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Mendoza
Campo Papa: qué cambió con la urbanización
La mitad del histórico asentamiento de Godoy Cruz ya tiene calles, iluminación y servicios. Las casas poseen sanitarios y los dueños, las escrituras. Sin embargo, la violencia y la indigencia siguen firmes.

Javier Polvani
jpolvani@diariouno.net.ar

“Yo conozco este barrio, acá vi muchos muertos, yo tuve que enfrentarme para no morir. Ahora ha mejorado un poco, es un barrio al que puede entrar todo el mundo y salir caminando, antes salían en un cajón”. Lula no tiene dudas de que la vida en el Campo Papa ha mejorado, aunque sabe que “todavía pasan cosas, hay enfrentamientos y pibes que no tienen nada que perder”.

Él nació en el barrio hace 45 años y vivió ahí hasta hace unos meses, cuando por medio de un plan de erradicación se mudó al barrio Jardín Sarmiento. “Todos me conocen por Lula, poneme así”, aclara cuando se le pregunta el nombre para citarlo en este informe. Y sus razones son entendibles, en el barrio Lula es un personaje conocido y respetado.

Reconoce que enfrentó con armas a más de una persona en su larga historia en el barrio y que entró “16 veces a la cárcel”. Por estos días, Lula trabaja para una empresa constructora que está haciendo arreglos en el Campo Papa a través del Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba) de la Nación.

Los jóvenes que rodean a Lula mientras relata un pedacito de su historia a Diario UNO asienten con la cabeza e intervienen para aclarar que “la mitad de la gente más peligrosa se fue hace unos años, por eso la violencia bajó un poco”.

El asentamiento ya cumplió 70 años de existencia, sin embargo, recién en el 2000 el Estado penetró en su interior con un plan destinado a mejorar la calidad de vida de una parte de los vecinos. Esa intervención es considerada clave para que la vida en el barrio sea mejor.

Solamente 300 de las más de 600 viviendas precarias que presenta el barrio fueron sometidas al Promeba. De los 15 sectores en los que se divide el Campo Papa, diez fueron alcanzados por el programa.

A más ocho años de los primeros pasos del Promeba –involucró una inversión de casi $15 millones–, un sector del Papa ya no tiene la estructura de asentamiento, aunque la mayoría de las viviendas siguen siendo precarias. Los pasillos de la villa se convirtieron en calles iluminadas, con cunetas, cordones y veredas de hormigón, mientras que en los ranchos se construyeron núcleos húmedos (sanitarios y cocina conectados a la red cloacal) y se colocaron tanques de agua individuales.

La primera parte del Promeba se demoró mucho más de los dos años que se previeron inicialmente para la ejecución, por lo que hasta dentro de unos dos meses no se completarán todos los objetivos.

Entonces, las 300 viviendas tendrán conexiones de agua, electricidad (con medidor prepago) y gas. Además, cada familia será dueña de la escritura del terreno que ocupa.

Asimismo, una vez terminado el Promeba, los vecinos que quieran podrán entrar al programa Mejor Vivir. Contempla la construcción de una habitación por vivienda, previendo que el titular de cada una deberá devolver la mitad de la inversión, la otra parte tiene carácter de subsidio.


Conglomerado partido
A partir de esta intervención estatal, motorizada en el campo con fuerte incumbencia de la Municipalidad de Godoy Cruz, mejoró la vida de muchas familias, pero el Papa quedó partido en dos sectores con un número de habitantes parecido de cada lado.

Por un lado, el sector bajo intervención del Estado. Por el otro, el que no la tiene. Así los diferencian los funcionarios municipales.

¿Por qué no se incluyó todo el conglomerado en el Promeba? “Porque una parte se ubica en terrenos que son privados”, explicó Tadeo García Zalazar, secretario de Gobierno de Godoy Cruz.

El terreno del sector mejorado por la Comuna fue adquirido por el Municipio a Mafalda Papa, heredera de los propietarios originales de la parcela que alojó a la primera villa miseria del departamento. “Las familias que quedaron en el sector que no tiene intervención tienen que ser erradicadas”, advirtió Zalazar.

