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domingo 08 de mayo de 2016

La economía, entre las promesas y la realidad

Caerán la actividad productiva y el consumo y la inflación será muy alta, según el presente. ¿Mejorará en el segundo semestre?

Resultan evidentes los ruidos que surgen en la luna de miel de Macri con la sociedad. Esta foto tiene que ver con las consecuencias indeseadas de medidas, que en el corto plazo operan contra el crecimiento económico. Y, además, con la inflación derivada del exceso de emisión del pasado y los ajustes de precios relativos del presente, que se traducen en aumentos del nivel de precios de proporciones estratosféricas.

El principal problema del país es la estanflación", dijo Martín Redrado, ex presidente del Banco Central, esta semana en Mendoza, al analizar la economía en la era Macri. Su referencia era clara: nulo crecimiento mezclado con alta inflación.

La combinación de estos últimos dos factores ofrece al pueblo su más clara consecuencia inmediata en el desplome del consumo, el aumento de la pobreza y la pérdida neta de puestos de trabajo. El recorte se empieza a generalizar en las familias, las pymes y las grandes compañías, al calor de tarifazos y aumentos de combustibles que rompen bolsillos, mientras los despidos en el Estado y en algunos sectores privados empiezan a volver una quimera buscar trabajo. Cuando el mercado interno se achica y el mundo compra cada vez menos, la economía se paraliza.

La película que nos muestran solo refleja el horizonte del segundo semestre. Será en septiembre u octubre cuando se vea clara la costa luego de tanto remar, y recién en 2017 estaríamos tocando tierra firme, si se cumple el pronóstico oficial.

La foto dice que caerán la actividad productiva y el consumo, también el empleo, y que la inflación será demasiado alta. Nada al fin que no sea percibido por la gente e inquiete a gente, acentuado por un reparto desparejo de las cargas.

Aún está por verse la película o, mejor dicho, si corregidos unos cuantos estropicios heredados del kirchnerismo el panorama empezará a mejorar entrado el segundo semestre, tal cual prometen Alfonso Prat Gay y el propio Macri.

Tampoco parece posible la meta del 25% de inflación, ya que acumulamos poco menos de 20% en los primeros cuatro meses. Asimismo perdió vigencia el argumento que, para le economía en su conjunto, estábamos cursando el pass through (pase de la devaluación a precios) más exitoso de la historia, porque la inflación no se había comido la devaluación "como en 2014".

Eso tampoco se está verificando. En 2014 los precios subieron 20% entre comienzos de diciembre de 2013 y fines de abril, con una devaluación de 35% , y ahora tenemos 23% de inflación con devaluación de 47% en un lapso similar. Se observan proporciones relativamente similares, que se pueden parecer aún más si a fin de mes el dólar sigue en estos valores y los precios suben 3 o 4%.

Buena parte de los desbarajustes que hoy padecemos, se deben a los excesos de un Estado que tomó dimensiones que no se condicen con los impuestos que estamos dispuestos a pagar, lo cual tiene, como resultado inevitable, el déficit fiscal.

El presidente quiere que Argentina haga lo mismo que muchos otros países antes pobres que han sabido prosperar, pero para lograrlo tendrá que convencer a los demás de que valdrá la pena sacrificar el presente en aras del futuro. No será fácil. La sociedad es muy conservadora. Se resiste a cambiar.

No se trata de salir del default y hacer magia. Prat Gay sinceró los desafíos: "Somos muy conscientes de que, pese a la potencialidad de la Argentina, un 30% de la gente, 12 millones de personas, no llegan a fin de mes. Es inadmisible. Estamos tomando decisiones que tienen un costo. El plan de primer empleo, devolución del IVA de la canasta básica y la tarifa social significan $70.000 millones, el 1% del PBI".

La experiencia enseña que la apertura financiera por sí sola no es la solución a los problemas económicos.

La tentación es que se utilice para financiar el déficit del sector público, el atraso cambiario y, posteriormente, la fuga de capitales.

Salvo la financiera, que corre con viento a favor, la inversión privada aguardará ver un horizonte menos difuso. O sea, el resultado de las paritarias, la marcha de la inflación y de la demanda; los aumentos tarifarios pendientes y el tipo de cambio.

Lo último que se pierde es la esperanza y la paciencia popular aun está contenida dentro de límites que permiten la viabilidad del plan en curso. Sucede que tener esperanza y contar con paciencia, no quiere decir que se renuncia al derecho a perderla.
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