A Fondo
Miércoles, 16 de febrero de 2011Cambian el suelo para hacer mejor vino
Expertos probaron contrarrestar la acidez agregándole al suelo azúcar y dolomitas.
Por qué en Mendoza no es necesaria esa alteración.
El Instituto de la Viña y el Vino de Universidad de León (ULE) consiguió mejorar la calidad de los
vinos elaborados tras un estudio en el que se modificaron los suelos con la incorporación de nuevos
materiales que contrarrestaron la acidez extrema que los caracterizaba.
La mayoría de los terrenos dedicados a la producción de vino en el Bierzo se caracterizan por
una acidez extrema por la presencia de aluminio que es altamente fitotóxico para las plantas. Para
reducir su efecto, la ULE y la Diputación de León suscribieron hace tres años un acuerdo con las
Bodegas Losada para la elaboración de un estudio, que ha contado con un presupuesto de 31.000
euros, que fomentará unas mejores propiedades del suelo a través de su modificación para reducir la
presencia de polifenoles de las plantas.
Espuma azucarera y dolomitas han sido los productos empleados en este tratamiento del suelo,
unos materiales que se han usado por separado en áreas distintas y han sido posteriormente
comparados durante tres años con el terreno original para contemplar sus efectos. En Mendoza, según
expertos enólogos consultados, el problema es el inverso: los suelos en vez de ácidos son basicos,
tienen mucho potasio y no son ácidos, por lo cual, de encararse modificaciones de suelo, serían
para contrarrestar esto.
"Modificar el PH del suelo en estas tierras sería algo muy difícil y de una inversión que tal
vez sería inneesaria", señaló el encargado del control de calidad de una importante bodega del sur
mendocino.
Tras el estudio en España y la actuación realizada se consiguió obtener un "producto de mayor
calidad" al dotar a los suelos de calcio y magnesio, componentes de los que carecen los terrenos
bercianos del sector vinícola, ha explicado esta mañana en la presentación del estudio el director
del Instituto de la Viña y el Vino, Enrique Garzón.
El proyecto se realizó en una parcela de 1,3 hectáreas de las Bodegas Losada en la comarca
leonesa del Bierzo, para la obtención de una muestra no comercial de 900 botellas que se continuará
analizando en los próximos años con el objetivo de poder comprobar su evolución a medida que el
vino vaya envejeciendo.
De momento, los frutos de la investigación se constatan con una "mayor definición de los
aromas y un incremento de la calidad" del vino, según ha explicado el enólogo de la bodega, Amancio
Fernández, que ha apostado por que la tradición se conjugue con los avances científicos que están
al alcance en la actualidad para la mejora de los productos. Los logros alcanzados con este estudio
en una parcela de la empresa se trasladarán a toda la línea de vinos de Losada.
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