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Domingo 25 de Mayo de 2008  
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En Paramillos hay una antigua ciudadela minera para descubrir
En la precordillera lasherina pueden recorrerse las ruinas y túneles de lo que fue una explotación de metales desde el siglo XVII. Es un atractivo que visitan los extranjeros más que los locales.

Fabián Sevilla
fsevilla@diariouno.net.ar

A 2.600 metros de altitud, en plena precordillera lasherina se erige una antiquísima ciudadela minera abandonada. Hasta hace poco sólo quienes la conocían por referencias y el viento eran sus exclusivos visitantes. Pero hoy, la llamada Ciudad Fantasmal de Paramillos atrae a turistas y locales, que se fascinan con las ruinas y la aventura de penetrar en sus minas llenas de historia y misterios.

Las primeras encomiendas españolas en Cuyo fueron establecidas en Uspallata, donde según documentos del cabildo hacia 1660 había 319 bocas de minas registradas que podían compararse con las de Potosí (Perú) o Famatina (La Rioja). En ese desarrollo jugaron un rol importante los jesuitas, que en la zona se dedicaron a la producción minera y la fundición.

En Paramillos, a unos 108km de Mendoza, hacia 1620 instalaron una ciudadela para la extracción de plomo, plata, cobre, oro y zinc. Su mano de obra eran huarpes y araucanos, que vivieron y murieron en el lugar. Luego la zona fue explotada por españoles y desde el siglo XIX por alemanes, y por los ingleses hasta 1982.

Cada uno de ellos fue dejando rastros de su paso, como construcciones: las más antiguas en pie son los corrales y lo que fue la fundición de metal (tenía poca capacidad, ya que la mayor cantidad se fundía en las bóvedas de Uspallata).

De todo el ruinoso conjunto resalta un edificio en cuyo interior hay un gran agujero, llamado pique Gobernador Elías Villanueva, que fue hecho en 1888 por el ingeniero y geólogo alemán Lave Lageman. Tiene 90m de profundidad y se usó para sacar agua y el mineral, que era llevado a la planta de procesamiento, que queda a pocos metros, donde se hacía la molienda y separación de los mismos por decantación. A la par, existen los cuatro niveles de túneles donde se extraían los minerales de las vetas que iban abriendo en forma transversal y que tienen nombre de santos, acorde al día en que se abrían.

Hoy todo eso conforma un escenario ideal para la investigación arqueológica e histórica y para el turismo minero. Pero también muchos de sus edificios se utilizaron para levantar los escenarios de Siete años en el Tibet, protagonizada por Brad Pitt, que se rodó en esa y otras partes de Uspallata. También la mina sirvió para la filmación de la película De amor y de sombra, con Antonio Banderas.

Desde hace unos años son gestionadas por un privado, con control de la Comuna, pero los interesados pueden tomar el servicio a través de cualquier agencia de turismo receptivo.

Según calculó Emilia Auciello, guía y encargado de Minas de Paramillos, de diciembre a marzo visitan el lugar unas 15 personas al día, aunque hay jornadas en que ascienden a 60. Sólo 20% son mendocinos, el resto llega de todo el mundo, donde el turismo minero es una veta muy explotada.

Hay dos tipos de excursiones: las dos incluyen recorrer los vestigios de la ciudad, una suma una visita a la mina Sauce, en el segundo nivel, con un costo de $30 en temporada baja y $35 en alta; la otra permite conocer los tres niveles de túneles, pero el descenso del primero al segundo se hace con rapel. Cuesta $65.



Un camino minero que lleva hasta San Juan

La Ciudad Fantasmal de Paramillos es sólo una parte del camino minero que la Municipalidad de Las Heras viene desarrollando como propuesta turística. Ya tuvo una prueba piloto el 7 de mayo, aunque se lanzará oficialmente en setiembre. Es un trayecto en el cual participan San Juan y empresas privadas. Partirá desde donde termina la avenida San Martín para llegar hasta antiguos complejos mineros de la vecina provincia.

