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 Febrero de 2007
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Policiales
Asesinaron de 7 balazos al guardia de un cementerio
Fue en el parque de descanso Oasis de Paz, de Maipú. El hombre se encontraba junto a un compañero, quien recibió un disparo en la mano. Los tres delincuentes no se robaron nada.

Rosana Villegas
rvillegas@diariouno.net.ar

La medianoche en ese parque de descanso de Maipú era muy tranquila, casi como todos los días. Tal vez por eso los dos vigilantes decidieron tomar unos mates en una pequeña casilla y allí uno de ellos encontró la muerte. El joven, de 32 años, recibió siete tiros en el cuerpo, mientras que su compañero fue baleado en la mano.

Media hora más tarde de las 0, uno de los guardias del cementerio parque Oasis de Paz, en la calle Cruz Videla, levantó la vista y por la pequeña ventana de la casilla vio a un joven alto y de pelo largo. No alcanzó a decir nada, porque en el instante comenzó una lluvia de balas que ingresó por las tres ventanas de la construcción.

En apariencia, la mayoría de los proyectiles iban dirigidos a Esteban Oscar Toledo, por eso en medio de la balacera su compañero Roberto Pedro Leiva (62) intentó desenfundar su arma. Pero fue inútil: en ese movimiento recibió un certero disparo en la mano derecha que se lo imposibilitó.

Leiva intentaba reponerse del dolor cuando observó cómo los tres delincuentes saltaban la medianera del cementerio. En ese momento, el hombre intentó ayudar a su compañero y vio que estaba gravemente herido, por eso decidió pedirle ayuda a la Policía y para eso usó uno de los tres celulares que los agresores eligieron no llevarse.

La novedad hizo que de inmediato se derivara hasta allí un móvil policial y dos unidades del SEC, que trasladaron a Toledo al hospital Lagomaggiore y a Leiva al Central.

Sin embargo, los médicos del Lagomaggiore nada pudieron hacer para salvarle la vida al joven de 32 años, ya que los proyectiles que recibió le habían determinado la muerte.

No fue menor la sorpresa de la policía que trabajó en el caso cuando descubrió que los agresores no se habían robado nada. En la casilla en la que fueron sorprendidos los guardias quedaron los dos celulares de las víctimas y el de la empresa. También se encontraron las dos pistolas calibre 32 de los baleados.

Según información extraoficial, ninguno de los cuidadores –habían ingresado a las 20 a su trabajo– alcanzó a disparar su arma cuando fueron atacados.

Intactas se hallaron además las puertas de ingreso de la oficina del cementerio parque y del galpón donde se guardan las máquinas.

A escasos metros de la casilla estaban estacionados el Fiat 128 y el Dodge 1500 de las víctimas, pero los autos tampoco les interesaron a los agresores.

Todos los elementos encontrados en la escena del crimen llevan a los pesquisas a inclinarse a que se haya tratado de un ajuste de cuentas.

No obstante, el caso de homicidios pasó ayer a manos del fiscal Luis Correa Llano, de la Oficina Fiscal de Delitos Complejos, para que continúe la investigación con el testimonio del único testigo del asesinato: el guardia que sobrevivió al ataque.



Cómo fue

Los dos guardias tomaban mate en una casilla y fueron sorprendidos por los agresores.


Sin mediar palabra comenzó una lluvia de balas que ingresaron por las tres ventanas de la casilla.


El hombre que sobrevivió recibió un disparo cuando fue
a sacar su arma.



Impactos. En la ventana del frente quedaron dos agujeros productos de la balacera. En el piso, manchas de sangre.

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