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Escenario

Cuando viajar es como detenerse en la tristeza

En esta entrevista, el poeta y periodista Fernando G. Toledo habla de Viajero inmóvil, su nuevo libro, que prologó Claudia Masin.
24-05-2009

Paula Seufferheld
Especial para Escenario

Fernando G. Toledo, poeta y periodista de Diario UNO, acaba de publicar su cuarto libro de poemas, Viajero inmóvil. El volumen aparece en el sello Libros de Piedra Infinita, que el escritor dirige junto con Hernán Schillagi, gracias al auspicio de la Municipalidad de Rivadavia. Además, cuenta con un prólogo de la destacada poeta Claudia Masin. El diseño y las ilustraciones son de Romina Arrarás –esposa del poeta–, quien supo plasmar la belleza de este texto.

A diferencia del trayecto irrealizable que propone el personaje de su poemario, encontrar a Toledo y a su obra no sólo es un viaje posible, sino también amable. Sumergido en el mundanal y cálido ruido de su hogar, el poeta es capaz de reflexionar sobre el sentido de su texto mientras escucha los pedidos de sus hijos. Ese mismo carácter multifacético de sus acciones cotidianas signa sus intereses estéticos y su trabajo poético. Charlar con él es también una experiencia múltiple: oír sus respuestas firmes; compartir el recitado de algún poema, siempre con ese tono pausado y comprometido que caracteriza su decir; escuchar el disco que dio nombre a su nueva obra y reír con algunos de sus comentarios irónicos.

– ¿Cómo nace este libro?
– Viajero inmóvil partió de un título, el de un disco del grupo Camel (Stationary Traveller, 1984). De allí sólo tomo estas dos palabras sugerentes, aunque invito a imaginar esas melodías como música incidental para mis versos.

– Éste es un libro conceptual cuyo núcleo es la pérdida de una mujer y la imposibilidad de recuperarla a través de un viaje. ¿Es un crecimiento con respecto a los anteriores?
– Más que un crecimiento, Viajero inmóvil es una síntesis de mi producción. Ya en Hotel Alejamiento (1998), mi primer libro, aparece un concepto que retomo: la recuperación del último instante de un amor. Para el personaje del texto no es una tarea feliz, porque descubre que no avanza, que sólo engendra distancia.

– ¿Qué recorrido, si es posible alguno, podemos hacer como lectores junto a este Viajero inmóvil?
– No hay un viaje físico ni geográfico. Es un recorrido por la memoria. El personaje del libro quisiera que el presente tuviera algo de ese pasado, pero su deseo queda frustrado desde el primer momento en que intenta moverse, y correrse del punto donde se halla suspendido es conocer el abismo. Finalmente, al viajero sólo le quedan las palabras para reflexionar sobre su inmovilidad. Quizás, como Proust, entiende que los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos.

– La poeta Claudia Masin prologó Viajero… ¿Cómo accedió a tu obra?
– A Claudia pude conocerla cuando la entrevisté por la publicación de Abrigo (2007). Al terminar mi texto me atreví a pedirle que lo leyera. Para mi sorpresa, accedió con amabilidad. Me dijo que creía en mi poesía e incluso me confió que se quedó hasta altas horas de la noche escribiendo el prólogo. Sus palabras son muy importantes, ya que ella junto con Joaquín Giannuzzi y Santiago Sylvester son referentes fundamentales en esta etapa de mi poesía.


Los mapas de un viaje poético
– Para que surjan tus poemas, ¿seguís algún plan de escritura?
– Siempre aparecen dos etapas. Una primera, “mental”, donde me apodero de una idea que juzgo sugerente y original. A partir de allí, reflexiono sobre ella hasta llegar a una última etapa, en la que vuelco al papel estas ideas. Siempre, primero escribo a mano y son muchas las correcciones que hago de mis escritos.

– ¿En qué momento juzgás que un poema está terminado?
– Cuando me satisface a mí como su primer lector. De todos modos, comparto los textos en proceso con otras personas de las que valoro sus sugerencias, sobre todo de Schillagi.

– Escribir es un acto de comunicación; cuando creás, ¿tenés en mente a un “lector modelo”?
– Sí, yo mismo. Soy el lector más crítico de mis textos. Si consigo que me gusten como algunas obras ajenas que admiro, me doy por satisfecho.

– ¿Qué lugar considerás que ocupás dentro de la poesía mendocina?
– Nunca me sentí parte de algún movimiento, si lo hubo. Incluso en los ’90, cuando podía aparecer asociado a algunos poetas porque publiqué en la Colección Mesita de Luz, donde aparecía en muchos una estética ligada al rock y la posmodernidad, ya mi obra transitaba otros registros. A comienzos de esta década, encuentro escritores en una línea más cercana a la mía (Schillagi, Restiffo, Carniello, Almonacid, incluso Ballarini). Todos estamos interesados en un regreso al lirismo: volver a las metáforas, a las imágenes, al ritmo. Incluso, en algunas de mis producciones, a una métrica determinada. Secuencia del caos (2006), por ejemplo, está realizado en endecasílabos. Desde lo temático, nuestra búsqueda remite a un mayor intimismo, los elementos cotidianos son elididos o están al servicio de una idea. Particularmente en mí hay un avance hacia lo reflexivo o filosófico.

– ¿Podés adelantar algo de tu próximo trabajo?
– Creo que se llamará Mortal en la noche y que por primera vez abordaré en poesía el tema religioso, que tanto me interesa, de manera explícita.



Un poema de Viajero inmóvil

10

«Entonces prefiero quedarme
[quieto»
Solía decirme a mí mismo Quieto
Como un animal que oye una canción
Quieto como la estrella que de niño
Elegí para mí entre las del cielo
«Hacia dónde voy cuando no me
[muevo»
Preguntaba como si no pudiera
Saber que el tránsito es a la
[distancia
Lo mismo que la palabra al silencio
Pasajero del punto de partida
Que despide a los trenes detenidos
Voy a seguir aunque ya nunca avance
Seguir como un reflejo que persiste
Después de que el espejo se ha quebrado.



De Viajero inmóvil (Libros de Piedra Infinita, 2009)


Los libros

El libro de Alba. Luciana Loriente (Buenos Aires, 1974), ofrece una novela de capítulos cortos signada por un tono poético que atraviesa cada página en una historia en tiempo presente.


Kadish para el barrio del Once. Santiago Dubcovsky (1929-1986), traductor de Freud, escribió un único libro de relatos, éste, en el que traza un retrato magnífico de este barrio porteño.



Fernando G. Toledo. Acaba de publicar Viajero inmóvil, su cuarto libro.


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