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Viernes 30 de Noviembre de 2007  
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El hijo de Carlos Monzón predica en Mendoza
Carlos Raúl Monzón tiene 35 años y es uno de los referentes evangélicos de la Unión de la Asamblea de Dios. Con UNO rememoró al ex campeón del mundo.

Alejandro Gamero
agamero@diariouno.net.ar

Carlos Monzón glorificó el boxeo argentino. Carlos Raúl Monzón glorificaba anoche a Dios. El tercer hijo del noqueador más grande del pugilismo nacional y 15 veces campeón mundial predicó ayer ante unas 300 personas en una iglesia evangélica de Maipú.

Pastor de la Unión de la Asamblea de Dios, el evangelista está por cuarta vez de visita en Mendoza y ayer se puso al frente de los fieles que no sólo lo ven como un predicador sino como el vivo testimonio del resurgir de las cenizas después de tocar fondo.

Mientras su padre era condenado por matar a golpes a su última esposa, la ex modelo Alicia Muñiz, Carlos Raúl no podía salir por aquellos días de las drogas y el alcohol. Hoy se muestra recuperado, humilde, vencedor, con una familia constituida y gritando a todos los rincones que Cristo es la salvación.

“Conducta y disciplina, eso es lo que se necesita para ser grande en el boxeo”, reflexionó Carlos Raúl en una mediatarde que compartió con UNO para hablar de él y del ídolo. Y coincidió en que eso es lo que hace falta para salir de los caóticos momentos de la vida, Dios mediante.

Su rostro recuerda al múltiple campeón. No así su carácter, muy lejos de aquel hombre áspero y de diálogo corto. Por el contrario, afable y risueño rememoró al ídolo y al padre quien, dice, nunca le faltó.

“Nunca quiso que boxeáramos”
Una de las primeras sorpresas de la nota fue saber que “él no quiso que boxeáramos”. Carlos Monzón siempre se negó a que sus hijos agarraran los guantes y, al contrario, una y otra vez les insistió en que estudiaran e hicieran una vida mejor.

Después de la gloria deportiva, la fama, la cárcel y la muerte, el pastor rescató del ex campeón, del ídolo y del padre “su esfuerzo, su solidaridad, su fin en la vida por querer ser algo”.

Afirmó que no hay ídolo comparable ni similar en la actualidad, ni siquiera Diego Maradona. Y remarcó las diferencias: “Papá llegó a su primera pelea por el título del mundo con un millón de glóbulos rojos menos, descalcificado, al borde del peso”.

Y recordó: “Llegó con sus padres a Santa Fe capital desde San Javier, en el norte de la provincia. Descendía de indios mocovíes y llevaban una vida marginal. Su papá no sabía leer. Su mamá sorteaba la comida entre los hijos para comer. Pasaron hambre. Perdieron un hermano por eso. Dormían en camas de paja”.

Entonces Carlos Raúl concluyó que “yo no hubiera tenido el valor suficiente de cambiar esa situación. El peleó y luchó en el ring y en la vida y nunca bajó los brazos. Lo hizo por él y por sus hijos y aunque cometió errores perdido por el alcohol, lo tengo en los más alto”.




Templo. En Ozamis 655 de Maipú, el hijo del ex campeón mundial de boxeo habló ante 300 fieles.

Media tarde y picada. El pastor Carlos Raúl Monzón se prestó a un diálogo abierto sobre su padre y su fe.


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