dakar | 2012
Domingo, 15 de enero de 2012Para los fierreros, el Dakar es Dysney
Final de una competencia única. No hay privilegios en esta experiencia extrema. El Dakar rompe con las diferencias y los esquemas.
Por Mariano Oliveros
@MarianoOliveros
Enviado especial de América24
Para los fierreros, el Dakar es Dysney.
Final de una competencia única. No hay privilegios en esta experiencia extrema. El Dakar rompe con las diferencias y los esquemas. Por Mariano Oliveros.
Se terminan dos semanas de pura fantasía. Dos semanas en un mundo que no es el mundo que conocemos. No es real.
Se fueron dos semanas en las que no tocamos dinero. Ni pesos argentinos, ni chilenos, ni soles peruanos. Nada.
La vida dentro del vivac se parece a un reality show. Siempre somos los mismos. Comemos, trabajamos, dormimos, nos aseamos, sufrimos, reímos, lloramos. Las emociones se juntan dentro de campamento.
Hay posibilidad de hacer amigos que en otras circunstancias nunca podríamos haber conocido.
Dentro del vivac se juntan ricos y pobres. Un Príncipe de verdad, dueño de una fortuna incalculable, come los mismos fideos con tuco que este cronista.
El vivac nos iguala. Todos estamos en la misma. Todos dormimos más o menos con las mismas comodidades.
Si se corta el agua, se corta para todos. Si no hay luz, no hay para nadie.
Casi todo el tiempo estamos llenos de tierra. Los olores se mezclan en el aire. El sonido de motores acelerando desde el amanecer hasta que la noche dice basta hace todo aún más impresionante.
Se mezclan los idiomas, pero todo el mundo se entiende. Hay rusos que sólo hablan ruso, per dialogan con chilenos o peruanos nadie sabe cómo.
Hay un mundo exterior que copa las rutas, que se apila en las puertas intentando ingresar al otro mundo, al de fantasía. Pero no se puede. El ingreso es restringido, estricto. Las medidas de seguridad rozan límites absurdos.
Para comer se pasa tarjeta. Para entrar a la sala de prensa también. La ropa marca la jerarquía. La camisa blanca es sinónimo de poder. La remera gris es de la tropa que trabaja día y noche.
Todo está organizado. Todo en su medida justa. El menú equilibrado por nutricionistas. El agua mineral abunda. Nunca falta la camaradería.
Esa frase que dice que "el Dakar saca lo mejor y lo peor de cada uno", es tan real como el aire que respiramos.
Mezclados entre anónimos trabajadores Cyril Després y Marc Coma deambulan por el comedor. Stephane Peterhansel camina sobre la arena y los hermanos Patronelli bromean con sus mecánicos.
El grupo America vivió una experiencia única y fascinante. Para los amantes de los fierros, el Dakar es como un parque de diversiones, como el mejor de todos. ¿Disney? Posiblemente.
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