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Mendoza
Liliam vivía asustada por la violación de una vecina
Se lo dijo varias veces a su hermano, Antonio, y a su cuñada, Sonia, cuando les habló del ataque sexual de diciembre a una joven en el 4º piso del mismo edificio. Creen que reconoció a su agresor.

Alejandro Gamero
agamero@diariouno.net.ar

A Liliam, como a sus vecinas, no le había pasado desapercibida la violación del 8 de diciembre a una joven en el edificio donde ella vivía. Estaba preocupada por la falta de novedades del caso y lo habló en tres ocasiones con su hermano y su cuñada. Aun así creía contar con una carta a su favor: “Por lo menos yo vivo en el sexto piso”, les había dicho, pero el trágico destino no le dio la razón.

Antonio Gómez, su hermano, reveló junto a su esposa, Sonia, en diálogo con Diario UNO la inquietud de Liliam por lo sucedido en diciembre. “Lo hablamos con mi cuñada cuando vino a casa lo que le había pasado a esta chica y le preocupaba que no se había hablado más del tema, que no había novedades, pero de algún modo pensaba que en el sexto piso estaba más protegida”, relató Sonia.
Mientras, Antonio aún no puede creer lo ocurrido. El martes halló a su hermana muerta en la bañera, el miércoles la sepultó y ayer empezó el duelo. Supo de ella por última vez el lunes a las 22 cuando su hijo de 15 años habló con la tía Liliam por teléfono. Ella le prometió que le regalaría la entrada para ir a ver Boca-River.

Con entereza, dejó ver su desazón: “No me cierra lo que pasó, me preocupé cuando ella no respondía la puerta pero nunca me esperé encontrarla así. Tengo esas dos imágenes, ella tirada en la bañadera y ella en el cajón, y no lo puedo creer”.

Él la encontró junto con el cerrajero y un portero del edificio tras forzar la puerta del departamento de calle Patricias, en el Parque Central.
Casi sin hipótesis Antonio especuló sobre el fatal resultado del ataque con que “lo tiene que haber conocido” (dando a entender que quizá el violador es de la zona).

Arriesgó que su hermana “se debe de haber defendido, porque ella era una mujer de carácter, encaradora, no tenía miedo”. A pesar de que no hay signos de lucha dijo que estaba muy golpeada en la cabeza y tenía moretones en el rostro y el tórax.


“Sólo quería que se moviera”
“Cuando entré al departamento (forzó la puerta con el cerrajero y el portero) vi que el sommier estaba corrido y sin las sábanas. Miré hacia el baño y vi sus piernas”, contó Antonio.

“Me metí, la tomé y estaba helada. Parecía un accidente, una caída, y eso creí. Vino el médico de la ambulancia y la vio. Yo sólo quería que ella se moviera, pero ni la tocó. Cuando vino la doctora de Policía Científica le limpió la boca que la tenía con sangre y notó que tenía un golpe. La ducha estaba cerrada y la cortina no se había caído y dijo: ‘Esto no es un accidente’”.

Después de eso ya no volví a entrar. Tengo cosas que buscar allí y todavía no puedo hacerlo”, concluyó.



Faltó parte del dinero

Faltaron $1.500 pero quedaron dentro de un bolso de mano en la silla del living otros $1.500. Y sobre la mesa, una cadenita de oro y también dos o tres anillos valiosos.

Este escenario confirma las sospechas de los investigadores de que no hubo intenciones de robo en el ataque a Liliam. Ni siquiera lo cree su hermano, quien supone que el violador y asesino “agarró ese dinero porque lo tenía a mano”, abonando más bien la hipótesis del ataque sexual.

La billetera quedó sobre la mesa junto con la cadenita pero vacía, sin dinero ni las tarjetas de crédito y débito.

Los $3.000 son de recaudaciones del Círculo Médico. Y él supone que la mitad de ese dinero ha estado sobre la mesa con las boletas de cobro. Porque el resto estaba en un bolsillo lateral de un bolso que Liliam utilizaba siempre, como una cartera donde llevaba sus cosas.


“Pensé que era un accidente”

Antonio Gómez interrumpió su tarea laboral para dirigirse al domicilio de su hermana. Se lo pidieron en el Círculo Médico, donde ambos trabajaban, él en la mensajería y ella como encargada de compras. A él le extrañó, porque “ella no faltaba ni cuando estaba enferma y siempre avisaba lo que iba a hacer”, señaló.

Sin embargo después de tocar el timbre varias veces y no tener respuesta se volvió al trabajo pensando que Liliam ya había salido. “Fue cuando desde el Círculo el doctor Berríos (Ignacio) me mandó a decir que buscara un cerrajero y entrara al departamento”.

Y detalló: “El cerrajero quitó la llave pero estaba el pasador puesto. Intentamos ir por la terraza para entrar por el balcón pero era muy peligroso. No nos animamos, ‘Te vas a matar’, le dije al cerrajero, y al final forzamos la puerta junto con el portero”.

Precisó que “aunque al principio creí que se había accidentado me di cuenta después de que el que la mató la colocó en la bañadera de tal forma que pareciera exactamente eso. Porque daba justamente esa impresión, que se trataba de una caída”.

Agregó que “también vi la cama corrida y sin las sábanas, que nunca se encontraron. Vi unas manchas de sangre, al principio pensé que se había lastimado, y dos pisadas marcadas con barro en el dormitorio y el baño. Después los bomberos encontraron esos rastros en el muro del edificio”.

Antonio respondió que su hermana Liliam no estaba en pareja, que él no le preguntaba al respecto y que ella le dedicaba mucho tiempo a su mamá.



Tristeza. Antonio Gómez vive el asesinato de su hermana como una tragedia que aún no puede creer.

Reciente. Liliam Gómez en una reunión con parientes y amigos.


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