Lunes 24.11.2014

clima T 22°C H 28%

Secciones

Leonardo Murialdo, un club en el que todos se sienten de la familia

En sus 69 años de existencia en Guaymallén, el Canario forma chicos en diversas disciplinas que luego se destacan en su especialidad. Una institución de ida y vuelta. Galería de fotos.

Carina Pérez
cperez@diariouno.net.ar

“Todos los recuerdos lindos que tengo, los tengo en el club y con mi familia. Las amistades consolidadas, los viajes compartidos, las alegrías deportivas. Todo lo bueno se lo debo al club. Y sí, te diría que el club me ha definido un estilo de vida”, resume Iván Cacciamani (20), jugador del equipo sub 22 de básquetbol del Club Leonardo Murialdo de Guaymallén, para llenar de significado su pertenencia a esta entidad, más allá de sus habilidades como jugador, desarrolladas desde los 8 años, que lo impulsaron a elegir Educación Física como formación profesional.

Atentamente lo escuchan Guadalupe Guzmán, quien a sus 9 años obtuvo el campeonato de escuelas de patinaje artístico; su hermano Valentín (11), campeón del torneo Interclubes de tenis en su categoría, y Franco Neglia (18), miembro del equipo de hockey sobre césped que proyecta capacitarse para ser entrenador.

Como Iván, todos rescatan la posibilidad de hacer amigos y de disfrutar el deporte que practican como eje central de las experiencias positivas vividas hasta ahora.

Ellos cuatro son sólo un ejemplo tomado al azar de la evolución que pueden alcanzar si se lo proponen algunos de los 1.100 chicos que actualmente practican deportes en ese club, de febrero a noviembre al menos tres veces por semana.

Pero ellos mismos y quienes dirigen el club señalan que no sólo les interesa el desarrollo deportivo, sino la formación personal lograda a través del deporte. Por eso, el club pone el acento de sus actividades en la presencia de la familia de los niños y adolescentes. Por este motivo, la cuota por familia siempre es más económica que la individual y hoy cuentan con 350 grupos familiares integrados por, en promedio, seis personas.

Filosofía de vida
El Canario de Guaymallén debe su apodo al color amarillo oro que lucen todos los equipos en las competiciones de los torneos locales, nacionales e internacionales. Pero no sólo les sirve para distinguirse de otros clubes, sino para recordar que tienen una filosofía de vida.

Esa que nació de la mano de la congregación de los josefinos en 1942 y que implica la idea de ayudar a quien lo necesite, ya que el proyecto original de estos sacerdotes era darles contención a chicos huérfanos y trabajadores rurales de Villa Nueva. Entonces crearon el colegio y luego impulsaron el club al poco tiempo, según recuerdan desde esa institución (ver cuadro).

El amarillo también está relacionado con la elección de los colores papales que hizo el mismo grupo fundador para dar identidad espiritual al club.

Un tiempo después, el lema “Hacer y callar” sería impuesto para definir aún más claramente la actitud que pretenden lograr en cada chico.

En este camino, fue uno de los primeros clubes en ofrecer escuelas de verano una vez que terminaban las clases, cuando todavía no era un servicio corriente de los sindicatos o del Estado, a principios de la década del 80.

Esta identificación entre el colegio y el club se debe precisamente a la relación simbiótica entre ambas instituciones, aun cuando cada una de ellas tiene autoridades y administraciones totalmente independientes.

Historia
-Los orígenes del proyecto

A fines de los años ‘30, la congregación de los hermanos josefinos creó el Hogar del Niño Obrero (hoy Colegio Leonardo Murialdo) en Villa Nueva para darles contención a los chicos huérfanos o
que trabajaban en las viñas de las zonas aledañas. Para este proyecto recibieron ayuda de Lucila Barrionuevo de Bombal.

Poco tiempo después, para completar la formación de estos chicos, el padre Pedro Spertini más otros sacerdotes y ex alumnos impulsaron la construcción de un club donde los niños practicaran fútbol, atletismo y bochas. Fue entonces que recurrieron una vez más a doña Lucila, quien donó los terrenos para concretar la idea, cuyas obras fueron inauguradas el 9 de julio de 1942.

Originalmente, el predio del club estaba en la actual esquina de Arenales y Bandera de los Andes.

En la foto, la señora Bombal con sus hijos María Mercedes y Domingo Lucas.

-Emprendedores
Si bien el club se inauguró en 1942, cuatro años después obtuvo su personería jurídica y el primer presidente de la primera Comisión Directiva fue don Pedro Suriani. En el estatuto se estableció
que el club tiene sus propias autoridades, pero es supervisado por un Consejo Superior integrado por sacerdotes de la congregación josefina y socios del club con el objetivo de no perder de vista los objetivos sociales y deportivos del club. Actualmente este órgano asesor está presidido por el padre Lalo Contreras.

En la foto, los miembros de la primera Comisión Directiva y el sacerdote Spertini en el medio.


-No todo es fútbol
En la década del ‘70, las autoridades del club decidieron incorporar actividades recreativas como el tenis, la gimnasia, el camping y la pileta con el objeto de cambiar el perfil, exclusivamente deportivo, y acercarlo a lo social. Para concretarlo debieron trasladar las canchas de fútbol a una nueva sede, la número 2 ubicada sobre la misma arteria Bandera de los Andes, pero llegando al Puente de Hierro de Guaymallén.

Allí alrededor de 500 chicos participan en la escuela de fútbol del club.

En esa misma transformación, Murialdo compró
un terreno en la margen oeste de El Carrizal para brindar el servicio de camping a sus asociados.

Nuevos proyectos
En la sede 2 actualmente se están construyendo tres canchas de césped sintético, una para hockey y dos para fútbol 5, que serán inauguradas en febrero de 2012. En la foto, una vista actual de las obras de la cancha de hockey.

// //