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Domingo 1 de Abril de 2007  
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Se afianza el boxeo femenino en Mendoza
Cada vez son más las mujeres de la provincia que se animan a pisar el ring y quieren eliminar por knockout las resistencias sociales que rodean a un deporte dominado históricamente por varones.

Verónica Oyanart
voyanart@diariouno.net.ar

Implacable combate cuerpo a cuerpo. El sudor les corre por el rostro y la adrenalina por la sangre. Resoplan. Emiten gritos casi viscerales, mientras un derechazo, certero, impacta en la mandíbula de su rival o un cross impiadoso les toma por sorpresa. El público enloquece, arenga, pide más. El escenario es el mismo, un ring. Lo que ha cambiado son sus protagonistas: se trata de mujeres.

Desde que en el 2001 la Federación Argentina de Box (FAB) oficializó el boxeo femenino en el país, cada vez son más las mendocinas que aceptan el desafío de eliminar por knockout los prejuicios de un reducto históricamente dominado por varones y buscan ganarle el combate a una sociedad tan cerrada como la nuestra.

Según explica José Rasjido, presidente de la Federación Mendocina de Box (FMB), entidad que nuclea a las boxeadoras amateurs, “cuando ven pelear a una mujer muchos lo toman como un espectáculo gracioso, a pesar de que no lo es, y se ríen. Cuando un varón tropieza, se cae, tira un golpe desmañado o no técnico, produce en el público cierta risa, pero con las boxeadoras esto es mucho peor, por el machismo que tenemos”. De acuerdo con la socióloga especializada en temas de género Rosana Rodríguez, las pugilistas “ocupan un lugar al que no fueron invitadas. Más de uno podría afirmar, ingenuamente, que con su acceso al boxeo se han superado todas las desigualdades de género. Sin embargo, es un proceso de incorporación de las mujeres en el espacio público que se realiza en condiciones desventajosas. Hay quienes se oponen a su práctica porque las mujeres tienen que cumplir con el ‘ideal’ femenino socialmente asignado, que resulta incompatible con el boxeo”.

“De todas maneras –aclara Rasjido– los mendocinos ya han absorbido ese primer choque inicial, cuando era común escuchar ‘cómo van a pelear dos mujeres, qué van a hacer arriba del ring’. Ahora hay más respeto y la mayoría de las boxeadoras recibe la consideración que merece”. Néstor Paredes, secretario de la FMB, destaca “el buen boxeo de la mayoría de las chicas y la pasión con la que aprenden. Hay algunas aguerridas, que cuando les sueltan las riendas arriba del ring les brota en la pelea toda la furia que tienen adentro”, define.

Victoria González –en la actualidad está en la selección argentina de boxeo–, Yésica Marcos, quien se apresta a integrarla prontamente, Daiana La Colo Marín, Daniela Sambrano, Mara Díaz, Alexia Pérez y Ana Vicencio son algunas de las más prometedoras púgiles mendocinas. Son 10 las mujeres que actualmente combaten; no obstante, hay muchas más que entrenan a diario en los gimnasios esperando su debut.

Las razones que las impulsan a boxear son disímiles. Muchas se decidieron influenciadas por la impronta paterna o para seguir los pasos de algún hermano, varias se eclipsaron ante el televisor con las imágenes de boxeo femenino en peleas internacionales, o con la avasalladora mezcla de pericia técnica y glamour de la formoseña Marcela La Tigresa Acuña –ostenta la licencia de boxeadora profesional número 1 de Argentina–, o con Natalia Oreiro en el rol de La Monita Muñoz. Otras, en tanto, ingresaron a los gimnasios para bajar algunos kilos, terminaron cediendo a la tentación de golpear la bolsa y, más tarde, al placer de medirse hasta con los mismos varones. “Varios se sorprenden cuando son golpeados por las chicas”, narra Paredes. De hecho, como parte de su entrenamiento las púgiles necesitan de la colaboración de sus compañeros para “guantear”. Es que si bien los gimnasios de la provincia colman sus matrículas con mujeres de todas las edades que practican aerobox o gym box, quienes se dedican en Mendoza al boxeo amateur deben concurrir a reductos exclusivos de la disciplina, donde los hombres son mayoría aplastante. Pese a lo que se puede suponer, todas las boxeadoras consultadas destacaron el respeto en el trato que les prodigan sus pares varones y confesaron su enojo cuando alguno de ellos les pega tímidamente por temor a hacerles daño. “La mujer –dice Rasjido– tuvo que ingresar al ámbito de entrenamiento del hombre. No les queda otra que escuchar el vocabulario de ellos y hasta tienen que compartir el mismo camarín. El técnico tiene que decir: ‘Muchachos, sálganse que va a cambiarse la chica’ y formar a sus deportistas en el respeto”. Después de tanto trajinar los cuadriláteros y entrenar esforzadamente todos los días durante varias horas, las boxeadoras ya han ganado muchos rounds, quizás los más difíciles, en la contienda por abrirse camino frente a una sociedad que no acaba de aceptar su elección de vida y su práctica deportiva. Sin embargo, todavía les faltan varios para alzar, triunfadoras, los brazos. Porque, como dice la púgil Paula Carmona, “en esto hay que hacerse lugar”.



