A Fondo
Domingo, 29 de agosto de 2010Cómo se puede dejar de ser un inversor inexperto
Por empezar, antes de ahorrar conviene tener objetivos claros y saber cuál es la rentabilidad
deseada en un plazo determinado.
De las cuatro personalidades o temperamentos a la hora de invertir (mesurada, reticente,
competitiva e inexperta), luego de la crisis desatada en setiembre último donde muchas personas han
perdido gran cantidad de dinero, muchos nos sentimos que nos encuadramos en la última categoría:
personalidad inexperta.
Esto es así porque sus rasgos principales tienen que ver con que no están contentos con su
situación financiera, no se tienen confianza, son miedosos o padecen de una gran ansiedad al
momento de invertir y sienten que no tendrán un buen pasar al momento de su retiro. Son los que
cometen más errores de inversión, entre los que podemos señalar: mantienen inversiones perdedoras,
colocan demasiado dinero en una sola inversión o buscan altos rendimientos que, desde luego,
suponen importantes riesgos y tampoco cambian sus inversiones regularmente.
A un año del comienzo de la crisis en la que acciones de países emergentes o desarrollados y
algunos commodities (metales preciosos, petróleo, entre otros) han subido más del 50%, sienten
además el error más común de todas las personalidades inversoras y que produce mayor
arrepentimiento, que es esperar demasiado tiempo para invertir y para aprovechar las oportunidades.
En muchos casos nos sentimos como unos tontos. Pero ahí es donde hay que parar la pelota y ver la
realidad tal cual es.
¿Quiénes aprovecharon esta suba para ganar y no recuperar lo perdido? Muy pocos. ¿Cuántos
inversores están tratando todavía de recuperar parte del dinero invertido en fondos de inversión
que impusieron un “corralito” a la Argentina y no devolvieron el dinero? Muchos. ¿Y cuántos
compraron acciones de Citigroup a U$S 1 y se enriquecieron porque ahora vale U$S 4? Muy pocos. Y el
que se animó y compró dichas acciones, como mucho puso el 1% de sus ahorros en dicha inversión, por
lo que la suba del 300% resultó negligente en el rendimiento total de su cartera.
Por eso la historia pasa por otro lado. Es errado buscar inversiones aisladas que prometan “
espejitos de colores”, siendo lo correcto poner en blanco y negro las metas personales que se
deberán traducir en objetivos financieros.
Para ello, algunas preguntas pueden ser de ayuda:
a)¿Con qué objetivo estoy ahorrando?
b)¿Cuánto tiempo tendré que ahorrar y podré incrementar el mismo en el futuro?
c)¿Qué rendimiento considero adecuado para mis inversiones?
d)¿Cuán preocupado me siento cuando observo altibajos en el valor de mis inversiones?
e)¿En cuánto tiempo voy a necesitar lo cosechado por mis inversiones?
f)¿Cuánto riesgo estoy dispuesto a tomar en función de mi situación financiera actual y
futura?
De las respuestas que surjan, se podrá armar la cartera de inversiones. Y lo que sí resulta
importante es “ocuparse” (pero no preocuparse) sobre qué instrumentos financieros se incluyen en la
cartera de inversión para el cumplimiento de las metas. Por ejemplo, las “acciones preferidas” que
tanta angustia provocaron en muchos inversores, ¿son realmente para inversores conservadores?
Difícilmente, aunque muchos las tenían en exceso. ¿Y los bonos de muy baja calificación? Menos.
¿Tiene sentido hoy en día comprar “productos de capital garantizado” a 5 o 7 años de plazo, para
ganar un pequeño cupón de intereses, cuando se está encorsetado en dicha inversión por un período
prolongado y cuando es de esperar que suban las tasas de interés? Sería muy poco inteligente.
Si uno quisiera llevarse una enseñanza de esta dolorosa crisis, tiene que ver con que hay que
delegar el manejo de las inversiones pero no desentenderse del todo. Arrepentirse porque no se
compró acciones de Citigroup baratas es perder el tiempo. Es más sano es ponerse a pensar (y porqué
no sentirse arrepentido) por no haber hecho un seguimiento más de cerca del dinero ahorrado e
invertido que tantos años tardó en juntarse.
Transformarse en una “personalidad inexperta” a la hora de invertir es algo que no puede
volver a ocurrir. Transformarse en una persona que ahorra e invierte para lograr metas sería lo
deseable. Como dice el dicho popular: “nunca es tarde cuando la dicha es buena”.
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