­li­dad afín a su pre­pa­ra­ción.

El doc­to­ra­do es el má­xi­mo gra­do aca­dé­mi­co que una uni­ver­si­dad pue­de otor­gar, se­gún ex­pli­có Car­los Pas­se­ra, se­cre­ta­rio de Cien­cia, Téc­ni­ca y Pos­gra­do de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Cu­yo. Pe­ro no se tra­ta de un tí­tu­lo ha­bi­li­tan­te (ver apar­te).

Tam­bién exis­ten los pos­doc­to­ra­dos. “Pe­ro se tra­ta de ac­tua­li­za­cio­nes pa­ra los que han rea­li­za­do el doc­to­ra­do”, de­ta­lló Pas­se­ra.

Sin em­bar­go el (mal) uso po­pu­lar que se le da a la pa­la­bra doc­tor es ca­si ine­vi­ta­ble, se man­tie­ne a lo lar­go de los años y ape­nas se vis­lum­bra una pun­ti­ta de cam­bio pa­ra co­men­zar a lla­mar las co­sas por su nom­bre.

“Uno le pue­de de­cir doc­tor a cual­quie­ra. Se tra­ta de una vie­ja cos­tum­bre”, se­ña­ló el so­ció­lo­go Juan Car­los Agui­ló. “Aho­ra, a ni­vel for­mal, aca­dé­mi­co, ad­mi­nis­tra­ti­vo y le­gal uno no pue­de apro­piar­se de un ran­go que no tie­ne”, agre­gó lue­go.

Agui­ló in­di­có que las pri­me­ras tres uni­ver­si­da­des ar­gen­ti­nas a prin­ci­pios de si­glo pa­sa­do (Bue­nos Ai­res, Cór­do­ba y La Pla­ta) en­tre­ga­ban el tí­tu­lo de gra­do, pe­ro el vo­ca­blo po­pu­lar ele­gi­do pa­ra di­ri­gir­se a mé­di­cos y abo­ga­dos fue doc­tor.
“Te­nien­do es­to en cuen­ta y des­de un pun­to de vis­ta so­cio­ló­gi­co, es ca­si de sen­ti­do co­mún de­cir­les doc­to­res a los abo­ga­dos y mé­di­cos –tam­bién se les llama así a los odon­tó­lo­gos, bio­quí­mi­cos, psi­quia­tras y far­ma­céu­ti­cos–. Pe­ro en las úl­ti­mas dé­ca­das han apa­re­ci­do más po­si­bi­li­da­des de ha­cer doc­to­ra­dos. En­ton­ces son ló­gi­cos los re­cla­mos de quie­nes de­di­can mu­chos años a rea­li­zar­los. Por en­de no es­tá bien que se les di­ga doc­to­res a los que no son doc­to­res, por­que no han he­cho un doc­to­ra­do ”, pro­fun­di­zó el so­ció­lo­go.



“No hay usurpación de título”

Ningún universitario o profesional quiere ponerse galones que no les correspondan.

Busque usted a cualquier médico, abogado, bioquímico, odontólogo, psiquiatra o veterinario y pregúntele si es doctor. Seguramete dirá que no, que para ostentar ese título hay que hacer un doctorado.

Pero ninguno se ofende si sus pacientes lo llaman por este sobrenombre o postítulo. Es más, no sólo la costumbre popular es la que los rebautiza con el sobrevaluado “doctor” o “dr.”. En sus sellos, membretes y en los carteles en las puertas de sus consultorios/estudios también figura la palabrita o abreviatura de la polémica.

“Es por costumbre”, dirá más de uno a modo de justificación. Y justamente es esto lo que ha permitido una acordada de las cortes provincial y nacional de Justicia para que los abogados sean llamados doctores, según explicaron en el Colegio de Abogados de Mendoza.

Su titular, Graciela Fóppoli de Gherzi, explicó que entonces no existe usurpación de título si un abogado, que no es doctor en Ciencias Jurídicas, utiliza “doctor” o “dr.” antes de su nombre y apellido.

“Entiendo que no, porque se trata de un asunto consuetudinario. Por lo general nadie va a adjudicarse un doctorado en leyes si no lo tiene. Lo que sí puede suceder y ha sucedido es que alguien se haga pasar por abogado sin el título de grado. En ese caso el Colegio de Abogados debe actuar de oficio para sancionarlo o realizar una acción penal”. Igual situación se da en el área de la medicina.

El diccionario de la Real Academia Española define al doctor como la “persona que ha recibido el último y preeminente grado académico que confiere una universidad”. Sin embargo, deja la posibilidad de usar esta palabra en forma coloquial, aunque sólo para los médicos.


El nivel de los doctorados

Existen quienes ponen en duda el nivel de los doctorados en Mendoza y Argentina. Alguno ha llegado a plantear que no muchos doctores tienen el nivel que el haber realizado esa especialización implica. En otras palabras, que tenemos menor exigencia y menor calidad.

El secretario de Ciencia, Técnica y Posgrado de la Universidad Nacional de Cuyo, Carlos Passera, negó categóricamente que así sea. “No es cierto desde ningún punto de vista. Tenemos en Argentina organismos descentralizados que evalúan toda la actividad de grado y posgrado. En este caso es la Coneau la que determina su categoría: A, B, C”.

