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 Diciembre de 2006
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Escenario
Una película que abre la discusión
No a Los papelones El periodista y realizador cinematográfico Eduardo Montes Bradley muestra en su documental el lado oscuro de los ambientalistas de Gualeguaychú, a los que trata de “hipócritas”.

Patricia Rodón
prodon@diariouno.net.ar

Periodista, escritor y realizador cinematográfico, Eduardo Montes Bradley crea desde hace años libros y documentales tan polémicos como celebrados.

Curioso impenitente, Montes Bradley es el director y guionista de No a los papelones, crítico documental que aborda el conflicto que sostienen los asambleístas de Gualeguaychú ante la instalación de las papeleras Botnia y ENCE en Fray Bentos. Hasta el momento, No a los papelones no se verá en Argentina. Se estrenará el 12 de enero en Uruguay.

El realizador de Harto de Borges y Cortázar: apuntes para un documental se mantiene imperturbable ante las críticas. “Es increíble lo que dicen los imbéciles que opinan sin haber visto la película”, dice Montes Bradley. “Mi casa se ha convertido en una suerte de sala privada. Ha venido a verla gente como Horacio González, Quintín, Sebreli, Rozichtner. Todos coinciden en que es un ensayo”, agrega con ironía.

En diálogo con Escenario, Montes Bradley explica las claves de su trabajo y las razones de la polémica.

–¿Qué te impulsó a filmar un documental sobre este tema?
–El impulso fue catártico-constante. Comencé tras los pasos de las falsedades de un mapuche trucho, que se hacía llamar Nahuel Maciel y que había seducido a los bienpensantes porteños a principios de la década de los ’90, y terminé embarrado hasta las cachas en la frivolidad de una sociedad convencida de que el mozo del bar de la esquina es hijo de Dios sólo porque alguna vez dijo que se llamaba Jesús. Cuando me quise dar cuenta ya era demasiado tarde y estaba sumergido en un balde de manifestaciones retóricas producto de la confusión y la buena fe. La buena fe debería estar prohibida.

–¿Qué cosas no te cerraban del tema papeleras?
–Supongo que las mismas que a la mayoría de los argentinos. En principio me abrumó la idea de que los pseudoambientalistas de Gualeguaychú quisieran convencer a los fraybentinos de que iban a estar mejor haciendo muebles de madera o artesanías cuando en el lugar en el que ellos viven la revolución industrial alcanzó el clímax con lo que llaman “polo industrial”, donde conviven 23 fábricas y 2.000 obreros. El capitalismo es inaceptable, pero en la orilla de enfrente.

–¿Cómo fuiste encontrando y redactando tu denuncia acerca de la “hipocresía” de los ambientalistas?
–Fue fácil. Sólo tuve que dejar que hablaran. Entre la rigidez de sus paranoias ambientalistas y el sectarismo de su xenofobia rural queda poco lugar para interpretaciones propias.

–Para vos, ¿en virtud de qué proceso un vecino aburrido se convierte en un cortarrutas aburrido?
–Es el mismo proceso por el cual un burgués asustado acaba convirtiéndose en fascista. El fundamento de la conversión evangélica es el miedo, y la raíz del miedo es la ignorancia.

–¿Cuáles creés que son los intereses reales detrás de la pelea contra Botnia?
–No los hay. La chimenea de Botnia es a los pseudos ambientalistas de Gualeguaychú lo que las Torres Gemelas eran para Bin Laden y los pastores afganos. Babilonia revisitada (lindo título). Es otra manifestación del enfrentamiento entre la Ciudad de Dios y la Ciudad de los Hombres. Una verdadera pena que no leyeran las impresiones de Voltaire sobre la Bolsa de Comercio en Londres.

–En las entrevistas que realizaste para No a los papelones, ¿qué diferencias advertiste, o no, entre argentinos y uruguayos?
–Para los argentinos el tema es una “causa nacional”, para los uruguayos es un “asunto de Estado”. La diferencia es fundamental. Los asuntos tienen resolución, a favor o en contra; las causas sólo conllevan consecuencias. Mi película es una consecuencia de una causa nacional y no una respuesta al tema de las pasteras.

