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domingo 19 de junio de 2016

Oscar David: "Todos mis hijos me siguieron en la empresa"

Maneja junto con ellos el complejo mayorista que lleva su nombre, un rubro en el que arrancó hace 40 años. Los sucesores afirman que les ha inculcado "la honestidad, la humildad y el sentido de la responsabilidad"

El despertador de Oscar David (67) suena todos los días a las 6.15. Es que a las 7 él mismo levanta las persianas del mayorista homónimo, en el que diariamente compran miles de mendocinos. Varios de ellos no se van sin antes saludarlo con un abrazo o una palmada en la espalda. No les es difícil encontrarlo. Cualquiera supondría que está en el primer piso, donde se ubican las oficinas del directorio y las salas de reuniones. Sin embargo, allí reina el silencio y las luces están apagadas. Si no está entre las cajas o los pasillos, anda seguramente por la zona de atención al cliente, tratando con ellos, en medio de la vorágine de trabajo, donde también se ven ir y venir, entre los empleados, sus 4 hijos y su esposa.

Empezar a recrear el rol de Oscar como padre a partir de estas escenas cotidianas no es algo al azar. Es que, más allá de que ahí comparten gran parte del tiempo, el éxito de esta empresa tiene como cimientos los mismos valores que le sirvieron a él para forjar su familia y que se ponen de manifiesto a simple vista en el contacto directo y atento que mantiene con la gente, porque para él el capital humano es su mejor aliado.

"Cuando se fueron haciendo grandes, tenían dos opciones: o ingresaban a la empresa o seguían su camino. Y todos eligieron estar acá. Y qué mejor para un papá que que los chicos sigan sus pasos", afirmó orgulloso el hombre oriundo de Luján que se convirtió en padre en 1972, cuando nació Rubén, en la época en la que aún vivía en una casona de Vistalba, que hoy luce pintada en un cuadro a sus espaldas. Ahí se crió junto a su papá, Rolando, y su mamá, Cecilia, quien a sus 88 años es hoy la cajera de una de las panaderías que manejan.

Cuando fue papá, tenía 24 años, era repartidor de gaseosas y llevaba un año casado con Silvia D'Innocenzo. "A los dos años nos trasladamos con nuestro primer hijo al barrio Unimev, donde tuvimos nuestra casa. Yo renuncié y aproveché la clientela para empezar a repartir fiambres. Pero también dividimos la cocina y pusimos un mostrador, donde mi mujer vendía", relata acerca de cómo se iniciaron en el rubro, contando que les empezó a ir bien y que eso los llevó después a construir un local en el fondo de la vivienda y a empezar a sumar gente y vehículos para el reparto. A la vez, iba creciendo su familia que se completa con Analía (39), Cristian (36) y Hernán (34) –ahora está de viaje–.
A pesar de las horas que le dedicaba a su trabajo, su familia afirma que fue un padre presente. "Nos cargaba en una camioneta para llevarnos a jugar, a pesar de que estaba levantado desde las 7. Tengo amigos que siguen recordando eso. No es fácil que te frenen en la calle para mandarle saludos, que puedas ir con la frente en alto porque él ha sido siempre un hombre honesto. Eso no se compra", recuerda el mayor (44), que llegó a ser arquero de la primera división de fútbol de Mendoza y que se recibió de contador. Es que Oscar también se hizo tiempo para ser dirigente del Club Murialdo y encabezó la comisión de padres de la escuela donde sus hijos estudiaban.

La palabra honestidad aparece cada tanto en la entrevista, pronunciada por quienes lo describieron, pero también por él mismo, al hablar de la retribución que recibió de las personas que lo acompañaron en su crecimiento y a quienes, afirma, les debe lo que alcanzó. "Es un emprendedor, siempre a full y solidario con los empleados, con los clientes, honesto y también exigente", confesó Cristian. Su hermana, además de destacar que con sus seis nietos es un abuelo compañero y amigo, agregó: "Nos ha inculcado la humildad y responsabilidad, pero sobre todo nos enseñó siempre a decir la verdad".
Al ser consultado sobre la fórmula que implementó para criarlos, David confesó: "Hay que ponerle corazón, pasión y dedicación a todo. Si no, es muy difícil que cualquier cosa funcione. Con los hijos hay que saber ceder, nunca hay que imponer nada. Pero también hay que saber pedir perdón". Eso dijo el líder de este mayorista que salió a la cancha con todo hace dos años, a partir de una decisión consensuada en la familia, para darles pelea a los gigantes hipermercados. Hoy tiene a su cargo a más de 250 empleados, entre ellos, muchos empezaron con él.

Por eso, aseguró que todos son su familia y que él trabaja a la par de sus hijos, ya que, recalca, ahí no hay títulos. "Un cuerpo puede tener una cabeza, pero si no tiene brazos, pies, manos, no sirve para nada. Por eso esto funciona", declara desdibujando la brecha generacional, aunque sí destaca que es exigente y que, cada tanto, les recuerda que mantengan buena presencia, pero que siempre prioricen estar atentos al público, no mentirle y ser hombres de palabra. Esa es su marca, tanto fuera como puertas adentro de su hogar.
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