La reunión que se celebra en la ONU reflejó las profundas diferencias que separan a los países ricos, que plantean metas ambiciosas, y los emergentes, que reclaman fondos para reparar los daños.
La violencia marcó la jornada de ayer luego de que el Ejército y la Policía dispersaran en medio de una batalla campal a las miles de personas que rodeaban la embajada de Brasil en esa capital.