Poner el alma y el cuerpo

“En mi segunda pelea tenía todo el ojo levantado y morado. Cuando bajé del ring recién me di cuenta. Arriba sentís el impacto, pero no te duelen los golpes”, relata Daiana Marín.

Casi todas las entrevistadas aseguran que al pelear sienten más nervios que miedo, que la adrenalina es inexplicable y que no les temen a los puños en el rostro, aunque luego confiesan que nos les gustaría quedar con la nariz deformada. Por otra parte, Rasjido cuenta que en Mendoza “nunca se ha dado una definición en que la chica quede tendida por knockout y tampoco son comunes los cortes. Es porque las mujeres no tienen un golpe tan contundente”, explica.

Algunas de las chicas recuerdan pasados sombríos, con luchas callejeras o golpes en el patio de la escuela, y sostienen que a través del boxeo se han fortalecido y ya no se sienten vulnerables. Ahora prefieren usar las manos sólo arriba del ring.

La psicóloga María Elsa Almada diferencia entre el “entrenamiento para” y el “ser” boxeadora. Asegura que “pegarle a una bolsa, a un rival imaginario, es liberador, posibilita una descarga de tensiones, reconocer la agresividad y controlarla”. En cuanto al boxeo como opción de vida, los golpes, el dolor y la exposición a lesiones, la profesional asegura que muchas veces “lo que la voz no expresa lo literaliza el cuerpo”. Y, reflexiona: “Cabría preguntarnos qué espacio reclama una mujer en una pelea, qué demanda, qué lugares se ganan o se pierden”.


Requisitos para entrar al cuadrilátero

Para ser boxeadora, según el presidente de la FMB, José Rasjido, “hay que tener como mínimo 16 años, cumplimentar los estudios médicos estipulados por la Asociación Internacional de Boxeo Amateur, que son los mismos para el varón, excepto el test de embarazo que debe dar negativo 48 horas antes de la contienda”. Además “tiene que reunir un mínimo de seis meses de entrenamiento para combatir y obtener la licencia de boxeadora en la FMB. Si es menor necesita la autorización de sus padres o tutores”.


Un deporte

Según el reglamento de la FAB, “boxeadora es la atleta, que debidamente habilitada, convenientemente preparada y dotada de requisitos técnicos y físicos, enfrente a adversarias en equivalentes condiciones, en local apropiado, sobre ring reglamentario y bajo observancia de las reglas oficiales que subordinan la práctica regular del boxeo”.




500
boxeadoras amateurs hay en Argentina y 27
profesionales, según las cifras
de la Federación Argentina Box.


Categorías amateurs

La categoría de cada boxeadora se determina por su peso corporal. Según estipula la FAB, las categorías del boxeo femenino difieren de las del masculino y son las siguientes:

Mínima (hasta 45kg)
Minimosca (hasta 48kg)
Mosca (hasta 51kg)
Gallo (hasta 54kg)
Pluma (hasta 57kg)
Ligero (hasta 60kg)
Welter (hasta 63,5kg)
Súper welter (hasta 67kg)
Mediano (hasta 71kg)
Súper mediano (hasta 75kg)
Pesado (hasta 81kg)
Súper pesado (más de 81 kg)



19 años. Ella es Mara Díaz.


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