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domingo 24 de julio de 2016

La pesadilla del tarifazo

El Gobierno quiso ajustar por las malas, improvisó y se enfrentó con una sociedad empobrecida. ¿Tan difícil era suponer que los aumentos propuestos resultarían impagables?

Arrancó el segundo semestre. Pero en lugar de discutirse el crecimiento de la economía, la creación de empleo o el freno a la inflación, la agenda de la opinión pública se llenó del debate sobre el tarifazo. En el Gobierno, sin embargo, no creen que esta puja sea una derrota política. Y confían en poder salir del atolladero en el corto plazo. Con un objetivo claro y urgente: recomponer la gestión con anuncios que tengan visión social, como el nuevo Procrear, las exportaciones, el restablecimiento del INDEC y el financiamiento para la compra de celulares.

El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, llamó a no pagar las facturas de gas. Es un mensaje atípico de parte de un funcionario del Gobierno que dispuso el mismo aumento que se discute. "Es que hoy no hay una tarifa, la Justicia frenó el aumento, al menos por el momento, y hay que volver a refacturar todo", explica el funcionario en privado.

El Gobierno no pudo superar su propia impericia: improvisó, se equivocó, dio marcha atrás y permitió la judicialización y la incertidumbre. El tarifazo vuelve a calentar la inflación.

En el Gobierno también se respira cierto enojo por cómo el tarifazo de gas se ha convertido en un verdadero berenjenal legal.

A tal punto, que las resoluciones se complementan y superponen –cuando no se contradicen directamente– unas con otras.

Este contexto de confusión legal, malestar social, marchas y contramarchas en las medidas técnicas acrecienta, inevitablemente, la interna a nivel político.

En el Ministerio de Energía creen que la próxima semana habrá una solución definitiva sobre la forma y frecuencia para la facturación del servicio.

Mientras aguardan tal decisión, en las oficinas vecinas a la del ministro Juan José Aranguren, los funcionarios admiten diferencias –y hasta cierto malestar– con el resto del Gobierno por la manera de diagramar el ajuste tarifario.

En concreto, la principal crítica que realizan los técnicos de Energía se vincula con los topes dispuestos para los aumentos, medida que el Ejecutivo debió adoptar en respuesta a la ofensiva legal que amenazaba con dejar sin efecto cualquier tipo de incremento.

De acuerdo con la visión de estos especialistas, la imposición de dichos topes no hará otra cosa que terminar castigando a los clientes más pequeños.

La hipótesis oficialista es desdramatizar las consecuencias del peor error cometido por la nueva gestión: en definitiva la Justicia no frenará este año los aumentos, lo cual lleva a pensar que nada impediría aplicar el nuevo cuadro tarifario en el corto plazo.

Ante las críticas generalizadas, que no incluyen por lo general un cuestionamiento a la imperiosa necesidad de fondo de revisar las tarifas irracionalmente congeladas por más de una década, el Gobierno cambió el foco y fue del debate sobre el precio de una unidad de consumo a la discusión sobre el valor total de la factura.

La verdad es que, más allá de los errores económicos y del costo fiscal, las decisiones técnicas sobre el costo de las tarifas, en los países más serios, parten de la base y se vinculan obligadamente con el consumo. El principio: cada usuario debe poder pagar lo que consume por el servicio. O sea, para determinar el costo de la tarifa, además de la cantidad de metros cúbicos consumidos, se arranca por el estudio del nivel de ingresos de los usuarios. Costos vs. ingresos: elemental. ¿Por qué no se preparó Cambiemos para hacer las cosas bien? ¿Tan difícil era suponer que la tarifa propuesta resultaría impagable?

Al Gobierno nacional le gustaría que la agenda pública fuera hoy sobre los reintegros a las compras de jubilados y planes sociales, la financiación de celulares 4G o los pagos de juicios a jubilados que reglamentarán en los próximos días. O los datos que muestran sus encuestas, acerca de gente que cree que ya hay alguna recuperación económica. Esa sería la agenda que preferirían. Pero el segundo semestre comenzó, y lo que está en la calle es el tarifazo. Deseos contra realidad.
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