El objetivo de la gestión del intendente Alfredo Cornejo es trasladar a 150 familias a casas nuevas antes de terminar su período, en diciembre de 2011. Las familias que no entren en esos planes de erradicación deberán seguir esperando una alternativa.



Una foto del barrio

Origen
Existen dos versiones:
1- El barrio creció en torno a la actividad de las ripieras, que existieron en esa zona hasta la década del ’80.

2- Se debió a la proximidad física del vertedero municipal de residuos domiciliarios, fuente de trabajo para las familias que se dedicaban al cirujeo.


División
El barrio está estructurado en 15 sectores. De éstos, 10 están incluidos en programas estatales, mientras que los otros cinco serán erradicados. Bajo atención estatal viven 300 familias y 312 esperan la erradicación.


Arte, cartón y construcción, tres salidas

La inserción social y la obtención de fuentes laborales estables desvelan a buena parte de las familias que viven de uno y otro lado del Campo Papa. Entre los vecinos abundan los cartoneros, los artistas populares y los albañiles, rubro que se potenció en cuanto a la capacitación en los últimos años.

Históricamente, los desperdicios urbanos que tenían precio gracias a las posibilidades de reciclado fueron una fuente de ingreso importante para muchas familias del Papa. Hasta hay núcleos familiares que tienen su espacio para el acopio de cartón y vidrio, dos de los bienes que mejor reditúan entre los que se pueden conseguir en las bolsas de basura.

La alta proporción de la población que se dedica a este “negocio” es una de las explicaciones de la existencia de un centro de acopio en el corazón del barrio. Celestino Corral nació hace más de 60 años, cuando surgía el asentamiento, y hoy continúa la actividad que le legó su padre: es el dueño del acopio de la basura comercializable.

“Mucha gente vive del vidrio y el cartón, acá lo recibimos, lo preparamos y lo vendemos. Un cartonero que se pasa 15 horas o más por día recolectando gana unos $40 o $50 diarios”, cuenta el empresario del Papa.

Marcelo Corvalán es uno de los 15 albañiles que están tratando de armar una cooperativa para sustentar a sus familias. “La construcción es una buena salida, pero nosotros tenemos problemas con la personería jurídica, porque siempre nos patean para adelante. Sin eso no somos nada, no podemos hacer facturas ni tomar trabajos para empresas”, dijo.

Corvalán, además, tiene una faceta artística. Es líder de la murga Ave Fénix, gracias a la que viajó Buenos Aires, Santa Fe y Chile, entre otros destinos en los que se presentaron. “Si no fuera por la murga no conoceríamos nada”, sostuvo Laura Correa, uno de los 35 miembros del grupo.


Mirada foránea

Dante Campanella
Arquitecto

Desde el gran terror que sentí cuando me asignaron la obra (Promeba) en el barrio llegué a la inmensa satisfacción de tener el trabajo prácticamente terminado. Me sorprendí con lo mal que vive acá la gente, la precariedad de los medios de vida. Nunca pensé que la misma gente que no nos trató tan bien al principio iba a valorar las mejoras que hicimos, que iba a cuidar los cestos de la basura, las luminarias y que terminaría mejorando sus propias casas”.


Verónica Álvarez
trabajadora social

Para mí el trabajo ha sido satisfactorio. Viví muchas experiencias extremas. Vi muchos robos, mucha violencia, muchos homicidios. Creo que con el mejoramiento del entorno se optimizará mucho la calidad de vida y las expectativas, sobre todo de los chicos. Desde que estamos con Promeba, cerca de la mitad de la población se capacitó en tareas de la construcción, eso abre otros horizontes que no existían”.



Renovado. Este sector del barrio fue alcanzado por el Promeba y la gente vive un poco mejor que antes.

Changa. El cartoneo es una de las salidas laborales y fuentes de ingreso más extendidas entre los habitantes del Campo Papa, donde hay hasta un centro de acopio.

Contracara. En la porción del barrio que no entró al Promeba viven más familias y las condiciones de vida cada vez son más precarias. Esperan la erradicación.


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