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martes 06 de septiembre de 2016

Brexit: presionan al Reino Unido para que se decida

Los aliados le reclamaron que precise sus intenciones y estrategias para abandonar el bloque comunitario.

Las presiones al gobierno británico para que precise sus intenciones y su estrategia ante el Brexit se multiplicaban ayer desde la Cumbre del G20 y Bruselas, ante la falta de concreción sobre el proceso a seguir para abandonar la UE, más de dos meses después del referendo.

En Hangzhou, en China, el optimismo que trataba de transmitir la primera ministra conservadora, Theresa May, sobre las grandes posibilidades abiertas por el Brexit chocó con una acogida tibia por parte de sus socios, mientras que en Londres, su ministro encargado de materializar la salida de Reino Unido de la UE fue abucheado por la oposición en el parlamento.

May había reconocido el domingo que a la economía británica le esperaban "momentos difíciles": en la Cumbre del G20 recibió un anticipo de los obstáculos a los que se enfrentará.

El presidente estadounidense Barack Obama pospuso la firma de un acuerdo con Reino Unido en materia económica hasta el fin de las discusiones sobre el tratado transatlántico de libre comercio con la UE (TTIP) y Japón advirtió de que sus empresas podrían abandonar el territorio británico en caso de cambios drásticos, urgiendo a Londres a presentar cuanto antes "un cuadro completo del proceso del Brexit".

Aunque la jefa de gobierno británica, que quiere hacer de su país un "líder mundial del libre comercio", anticipó ayer una serie de posibles acuerdos comerciales, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ya había advertido la antevíspera de que mientras su país forme parte de la UE, no tiene derecho a negociar ese tipo de acuerdos.

Terreno desconocido
El gobierno británico quiere orientarse hacia un acuerdo "específico", diferente de los modelos existentes entre la UE y países como Noruega, Suiza o Canadá, afirmó May ante sus ministros la semana pasada.

Pero por ese motivo, los futuros socios de Londres se moverán en terreno desconocido durante un periodo que fácilmente durará dos años, el tiempo máximo acordado en caso de las negociaciones de salida de la UE.

Esta incertidumbre pesará sobre la economía británica incluso si, en un primer momento, el golpe del referéndum ha sido encajado mejor de lo previsto.

La fecha misma del inicio de las conversaciones sigue siendo desconocida: "No antes de finales de año", es lo único que garantiza May cada vez que es interrogada al respecto.

La única certidumbre se refiere a la inmigración: se acabó la libre circulación de ciudadanos europeos. Los electores británicos "quieren que seamos capaces de controlar la circulación de personas provenientes de la UE", afirmó la que fuera ministra de Interior.

Pero en lo relativo a las modalidades, el suspenso sigue siendo absoluto. La primera ministra ha rechazado un sistema de puntos comparable al empleado en Australia preconizado por su ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, uno de los abanderados del Brexit, al considerar que no es lo suficientemente eficaz debido a su carácter automático.

Descartaron otra consulta popular
El ministro para la Salida de la Unión Europea (UE), David Davis, dijo que está tras la búsqueda de una nueva relación con la Unión Europea, al descartar un segundo referendo.

Davis hizo una declaración ante los Comunes en la primera sesión parlamentaria tras el receso estival, en la que dio detalles sobre las implicaciones del divorcio británico de los Veintiocho a la luz del resultado del referendo del 23 de junio.

En esta sesión, los diputados debatieron acaloradamente una petición on line respaldada por cuatro millones de firmas, en la que se solicitaba la convocatoria de un segundo plebiscito europeo, después de que 51,9 % de los ciudadanos votara por la salida de la Unión Europea (UE) frente a 48% que prefería mantener los lazos con Bruselas. Afirman que los ciudadanos atraviesan "un período de incertidumbre sin precedentes".
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