Según detalló Patricia Encina, jefa del departamento de Patrimonio de Las Heras, el camino minero se iniciará en el museo Manuel Teleche, que se levantará en San Martín al 700 y mostrará una valiosa colección de objetos y documentos que pertenecieron al ingeniero en minas que le da nombre a la muestra.

Por la ruta 52, que lleva a Villavicencio y de ahí a Uspallata, los turistas podrán conocer la planta de Minetti, que está activa, y el barrio de Corcemar, donde se están desarrollando emprendimientos de cabaña y gastronomía.

Una vez en Paramillos podrán recorrer la ciudad y sus túneles. También almorzar o tomar el té en la base operativa de Agua de la Zorra, gestionada por la empresa que explota turísticamente ese lugar.

De ahí, se seguirá a Uspallata, para ver las bóvedas que fueron hornos de función, y retornar. “Se trata de un circuito que demorará dos días y una noche, con estadía en Uspallata. Pero también se podrán sumar dos jornadas más si se decide seguir camino hasta Sarmiento y Calingasta, en San Juan, donde también hay minas”, precisó la arquitecta.


Para la Virgen de Fátima y Cubillos

Un hito marca el punto más alto del camino que une Villavicencio con la cabecera del distrito Uspallata: la Cruz de Paramillos, a 3.200 metros. Según el topógrafo mendocino Isidro Maza, la primera cruz en ese sitio se levantó hacia 1700 y era parte de un capillita que había en el sitio.

La que hoy existe es más contemporánea y la iglesita fue remplazada por una ermita consagrada a la Virgen de Fátima, considerada la “protectora de la ruta”, y que está representada en ese punto por una pequeña imagen que data de 1940 y que, según una placa, anuncia a los viajeros que “junto a la cruz redentora está aguaitándote al pasar”.

Ya en la ciudad fantasmal, a 4,5km de distancia, hay otra cruz, pero levantada por la fe popular. Recuerda el sitio donde el 25 de octubre de 1895 fue asesinado por la policía el gaucho Francisco Cubillos.

Se ubica delante de los corrales donde los jesuitas criaban el ganado para su sustento. Está rodeada por cuatro hornillos para las velas y prácticamente tapada por todo tipo de ofrendas en demanda de la intercesión de aquel gaucho malo, especie de Robin Hood y hoy santo profano.


Cuatro niveles en las venas de las montañas

Las minas de Paramillos están organizadas en cuatro niveles principales de túneles, cada uno con su propia entrada. Sólo tres se pueden visitar, trayecto que se extiende a lo largo de 23 kilómetros, con túneles de unos 2m de circunferencia, aunque en partes el techo y el piso casi se juntan.

El primer nivel, llamado Gobernador, permite llegar hasta el segundo, Sauce, por una chimenea de conducción de minerales que desciende 25 metros. Hasta ahí se baja con cuerdas y arneses.

El nivel intermedio tiene 9km de largo y 10 vetas que fueron abiertas en la piedra durante los años en que estuvo operativa. Para llegar desde ahí al último nivel, llamado Chile, hay una escalera caracol y otra recta que descienden a a 40m de profundidad.

Ahí están las vías que se utilizaban para llevar en carritos los minerales al exterior. Hay un dique de agua subterránea, con unos 2m de profundidad, que se extiende por un túnel de 200m de largo y 2,5m de ancho. Nutría las cañerías por las cuales se trasladó el mineral.
Otro de los atractivos para observar en este nivel son los elementos utilizados en la antigua explotación: carros de transporte y un guinche; hay también habitaciones con cajas de dinamita que no fue utilizada, entre otros vestigios.



Escenario increíble. El sector para la separación y fundición de metales de las minas de Paramillos es uno de los edificios más antiguos en pie en el sitio. Data de cuando era explotado por los jesuitas.

Pique. Esta construcción cubre un pozo de 90 metros cavado en 1888.



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