A Fondo
Domingo, 22 de agosto de 2010Sobredosis de presidenciables
Seguimos con el atracón. Felipe, el Adolfo, el Cabezón. Mendoza no es chica fácil. En las reuniones
con Duhalde, el vice Racconto estrenó chapa de socio.
Fue una divertida mezcla de peronismo conciliar. Hubo, por ejemplo, mucho figurón de esos que
supieron tener algún tibio relumbre en los ochenta o los noventa. No faltaron tampoco los rastros
de menemismo (en los rubios peinados de varias damas, en ciertos autos aparatosos).
Dijo presente algún nuevo rico chirriante. Pero también estuvo el empresario pyme que la yuga
en serio con ideas de progreso y que no necesita exhibir el anillo de sello.
Hablamos de la visita de Eduardo Duhalde a Mendoza para aceitar la campaña presidencialista
que está realizando por el país. Esta vez la aprovechó para sellar su padrinazgo al inclasificable
Cristian Racconto y lanzar su movimiento industrialista.
Esta es una provincia donde este ex presidente nunca tuvo seguidores muy convencidos.
Mantené distancia
En realidad, Mendoza no es de propiciar demasiada onda con los presidentes de la República.
Los respeta, los valora (cuando se lo merecen), pero los tiene ahí.
Tenemos con ellos esa cosa brechtiana de distanciarnos de algo para poder comprenderlo. Por
eso es que nos cuesta aceptar esa entrega incondicional que, por lo menos hasta hace unos días,
tenía Celso Jaque con el matrimonio presidencial.
Ese desmedido amor de nuestro gobernador (para colmo no correspondido en los hechos) ha sido
considerado poco mendocino.
No es
Esta vez la visita de Duhalde sirvió, además, para que el vicegobernador Cristián Racconto
sacara chapa de “ahora sí soy alguien en la política. ¡Estuve dos días sentado al lado de Duhalde!”.
De la boca del bonaerense salió un piropo político extraño. Dijo que le parecía que nuestro
vicegobernador “no es hipócrita”.
Lo cierto es que hubo cierto tufillo a naftalina en varios de los encuentros que Duhalde
protagonizó aquí.
Repasemos
El peronismo puede ser tan exasperante como entretenido.
Y así es como pasamos de los sargentones Kirchner, que tienen a raya a curas, militares y
empresarios que no se les cuadran, a este Duhalde que habla de reencontrarnos con curas, militares
y empresarios.
El espiche duhaldista es conciliador (“no podemos pelearnos con los empresarios; los
necesitamos a todos para producir riqueza”), casi un remanso dentro de la confrontación constante
de los Kirchner, el matrimonio político que más se ha enriquecido en la gestión de gobierno.
Empachados
La semana pasada ya habíamos tenido una primera sobredosis con la visita de otro ex
presidente peronista, “el Adolfo” Rodríguez Saá, quien se floreó por esta provincia intentando
vendernos que él es, hoy más que nunca, parte del peronismo renovador.
Anteriormente había sido el turno de Felipe Solá, un político en apariencia más moderno y
dúctil, que, sin embargo no logra remontar en las encuestas que miden la posible intención de voto
en el primer mundo justicialista.
Que vengan con Uvasal
Ahora nos dimos otro atracón con Duhalde. Está claro que el marido de Chiche es alguien con
mucha más enjundia política que el puntano Adolfo.
Así y todo, uno está tentado a pensar que es muy difícil que el ciclo del bonaerense pueda
reverdecer en la Rosada.
Pero no perdamos de vista que estamos hablando de peronismo, un terreno donde, como en los
sueños, todo puede corporizarse.
Temblamos de sólo pensar quién pueda ser el próximo visitante de Mendoza del “renovado” PJ.
Descartamos al bueno de Antonio Cafiero, porque acabamos de verlo muy a gusto en su nuevo rol
de actor almodovariano en Pájaros volando, la última película de Capusotto.
Sí o sí
“La Argentina es un país condenado al éxito”, solía decir Duhalde –para combatir nuestro
desánimo– en aquellos aciagos días de 2002, cuando le tocó conducir el país en medio de la peor
mala onda cívica que se recuerde.
Hay que reconocerle al personaje el haber logrado que pasáramos aquel fiero chubasco y que
todo ocurriera dentro de los carriles institucionales. No fue poca cosa.
Todos hablan
En cambio, Duhalde no fue nada optimista cuando aquí le preguntaron su opinión sobre el
gobernador Celso Jaque.
“Es increíble –dijo– todos me han hablado mal del gobernador Jaque”. No hubo énfasis en su
respuesta, aunque sí una contenida picardía.
Duhalde estuvo en Mendoza cuando Jaque estaba en Brasil y la provincia se encontraba a cargo
de Cristian Racconto, su flamante socio.
Lo concreto es que , dicho con justicia o no, el aserto de Duhalde sobre Jaque es digno de
comentarse.
Malargüe no es Mendoza
Ocurre que Celso Jaque es uno de los políticos más extraños que ha dado Mendoza.
Encontrar a alguien que defienda a Jaque es casi una misión imposible.
Hace un tiempo escuché un sarcástico comentario de un profesor universitario que explicaba el
raro “tono”de Jaque en que “no es mendocino, es de Malargüe”.
Kirchner o Cristina, por ejemplo, tienen detractores pero también tienen admiradores,
inclusive algunos muy jugados, y no hablo de los rentados, como los de la Televisión Pública, sino
de gente del común.
Jaque no logra concentrar defensores en la calle.
Es el cargo, señores
Sin embargo, y pese a esa imposiblidad de contactar plenamente con los ciudadanos, Celso
Jaque tiene algo muy importante a su favor.
Está muy bien contenido por la institucionalidad mendocina: acá el cargo de gobernador tiene
todavía un aura de respetabilidad muy importante.
Eso hace que, como dice Duhalde, todos le hablen mal de Jaque, pero que al mismo tiempo todos
respeten el cargo de gobernador. Y lo banquen.
Eso es algo que no debería perder de vista el propio Racconto, quien de ser “alguien de la
gente” o un funcionario “que no salió de la política” ha terminado, en su aventurado afán político,
aliándose con los “aparatos” y no con la susodicha gente.
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