A Fondo
Domingo, 15 de agosto de 2010La diversión puntana llegó al PD
Si la oposición al kirchnerismo triunfó en las elecciones de 2009 para que hoy uno de sus
referentes sea “el Adolfo”, algo no se entendió de aquel voto.
Hay una creciente tendencia a afirmar que Lilita Carrió está loca. Para algunos, en el sentido más
literal del término.
Otros entienden que, en caso de que lo esté, no lo es en el sentido estrictamente
psiquiátrico, aunque sí en el modo que se conceptúa la palabra “loca” en la charla cotidiana.
Es decir, una acepción más cercana a “chapita” o a “no tiene todos los patos en fila” con lo
que el jefe de Gabinete de los Kirchner, Aníbal Fernández, se refiere –con su irrefrenable tono de
cómico stand up de andurrial– a esa dama opositora.
El revoltijo
Pero, ¿sabe qué? después de ver ciertas cosas que están pasando en el país y, sobre todo en
Mendoza, en materia de rejuntes políticos, uno no puede menos que preguntarse: “¿La ‘loca’ de
Carrió no tendrá algo de razón, aunque más no sea una pizca, cuando dice que no va a aceptar que se
fabrique una nueva alianza de cotillón que nos lleve a otro derrumbe como el del 2001?”
Por más que la Carrió nos genere urticaria con sus actitudes, no estaría de más aplicar
aquella enseñanza oriental que sugiere preguntarse ante los argumentos presentados por un
adversario: “¿Y si este coso tuviera algo de razón?”
El voto aquel
Hace más de un año, en las elecciones legislativas, que Néstor Kirchner mandó realizar cuatro
meses antes de lo previsto, la mayoría de los argentinos votó a la oposición.
El votante argentino le puso así un freno a ciertas locuras de los Kirchner y, de alguna
manera, mandó que se recuperara la dignidad institucional del Congreso nacional, convertido en una
escribanía que refrendaba todo lo que enviaba la Casa Rosada.
Ese voto mayoritario otorgado a la oposición significó reacomodar y resignificar las cargas
republicanas.
Sufragio piola
Además, ese voto del pueblo fue tan inteligente que no sólo reposicionó a la oposición, sino
que, incluso, le permitió al oficialismo replantearse una serie de visiones de gestión. De haber
triunfado el kirchnerismo, el matrimonio presidencial hubiera insistido en algunas medidas
polémicas, lo que con seguridad le hubiera jugado en contra.
Ergo, el voto de 2009, pese a ser negativo para ellos, terminó reposicionando para bien a la
pareja santacruceña.
La autoherida
En realidad, lo que está diciendo Carrió, aunque de manera brutal, con ese estilo que la
lleva a pelearse hasta con los que debería cuidar (lo cual la hace tan poco creíble para un puesto
del Poder Ejecutivo), es que juntarse con cualquiera lleva –más temprano que tarde– al peligro de
la fragmentación y al desbande, sobre todo, si lo que se busca es el reparto de cargos y no la
ejecución de políticas públicas modernas y progresistas.
Cuenteros
Los argentinos somos bastante farsantes. Firmamos pactos de gobernabilidad o concertamos
políticas de gestión, cosas que juramos respetar, pero llegados al poder tendemos a pasarnos esos
juramentos por la entrepiernas. Hacemos como que estamos juntos para, a la primera de cambio, salir
disparados para donde calienta el sol.
Maldito chachismo
Al huir y no respetar el mandato popular que lo había elegido por 4 años como vicepresidente,
Chacho Álvarez se llevó con él parte de las columnas que sostenían a la alianza.
¿No podría haber sido distinto el epílogo si Álvarez hubiera roto con el presidente De la
Rúa, porque no aceptaba la corrupción, pero no con el pueblo que lo votó?
Tipos audaces
Retortijones y accesos de vómitos les produjo ayer a numerosos estómagos sensibles de esta
provincia ver en las tapas de los diarios al puntano Adolfo Rodríguez Saá llamando en Mendoza a la
unidad opositora antikirchnerista.
A más de uno le debe haber dado una especie de locura “lilitiana” y quizás haya gritado: “
Muchachos, paremos un poco con esta chifladura” cuando, sonrientes, dirigentes del Partido
Demócrata recibían en su sede de la paqueta calle Sarmiento “al Adolfo”, el mismo del escándalo del
motel “Y no c...”, el mismo de aquel video hot filmado durante ese sonado secuestro.
Guatemala y guatepeor
Discrepar del estilo de los Kirchner no significa de ninguna manera que haya que apoyar a los
Rodríguez Saá.
¿Puede ser un ejemplo de algo para Mendoza un caudillo como “el Adolfo”, ese que dirigió su
provincia como una estancia, que ha hecho de la censura un estilo de gobierno en San Luis y que
sigue manejando junto a su hermano, “el Alberto”, toda la obra pública puntana?
¿Es que nadie recuerda esos esperpénticos siete días en que Adolfo Rodríguez Saá fue
presidente de los argentinos a comienzos de 2002?
¿Lo qué?
En 1987 el peronismo renovador triunfó en buena parte del país y dio un fuerte llamado de
atención al alfonsinismo, que no daba pie con bola en su intento de enderezar la economía
argentina.
Lamentablemente a la renovación justicialista se la terminó engullendo un audaz de la
política, Carlos Menem, quien tradujo de manera guaranga los aires desestatizadores que soplaban en
el mundo.
Sólo quedaron algunos tibios ejemplos, como el de Bordón en Mendoza, acerca de cómo se podía
ser justicialista, renovador y moderno sin caer en los aspectos más desalmados del mercado.
Qué vachaché
Que “al Adolfo” le sirvan de comparsa, no sólo los gansos sino también el peronismo disidente
–sector que se vende como la nueva renovación del PJ– y que, como si no bastara, además se le sume
al trencito un extraviado político como Cristian Racconto, nos lleva a una pregunta de cajón: “¿‘La
loca’ no tendrá algo de razón?”.
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