Y agregó : “Tenemos en el instituto Balseiro doctorados en Física e Ingeniería Nuclear que me gustaría comparar a nivel mundial para ver quiénes presentan mejores ofertas. Si uno mira en Europa o Estados Unidos verá que hay de todo: posgrados excelentes, buenos y malos”.


“m’hijo el dotor”

Florencio Sánchez (1875-1910) Dramaturgo uruguayo. Con su obra M’hijo el dotor marcó la literatura rioplatense. La obra destaca por el realismo social que presenta, con una mirada aguda sobre la sociedad. El título lo dice todo. Representa el pensamiento de cada uno de los integrantes de la sociedad uruguaya y rioplatense de su época, conocida como del “florecimiento de la cultura”. Por supuesto, muestra la carga y respeto que tiene el título/mote de “dotor”, aunque no se sepa bien en qué se es “dotor”.


Títulos de posgrado

Especialización
Puede realizarse en dos años. A pesar de que su carga horaria es menor que una maestría o un doctorado, marca una diferencia: este tipo de estudio de otorga injerencia (habilitación) en determinada materia. Por ejemplo: un médico puede se especialista en pediatría o cardiología.


Maestría
Sirve como forma de actualización en un tema específico para una carrera determinada. También pueden durar entre dos y tres años, dependiendo del curso y la universidad. No otorga ninguna habilitación especial. Por ejemplo, un licenciado en Comunicación Social que realiza una maestría y puede ser considerado “magister en Comunicación Social”.


Doctorado
Es el máximo grado académico que puede otorgar una universidad en cualquier parte del mundo.

Exige no menos de cuatro o cinco años de estudio, luego de haber obtenido el título de grado.

Implica la elaboración de una tesis (al igual que los másters y las especializaciones) que debe ser defendida ante un exigente tribunal.

El doctorado y todos los estudios de posgrado en Argentina están reconocidos por el Ministerio de Educación y la Coneau.

Los temas que presenten los aspirantes a doctor deben ser absolutamente innovadores.

El doctorado no es habilitante, pero acredita al que lo culmina como una de las personas que más saben sobre determinada disciplina.


Posdoctorados
Sólo pueden ser realizados por los que han terminado el doctorado. No tienen una jerarquía académica mayor. Son la forma de actualización que tienen los doctores.


Hay excepciones

No todos los títulos de grado permiten automáticamente encarar un estudio de posgrado.

Hay casos en los que, aun acreditando los estudios universitarios completos, la casa de estudios que avala el doctorado, la maestría o especialización exigen distintos cursos o estudios de nivelación para que el interesado acceda al posgrado que sea de su interés.


Título de grado

Las universidades públicas y privadas de la provincia y el país entregan títulos de grado. Por ejemplo médico, odontólogo, veterinario, licenciado en ciencias políticas, contador público nacional o perito partidor. En ningún caso se otorga el certificado de doctor. Aunque hay casas de estudio que, al momento de entregar el diploma, llaman a los flamantes profesionales “doctores”. Sin embargo, el título de grado es la condición necesaria para poder alcanzar un doctorado.


Los casos famosos (o tristemente célebres)

Giselle Rímolo
La falsa doctora. En 2004 pasó de la fama barata que le daba ser la pareja de Silvio Soldán a quedar procesada en un escandaloso caso de muerte. Rímolo le recetó a una mujer de 41 años unas pastillas que le provocaron la muerte. Además siempre ostentó el ser médica (fue imputada por ejercicio ilegal de la medicina) y hasta Soldán se vio tan complicado que pasó un tiempo tras las rejas.



Juan Carlos Blumberg
El ingeniero apócrifo. Aceptó en 2007 que nunca fue ingeniero luego de que se le atribuyera ese título en cuanta aparición pública protagonizara. Este hombre sufrió la desgracia de que su hijo Axel fuera raptado y asesinado. Por esto se convirtió en una suerte de líder contra la inseguridad y hasta comenzó a coquetear con la política. En cuanto asumió el caso como un “error”, poco más se supo de él.



Jorge Telerman
“Licenciado” afrancesado. El ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumió en su cargo como licenciado en Ciencias de la Comunicación. En 2007 se supo que su licenciatura era inexistente y el funcionario dio explicaciones insólitas. Una de ellas fue: “Son tonterías, no tienen la más mínima relevancia. Siempre me he reído de que muchos tenemos en la Argentina la costumbre de agregar títulos”.



Leticia Mayorga
Crédito local. La ex diputada provincial del PJ se atribuyó en 2004 un título que no poseía: licenciada en Psicopedagogía.

En 2007 la mentira comenzó a desmoronarse y el mediático abogado Miguel Ángel Pierri se hizo cargo de la defensa. Después de bochornosas situaciones la legisladora renunció y desapareció.





Colación. Cuando se termina una carrera de grado se abre la posibilidad de seguir perfeccionándose. Hay especialidades, másters, doctorados y posdoctorados.‑

Abogados. Manuel Linares, Graciela Fóppoli de Gherzi y Daniel Ostropolsky.



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