–¿Qué pensás del tratamiento que el tema de las papeleras ha tenido en los medios?
–Tuvo el tratamiento que tienen todos los temas que irrumpen violentamente en la sociedad. La única manera de establecer un debate social es por medios violentos. Creo que la noción fue introducida por Jorge Lanata. De allí que el trailer de mi película, de la que tanto se habla y nada se ha visto, haya sido violento.

–¿Qué opinás de la negativa de las distribuidoras a exhibir el documental en Argentina? ¿Te sentís censurado?
–No me siento censurado en lo más mínimo. Es un caso típico de “de eso no se habla”. También producto del miedo. Creo que se asustan cuando digo que los que bloquean la ruta son un puñado de idiotas. No está bien decirles idiotas aunque la baba se les caiga por la comisura de los labios del mismo modo en que vos podés decirle a un amigo que su hermana es hermosa pero no que es un bagayo. Volvemos a lo mismo: los argentinos tienen problemas para nombrar las cosas con su nombre.

–¿Hay alguna posibilidad de que la cinta se vea fuera de los circuitos comerciales?
–Sí. Pero para verla hay que pasar un examen y las preguntas son más o menos así: ¿Sabe usted a cuántos kilómetros del río queda la ciudad de Gualeguaychú? ¿Cómo se llama la planta de celulosa que puede olerse desde el balneario de La Florida en Rosario cuando la espuma blanca y contaminante besa la arena ennegrecida por el hollín? ¿Cuándo se estableció la separación de Iglesia y Estado en la República Oriental del Uruguay? o ¿porqué Greenpeace se lavó las manos como Pilatos para no quedar pegado con los mutantes de Arroyo Verde?
–¿Te han amenazado?
–Sí.

–¿Esperabas que No a los papelones produjera esta polémica?
–No.

–¿Qué pensás de la actitud del Gobierno argentino frente al tema? ¿Y del uruguayo?
–Para unos es una causa, para los otros, un asunto. Unos sufrirán las consecuencias; los otros lo resolverán para bien o para mal.

–¿Creés que la mediación de La Haya sirve para algo?
–Por lo pronto, esta vez no recurrimos al cardenal Samoré, al Papa, a la Virgen del Rosario ni a la reina de Inglaterra. Finalmente hemos optado por la razón y los hombres. Aunque claro, también esta vez nos fue negada la luz celestial.

–¿Qué te molesta más? ¿La hipocresía o la estupidez?
–¿Tengo que elegir?



Un documental polémico

Desde el trailer, No a los papelones (puede verse en YouTube.com) es sumamente crítico con la postura de los ambientalistas “piqueteros”. “Es un conflicto bananero a punto de convertirse en causa nacional y el coqueteo de los argentinos con la paranoia”, dice. El filme se concentra en el conflicto por la instalación de las plantas de celulosa en la margen este del río Uruguay para descubrir la fragilidad y la ingenuidad de vecinos alentados por sus miedos más profundos. No a los papelones denuncia la faz hipócrita de los vecinos de Gualeguaychú y muestra una multitud de fundamentos escalofriantes sobre la naturaleza frívola de las causas nacionales.


En foco

Eduardo Montes Bradley (1960) es cordobés y ha filmado más de 30 documentales.


No a los papelones no se verá por ahora en la Argentina. Se estrena en Uruguay el 12 de enero.


Sus trabajos son
exhibidos en foros, festivales y
universidades de EE.UU. y Europa.


Ha publicado, entre otros libros, Osvaldo Soriano: un retrato, secuela del documental homónimo, y la biografía Cortázar sin barba.



Contaminación. El fotograma corresponde a la planta Unilever, del lado argentino del río Uruguay. Montes Bradley muestra las muchas industrias que contaminan y ante las que los ambientalistas callan.

Montes Bradley. Editorial Sudamericana publicará el guión de la cinta.

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