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lunes 23 de mayo de 2016

El comercio mundial va hacia un nuevo modelo

Fin de ciclo. Los tratados de libre comercio ya no seducen a la opinión pública, que se muestra hostil, ni a los aspirantes presidenciales.

Por Antonio Rodríguez

Antaño prometedor, el comercio mundial se ha convertido en un espantapájaros. Lo demuestran las arengas de Donald Trump, las reticencias de François Hollande con el tratado transatlántico TTIP, las dificultades de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la hostilidad creciente de la opinión pública.

"Deberíamos alegrarnos de que termine la era de los tratados de libre comercio que desde hace tiempo se han convertido en apretones de manos en el interés de las empresas y de los inversores , dejando poco espacio a los trabajadores".

Estas palabras no están extraídas de un manifiesto proteccionista, sino del New York Times, y su autor es Jared Bernstein, ex consejero económico del vicepresidente estadounidense Jo Biden.

En la opinión pública, estos acuerdos son cada vez más impopulares, tal y como demuestra la movilización en Europa contra el proyecto de tratado de libre comercio con Estados Unidos (el llamado TTIP, o Tafta).

En Estados Unidos, el comercio internacional tampoco levanta mucho entusiasmo.

"Ocho años después de la crisis de 2008 y después de 40 años de estancamiento de los ingresos medios de los hogares estadounidenses, la gente se despierta y está encolerizada", explicó el analista Nicholas Dungan, investigador del Atlantic Council en Estados Unidos.

Los dirigentes políticos no dudan en aprovechar esta desconfianza para hacer campaña.

El magnate Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, ha hecho de la lucha contra el comercio internacional uno de sus caballos de batalla, y no deja de arremeter contra el NAFTA, el TLC firmado en 1994 con Canadá y México.

"No podemos seguir permitiendo que China viole nuestro país", dijo recientemente en uno de sus discursos. Hillary Clinton, favorita para obtener la candidatura del Partido Demócrata, también ha denunciado estos tratados "que sobre el papel parecen a menudo fabulosos pero luego no están a la altura".

En Europa, el presidente francés François Hollande dijo por su lado no al TTIP.

Reliquias
Desde las antiguas rutas de la seda a los tratados de libre comercio posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional se ha visto a menudo como un vector de paz, intercambio y progreso.

"El efecto natural del comercio es conducir a la paz", escribía el filósofo francés Montesquieu en el siglo XVIII, fiel al espíritu de la Ilustración.

"Hemos entrado en un período en el que los acuerdos comerciales son cada vez más controvertidos, pero es demasiado temprano para decir si hemos llegado al fin del libre comercio, porque todavía se están negociando tratados importantes", afirmó David Torn, profesor en la Universidad de Zúrich y coautor de un estudio titulado El síndrome chino.

El documento achaca a las exportaciones chinas un cuarto del retroceso del empleo manufacturero en Estados Unidos de 1997 a 2007.

"Esto por supuesto crea el miedo de que una mayor integración comercial podría conducir a la pérdida de más puestos de trabajo", explica.

"Hemos llegado a un estadio en el que se pone en cuestión el libre comercio sin trabas, que no toma en cuenta el medio ambiente", indicó Henri Landes, profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París.

Según él, dichos acuerdos están superados y deberían reducirse a reliquias para dejar lugar a tratados que favorezcan más la economía circular y de proximidad , pues de lo contrario "estaremos obligados en un momento dado a volver al proteccionismo".

La desconfianza hacia estas superestructuras comerciales no es exclusiva de las masas populares, y también es evidente en gobiernos e instituciones.

La Organización Mundial de Comercio (OMC) todavía no logra su finalidad de liberar el comercio en todo el planeta. Por eso su influencia esa cada vez menor.
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