Policiales
Otro juicio por el crimen de Oroná
Dos testigos que declararon ayer ante el Tribunal no comprometieron al acusado, Sergio Corvalán, Por el asesinato de la maestra, el año pasado fue condenado un joven conocido como Pitu.
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Catherina Gibilaro cgibilaro@diariouno.net.ar
Un segundo imputado por el asesinato de la maestra Claudia Lourdes Oroná, Sergio Corvalán, se sentó ayer en el banco de los acusados para responder por el delito de “homicidio criminis causa”.
Por el crimen de Oroná ya fue condenado –el 20 de mayo del 2006– Ricardo González, alias El Pitu, a 21 años de cárcel.
El debate, que comenzó con tres horas de atraso, se lleva a cabo en la Cámara Tercera del Crimen y está presidido por el camarista Pedro Funes.
Integran el tribunal, que sesionará durante cuatro días, los ministros Omar Palermo y Orlando Vargas, este último en remplazo del camarista Francisco Spaltro, ausente por razones de salud. Como fiscal se desempeña Oscar Giacomassi, mientras que la defensa del acusados está a cargo de la abogada Hebe Bosdari.
De ser hallado culpable, Corvalán arriesga la pena de prisión perpetua.
Ayer se recibieron las testimoniales de cuatro personas, dos de ellas con identidad reservada.
De los dos testigos que declararon ante el tribunal, ninguno pudo afirmar con certeza que el acusado es el autor del crimen. Es más, ambos negaron conocer a los autores.
El segundo testigo, Santiago Dante Berríos, fue el más contundente, ya que dijo que el día del crimen, el 1 de noviembre del 2004, en el barrio Tres Estrellas, de Godoy Cruz, había llegado a su casa –ubicada al lado del jardín maternal adonde fue ejecutada Claudia para robarle el coche– y poco después de las 12.15 fue cuando escuchó un disparo. Se asomó a través de una reja y vio a Oroná mientras caía herida sobre la vereda, al lado de su auto. Salió para asistirla y en ese momento vio a dos jóvenes. Uno de ellos llevaba en las manos un revólver. “Era el más alto, tenía una gorra, y ambos, con cabello corto. Pasaron delante de mí; uno con bermudas. No tenían más de 20 años”, aseveró Berríos ante la pregunta del fiscal Giacomassi.
También reveló que el más alto se sentó al volante del auto de la maestra y el otro, al lado. Lo hicieron arrancar, pero como algo falló –ya la habían baleado– se bajaron y tras dar un portazo, “empezaron a caminar tranquilamente hacia el barrio La Gloria”.
Luego indicó que “el que llevaba el arma (sería un calibre 22) lo hacía con la tranquilidad de quien lleva a pasear a un perrito”.
“Tras caminar así unos 50 metros –agregó– comenzaron a correr hacia el barrio La Gloria y allí los perdí de vista”.
Fue lapidario al afirmar ante el tribunal que en casos tan graves “nadie quiere ver nada; son ciegos, sordos y mudos. Luego todos saben... Esto, cuando ya no hay remedio”.
También aseveró: “Si los conociera y supiera quiénes son, lo diría, pero no es así. Son malandrines, no gente de trabajo como yo”.
Dijo luego que por comentarios de vecinos se enteró de que los autores habrían sido “un tal Chispita (absuelto en este hecho), El Pelado y El Pitu. Pero esto son sólo comentarios”.
Finalizada esta declaración, se pidió el testimonio de testigos reservados –su identidad es sólo un número–, razón por la cual fue desalojada la sala de debates.
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Esposado Sergio Corvalán, acusado de homicidio, ayer, ante la Cámara Tercera del Crimen.
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