Mendoza
Domingo 9 de Septiembre de 2007  
 Estado del tiempo
BUSCAR
Buscador avanzado

Aumentar tamaño Reducir tamaño Enviar por mail Imprimir nota
Mendoza
La tragedia los unió para pelear juntos contra la delincuencia
Alejandro Gil, viudo de Laura Abonassar, y Fernanda Vera, asaltada y ultrajada en su casa de Las Heras, se complementan y se apoyan en su trabajo para la Asociación de Víctimas del Delito.

Ana Montes de Oca
anamontesdeoca@diariouno.net.ar

A Alejandro Gil le amputaron la vida cuando asesinaron a Laura Abonassar y lo dejaron viudo. A Fernanda Vera la dejaron con el sabor amargo de la sobrevivencia luego de que la asaltaron, humillaron y golpearon en su casa de Las Heras. Ahora están unidos en la vida por la muerte y, juntos, tratan de salir adelante, utilizando su experiencia para ayudar a los demás.
Se conocieron poco después de que a Fernanda la asaltaran a punto de entrar en la ducha y le hicieran recorrer su casa desnuda y en cuatro patas, pateándola y humillándola. En la iglesia, Alejandro se acercó a ella, la abrazó y le dijo: “Pensá por qué te dejaron viva”.

Por esos días, ella sabía que tenía que seguir adelante por sus hijos (uno de 11 y los mellizos de 5), pero con Alejandro encontró el sentido.

Así, entre charla y charla, entre marcha y marcha, y en cada velorio al que iban a apoyar a la familia de una nueva víctima de la inseguridad, se dieron cuenta de lo reconfortante que es tener a alguien que comprenda y contenga y un día surgió la idea de formar la Asociación de Víctimas del Delito.

Esos rumores
Alejandro y Fernanda se convirtieron en personajes públicos de la noche a la mañana. Y como suele pasar, a un personaje público se lo escruta y se lo critica.

Hace tiempo que empezaron las conjeturas sobre qué clase de relación los une y, ante eso, ellos accedieron a hablar con Diario UNO, no para aclarar sino para contar.

Ella confiesa que no le importan las habladurías de los demás. “Estoy acostumbrada”, resume relatando que no es la primera vez que es centro de “algún puterío”.

Pero sí le preocupa por Alejandro, por sus chicos (él tiene una nena de 14 y un varón de 6). Aunque a él sólo le preocupa que la lucha de la asociación no se manche.


El complemento
En medio de la nota, el celular de Alejandro no para de sonar. Le avisan de reuniones con políticos, de otra muerte, de otro velorio, de más reuniones. Mientras habla, él va contando lo que le cuentan y Fernanda saca un anotador y toma nota: lugares, nombres, fechas, horarios.

Cuando corta, él dice que tiene una secretaria de lujo y ella le recuerda más reuniones y compromisos.

En la mirada de ella se ven la confianza, el cariño y la admiración que siente por él. En la de él se ven la fuerza, la seguridad y también el cariño que ella le despierta.

Ellos aceptan que a lo largo de la lucha contra la inseguridad cada uno encontró en el otro a alguien con quien hablar, en quién confiar, a quién apoyar y a quién seguir.

Fernanda se ríe y reconoce que “me dijeron de muchas formas pero ahora me dicen la activista”, y Alejandro cuenta que “los que me conocen de chico me decían Polaco, después me pusieron Pájaro, y ahora me dicen Blumberg”, pero su cara muestra que no le gusta mucho el apodo.

En el dúo que forman, Alejandro es el mediador, el que mantiene la calma y el que frena los impulsos de Fernanda cuando las respuestas de los políticos no les gustan.
Fernanda, en cambio, es más sanguínea, pero reconoce que “Alejandro es muy inteligente y yo lo escucho, porque sabe cómo hacer las cosas”.



Ahora ella cree en Dios

Fernanda Vera recuerda que antes del asalto no creía en Dios. “Pero cuando estaba tirada en el piso y el tipo me golpeaba y me golpeaba, yo le pedía a Dios que me llevara, que se acabara todo. Y en ese momento el tipo se fue”.

Ahora, cree en Dios, y vive para sus hijos y para la asociación. En cuanto al futuro, ya sabe que no está comprado e intenta disfrutar el día a día tratando de elaborar el pasado.

Alejandro dice que siempre supo que la vida nadie la tiene asegurada, pero confiesa que todavía no termina de hacer el luto por la muerte de su mujer. “Día a día, uno se va amigando con el dolor y aprende a seguir adelante”, acepta mirando las dos alianzas en su mano.

Y para él, los planes son a corto plazo: “Ahora tenemos que buscar una sede, porque la gente nos pregunta adónde puede mandar donaciones y no tenemos ningún lugar fijo. Con los 37 puntos que pedimos para combatir la inseguridad hemos conseguido bastante, pero todavía nos queda mucho por delante. Yo sé que para frenar esto hace falta mucho tiempo, pero hay que empezar por algo, y lo más urgente es la educación”.

Se hizo tarde, él tiene que volver con sus hijos y ella también. La moza del café cobra y Alejandro le ofrece a Fernanda llevarla a la casa.



Café. Alejandro Gil y Fernanda Vera en un local céntrico. Sus vidas cambiaron y ahora son personajes públicos.


Institucional | Staff | Receptorías | Cómo Anunciar | Negocios Digitales | Contactos

© 2005 UNO MENDOZA | Todos los derechos reservados | Mendoza - República Argentina