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Lunes, 25 de julio de 2011

Uruguay, la fuerza de un equipo de amigos

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Por Facundo Sava
Ex jugador de fútbol
Para la agencia Télam

"Este es un grupo de amigos". La frase me llamó la atención. Primero la dijo Diego Forlán, después su compañero Luis Suárez, ambos en la jornada previa a la final de la Copa América Argentina 2011 que Uruguay, el grupo de amigos, le ganó a Paraguay por 3 a 0.

"Somos un grupo de amigos y esa es la clave de nuestro éxito tanto en el Mundial de Sudáfrica como en la Copa", explicaron.

¿Qué es un amigo? Es una persona que te acepta con tus virtudes y tus defectos, que te escucha, te abre los ojos, te acompaña, te aconseja y se deja aconsejar, está en los momentos difíciles más que en los buenos, con el que uno puede jugar y divertirse. La persona con la que uno cuenta siempre.

Yo estaba terminando un campeonato en el Celta de Vigo cuando me sonó el teléfono: "Hola -me dijeron del otro lado-. Mi nombre es Unai Emery y soy el director técnico del Lorca, de Segunda. Te he visto jugar y me gustaron algunas cosas de tu comportamiento. Quisiera que vinieras al club para el año próximo. Si no te opones, mañana va el director deportivo a explicarte el proyecto".

Acepté y así fue: al otro día, en el aeropuerto de Vigo, me reuní con el director deportivo del Lorca. "Unai quiere armar un grupo de amigos", me dijo. La presentación me conmovió.

Después me desarrolló la idea, el proyecto. Me contó que para Unai (actualmente entrenador de Valencia, de Primera División de España), el manejo de grupo era fundamental. Me insistió en la idea de conformar un plantel en el que todos se sintieran amigos.

Fue tan convincente que volví a mi casa y le dije a mi mujer: "Nos vamos a Lorca".

Aquel año fue uno de los mejores de mi carrera, aunque quedamos a un punto del ascenso a Primera. Todos los días hacíamos reuniones antes de los entrenamientos para hablar, corregir cosas, acentuar virtudes; Unai nos preguntaba qué le sacaríamos a la práctica, o qué le agregaríamos. Fomentaba nuestra participación.

Teníamos tres o cuatro capitanes: "No quiero que caiga sobre una sola persona toda la responsabilidad del grupo", nos explicaba.

Era una conducción horizontal, en el que no quedaban malentendidos sin aclarar, con un diálogo permanente entre los jugadores.

En fin: nos ayudábamos, nos divertíamos, nos entrenábamos cada día como si fuera el último. Nos identificamos con el entrenador y sus métodos de trabajo, los hicimos propios. Fue un placer estar ese año allí. Con un grupo de amigos.

Pasé por experiencias similares, con técnicos que fueron maestros como Carlos Griguol, y me da la sensación de que es lo que está pasando con Uruguay de la mano de Oscar Tabárez, que en la final de la Copa América, y mientras toda la cancha le pedía al Loco Sebastián Abreu, hizo entrar a Diego Godín: el único jugador de campo que no había tenido minutos hasta allí en el certamen.

Eso es un plantel de amigos. En el que los defensores son los primeros atacantes y los atacantes, los primeros defensores. En el que nadie se queda mucho tiempo con el trofeo de campeón sino que lo comparte rápidamente con el que tiene al lado. En el que todos caminan juntos, abrazados, saludando a su gente. En el que nadie, nunca, se queda solo.

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