Hace más de dos meses una amiga me contó detalles de un caso policial. Estábamos tomando un café en la librería Eterna Cadencia, en Palermo, y me sorprendió con una historia digna de ser investigada. No habían pasado más de quince días de la desaparición de un joven de 16 años en la provincia de Buenos Aires y ya se sospechaba que el caso podía convertirse en nuevo escándalo puertas adentro de la Policía Bonaerense. Sin embargo, para los medios nacionales el tema no era parte de la agenda. Después vino el crimen del decorador de Susana Giménez; detrás, el debate de la inseguridad y más tarde, la “fabulosa” idea de la pena de muerte. Nadie hablaba de este chico desaparecido. El caso me empezó a interesar. ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué el tema no estaba en la tapa de todos los diarios?¿Dónde está Luciano?¿Dónde están los medios?
–Acordate de este nombre, Luciano Arruga, escribilo, escribilo bien, insistió mientras yo tomaba una servilleta y apuraba con una lapicera prestada. Entonces, anoté.
Luciano Nahuel Arruga vivía en una casilla humilde en el barrio 12 de Octubre de Lomas del Mirador junto con su madre y dos hermanos: Mario, de 13, y Mauro, de 10 años. La madrugada del 31 de enero de 2009, luego de salir de su casa en Lomas del Mirador desapareció misteriosamente. Lo último que se supo de él fue que iba camino a reunirse con un su barra de amigos. Para ser más preciso su rastro se perdió de una manera increíble, en el sentido literal de la palabra. La madrugada de aquel sábado Luciano visitó un amigo del barrio llamado Oscar. Según reconstruyeron algunos testigos, el joven tocó el timbre en la humilde casa de su amigo y después de algunos minutos, cuando Oscar abrió la puerta ya no había nadie. Un misterio. Hace ya dos meses y medio que Luciano está desaparecido.
Su familia y sus amigos tienen una sospecha clara: que se lo llevaron policías de la zona.
El destacamento de Lomas del Mirador fue inaugurado el 26 de setiembre de 2007 por el pedido de Valomi (Vecinos en Alerta de La Matanza). La comisaría pertenece a la octava de La Matanza. “Estamos trabajando en la búsqueda del chico. La gente sabe que lo hemos buscado por los lugares que frecuentaba. Lo que se tenga que investigar que se investigue. Acá no hay nada raro”, aseguró a los medios el teniente primero de la Departamental de Lomas del Mirador, Ariel Herrero.
Sin embargo, la fiscal de La Matanza Mariana Cejas allanó el destacamento local y ordenó peritar los patrulleros de la dependencia para buscar rastros. No encontró nada. Una semana después logró ubicar a un testigo clave, que declaró bajo reserva de identidad. El chico contó que unos días después de la desaparición de Luciano se encontró con un amigo y éste, muy asustado, le contó que había estado detenido junto con Luciano y que lo habían “molido a palos” (sic). La policía mantuvo a rajatabla el guión oficial. “Los investigadores policiales determinaron que no hay ningún registro de que Arruga haya ingresado al destacamento la noche que desapareció”, sostuvieron fuentes del Ministerio de Seguridad de la provincia. Es más, como si fuera parte de una burla nefasta, en Asuntos Internos de la Bonaerense se abrió una investigación que sólo conduce a desviar la causa. En voz baja voceros policiales dan a entender que detrás del caso hay un asunto de drogas. “Al principio se le pidió a la madre un rescate de veinte ‘papeles de cocaína”, deslizaron. Para los Arruga, con esta versión van detrás de un sólo objetivo: desviar la investigación. Este expediente interno ya tiene 600 fojas y pasó por las manos de dos fiscales, la última de las cuales (Cejas) le dio intervención a Gendarmería.
“¿Dónde está Luciano?”, es el título del blog que su hermana Vanesa armó para buscarlo. “Ni ausente ni perdido, secuestrado y desaparecido”, reclaman sus más queridos desde internet.
El martes 14 de abril el caso llegó ocupar un lugar en las páginas policiales de varios diarios de tirada nacional. Era hora.