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Miércoles, 08 de septiembre de 2010Siete hombres en busca de una rana
Mide apenas unos centímetros y es de color café. La última vez que la vieron fue en 1914, en el sur
del departamento de Antioquia, en el centro de Colombia.
Para identificarla los investigadores cuentan con una descripción y una ilustración. Dibujo: Paula A. Romero Ardila
Pero los científicos no han perdido la esperanza de encontrar a la Rhinella Rostrata, uno de los 40
anfibios que integran la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN).
Armados con una linterna -de esas que se llevan en la cabeza-, un GPS, y una cámara
fotográfica, siete investigadores internacionales se preparan para salir a buscarla en una
expedición de seis días.
Demás está decir que encontrar al anfibio es sólo la primera parte. Lo que sigue es la
elaboración de una estrategia para garantizar su supervivencia y conservación.
"Ya se han hecho varios intentos. El último fue el año pasado, pero no la encontraron.
Nuestro temor es que se haya extinguido", le dice a BBC Mundo Alonso Quevedo, Director General de
la Fundación Proaves, y líder de la expedición.
La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio que se desarrolla de forma simultánea en
14 países y busca redescubrir las especies de anfibios perdidos, que no se ven desde hace más de
una década.
En busca de las ranas perdidas
El cambio climático, la pérdida del hábitat y una enfermedad infecciosa conocida con el
nombre de quitridiomicosis son las principales causas que han hecho de los anfibios los animales
más amenazados del planeta.
Búsqueda a ciegas
¿Pero cómo se va en busca de una especie que no se ha visto hace más de 90 años? ¿Cómo
reconocerla si ni siquiera hay fotografías para identificarla?
Quevedo reconoce que la tarea no es fácil. En principio, "dirigimos nuestro esfuerzo a
visitar la localidad exacta en la que fue descrita. Una vez allí, analizamos la situación del área
donde fue hallado el animal", explica el investigador.
"Generalmente, pasa que uno va al punto exacto y el lugar ya no existe, porque en lugar de un
bosque, por ejemplo, hay un pueblo. Entonces nos concentramos en otras áreas, teniendo en cuenta el
rango altitudinal, la distribución de la especie y las características naturales del sitio donde se
encontró", dice Quevedo.
A falta de foto, los científicos cuentan con una descripción detallada del anfibio.
Las expediciones suelen prolongarse por alrededor de una semana y consisten en un rastreo a
pie por el bosque, levantando troncos, piedras y hasta hojarasca con las manos, porque el sapo
suele camuflarse entre el follaje.
Si el grupo de investigadores es grande, se dividen de a pares. Y aunque saben que la
Rhinella rostrata en una especie diurna, para aumentar las posibilidades de éxito omplementan la
búsqueda con algunas incursiones nocturnas.
De la mano de los locales
Otro elemento clave para en el operativo es la contribución de los moradores locales.
"Sin la ayuda de la comunidad es casi imposible hacer una expedición así", dice Quevedo. No
sólo brindan ayuda fundamental en la logística del proyecto sino que con su conocimiento detallado
del área, pueden aportar información clave sobre dónde se encuentran los lugares que poseen las
características que conforman el hábitat natural del animal que el equipo está buscando.
"Casi el 50% de los reencuentros que se han hecho de especies perdidas es gracias a la
comunidad. Uno las describe o les muestra un dibujo o una foto, y ellos dicen 'sí, claro, la he
visto en tal o cual quebrada'", añade el investigador.
Y aunque la expedición concluya sin éxito, los científicos aún no tiran la toalla. "Que no la
encontremos no significa que el animal se haya extinguido. Como algunos se mantienen letárgicos o
escondidos en algunas temporadas del año, lo ideal es volver en otra época".
"Pero ojalá, ésta vez la encontremos", concluyó Quevedo.

