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Lunes, 21 de noviembre de 2011

Le corren a la muerte

Todo lo que aconteció después de la dolorosa muerte de Guido Falaschi en Balcarce parece obra de un miserable conventillo: desde Oscar Aventín diciendo que nada falló hasta Marquitos Di Palma llorando por TV
 

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Se podría haber evitado. Así quedó el auto de Guido Falaschi.

Por Martín Perazzo
Columnista

Inmersos en el dolor que generó la muerte del joven Guido Falaschi en el mortal accidente de TC en Balcarce, todo lo que aconteció después parece obra de un miserable conventillo. Fue muy explícita la construcción de un relato oficial con tendencia a la excusa por parte de la ACTC y su mundo imperfecto.

En vez apelar a la autocrítica para buscar explicaciones a la tragedia, Oscar Aventín prefirió paliar lo irrecuperable acusando a la fatalidad para desligar responsabilidades en un accidente que tiene fisuras por donde se lo mire.

El presidente de la ACTC, un día después del velatorio de Falaschi, se plantó en conferencia de prensa con gesto consternado, pero desafiante, para dar su palabra: “Fallar, no falló nada… Estamos esperando que actúe la Justicia, pero el primer responsable de la tragedia es la fatalidad”. Sonó desubicado para el momento de duelo que pasa la “familia motor”.

Está contemplado, por supuesto, que el automovilismo es un deporte impregnado de riesgo. Pero las estadísticas de la categoría han marcado que con políticas de seguridad coherentes se puede bajar el porcentaje de tragedias. Entre 1937 y 1996 murieron 120 personas (69 pilotos y 51 acompañantes) en el TC. A partir de esa fecha se dejó de correr en rutas y se sumó tecnología para mejorar las medidas de seguridad en los autos. Luego se prohibieron los acompañantes. Esas modificaciones bajaron el porcentaje de muertes: desde 1997 hasta la penosa muerte de Falaschi, perdieron la vida cuatro pilotos en 14 años. Es evidente que se mejoró en las máquinas, pero en el desglose del último accidente está claro que no alcanza.

Históricamente, las pistas de Balcarce y San Juan tuvieron fama de peligrosas. Es probable que, en un circuito con buenas vías de escape, el rezagado Larrauri no se hubiera despistado al abrirse en la maniobra que encendió la tragedia.

El resto es conocido y repetido: las gomas sin abulonar (sueltas) y de diferentes tamaños para la contención, una parte del circuito con mucha tierra, la imprudencia de los pilotos que pasaron a fondo luego del choque y la muerte de un pibe de 22 años con estirpe de crack del volante.

El mismo domingo, Furlán, Traverso y Di Palma se convirtieron en las espadas de la protesta contra la ineficiente ACTC. Pero no hace falta ser un especialista para entender que una cadena de errores y negligencias se cargaron otra vida y abrieron muchas heridas. “¡No te das cuenta de que hicimos cagadas y el pibe está muerto por culpa de nosotros !”, dijo por TV Marcos Di Palma, envuelto en llanto, asumiendo parte de la culpa y apuntándole a Aventín. Nosotros ya nos enteramos, pero el presidente de la ACTC parece que corre aturdido escapándole a la muerte.

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Comentarios (1)

  • Gabriel600

    21-11-2011

    18:23:48

    Todavia estoy esperando escuchar a Aventin decir: Las gomas estaban sueltas por culpa nuestra no debimos permitir la carrera.
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