A Fondo
Domingo, 25 de julio de 2010Jaque-Racconto, dos menducos
El gobernador y su vice encarnan lo más típico de nuestra idiosincrasia: una provincia dual.
Vanguardia del matrimonio gay y bastión de las tradiciones.
Mendoza, cada tanto, da el campanazo. Se vuelve noticia en el orden nacional. Pero,
lamentablemente, no por las razones positivas que uno quisiera para ufanarse, sino por su
extravagancia.
Hoy, la provincia es como un bicho raro. Una tierra bizarra conducida por gente difícil de
encasillar.
Si antes, en el prejaquismo, o sea, durante el gobierno de Arturo Lafalla, se buscó que
Mendoza fuera una variante de utopía llamada la Isla de la Transparencia, ahora se ha convertido en
el Mar de la Ambigüedad.
Las grandes líneas que emanan de la política vernácula son un compendio de confusión, de
posturas difusas, de palabras livianas que son prontamente barridas por el viento.
En este momento, cabe preguntarse: ¿es Mendoza un Estado vanguardista? ¿O, por el contrario,
se erige como uno de los últimos bastiones del pensamiento tradicional y conservador?
Ambas preguntan admiten una respuesta positiva, según como se mire. Hasta tal punto
navegamos, sin brújula, entre la neblina.
El acaloradísimo debate sobre el matrimonio gay, que mantuvo en vilo al país durante estos
días, lo atestigua.
El guardián de la tradición
Volvemos a inquirir: ¿es Mendoza una comarca homofóbica? ¿O destaca por mostrarse como un
ejemplo de postura gay friendly?
Las dos cosas a la vez, si nos atenemos a los hechos concretos.
Los máximos exponentes políticos de la Provincia, es decir, el gobernador Celso Jaque y el
popular ex gobernador Julio Cobos, hoy vicepresidente de la Nación, declararon su oposición al
proyecto oficial del kirchnerismo sobre matrimonio gay que finalmente fue convalidado por el
Congreso.
Tanto Jaque como Cobos, hoy como ayer, han evitado confrontar con la Iglesia, a la que han
seguido, en líneas generales, cuando se plantearon temas polémicos como éste. El vicegobernador
Cristian Racconto, inclinado a montar oficios religiosos dentro de la Legislatura, es un hombre
igualmente respetuoso del punto de vista confesional.
Jaque fue más lejos: pese a definirse como un hombre estrictamente respetuoso de la ley,
saltó la valla y se convirtió en el único gobernador del país que otorgó a sus funcionarios la
posibilidad de esgrimir, como excusa, una objeción de conciencia para no casar a homosexuales.
Nadie respondió a su llamado. Lo cual le ahorró no pocos dolores de cabeza.
En forma coincidente, Jaque permitirá a los médicos locales que se abstengan de practicar
abortos permitidos por la ley.
Es Jaque, por lo tanto, un guardián. Un conservador, según la definición que da el
diccionario: se dice de alguien “que es partidario de mantener la tradición y se opone a las
reformas o a los cambios radicales en la sociedad”.
Mendoza “avant-garde”
No obstante Jaque, Cobos, Racconto y otros cancerberos del acervo histórico, Mendoza dio la
nota esta semana porque su Registro Civil anotará, con todas las de la ley, el primer matrimonio de
personas del mismo sexo no sólo de Argentina, sino de Latinoamérica.
En otras palabras, con la boda que celebrarán los chilenos Giorgio y Jaime el 31 del actual,
la provincia quedará a la vanguardia absoluta del continente.
Adviértase que esta “buena onda homosexual” no responde a un impulso pasajero, al grito de la
moda. Tiene rodaje. La Vendimia Gay suma ya 15 ediciones, ha sacado patente de ciudadanía
integrándose oficialmente al calendario de nuestra fiesta madre (un rancio símbolo de tradición) y
hasta se permitió la novedad, este año, de elegir por primera vez a un “rey”.
Vanguardia y tradicionalismo.
Las dos caras de Mendoza.
Una colección de figuras difusas
El ida y vuelta permanente de la provincia se refleja en la actitud de sus líderes públicos.
Reina, en ellos, la pura ambigüedad. ¿Qué otra cosa es el rol que ejerce Julio Cobos?:
vicepresidente de la Nación, o sea, el segundo de Cristina Fernández, y al mismo tiempo uno de los
referentes de la oposición, uno de los precandidatos presidenciales del radicalismo que trabaja
para desalojar a los Kirchner del poder.
Racconto escenifica un libreto menos dramático, pero de igual signo: es el vice de Jaque,
pero arma sus travesuras, juega a las escondidas con sus pares de la política y con los periodistas
y, saltimbanqui, se inclina sobre el trapecio para efectuar el giro acrobático hacia el peronismo
federal, o sea, el peronismo disidente, que también pretende eyectar tanto a los Kirchner como al
jaquismo del poder.
Algunos dejan correr adrede la ambigüedad, cosa de esfumarse en el misterio, como el calamar
en su tinta. Es el caso del intendente capitalino Víctor Fayad y su promiscuo minué con el
peronismo K.
A otros les juega una mala pasada el entusiasmo. Como al senador Ernesto Sanz, jefe nacional
de la UCR, quien el miércoles exclamó en su cuenta de Twitter: “¡¡¡el Gobierno tuvo el buen gesto
de invitarme al acto de la promulgación del matrimonio gay!!!”. El triple signo de admiración
denota una sobredosis de alegría después de haber votado a favor del proyecto.
Una provincia a medio camino
Los políticos, en resumidas cuentas, son un reflejo de la tierra que representan.
En ese sentido, Jaque y Racconto encarnan la yunta menduca por antonomasia. Están
enfrentados, les sobran a ambos causales para exigir el divorcio, pero siguen representando la
mascarada ante la sociedad. “Aquí sigue todo normal”, dijo Jaque, en estas horas, para referirse a
la relación con su vice. “Cuando tengo que viajar a algún lado, (Racconto) queda a cargo de la
Gobernación”, expresó a modo de prueba el gobernador.
Típica salida menduca.
Cristina Fernández también le deja la Presidencia a Cobos, aunque lo odie y no le tenga
confianza. Es lo que corresponde reglamentariamente.
Pero Mendoza es así. Careta, como diría Charly. Progay y antigay al mismo tiempo, con igual
ahínco.
Es minera y antiminera furiosa, desde el discurso oficial, en idéntico momento. Cobos fue el
rey de esta conducta esquizofrénica.
Jaque está tratando de superarla. Pero no logra llegar a puerto todavía, debido al mar de
ambigüedad por el que navega: impulsa, por ejemplo, a su gabinete en favor de las explotaciones
mineras, pero cobija a la militancia verde en un área clave como Ambiente. Como antes, en el inicio
de su gestión, entronizó al demócrata Aguinaga en Seguridad, mientras albergaba a fervorosos
militantes de los derechos humanos en secretarías colindantes.
La colisión de trenes queda garantizada.
Tanto embrollo podría sonar exótico hacia afuera y hasta divertido, si no fuera por un
problema mayor: la provincia está rodeada, de manera amenazante, por sus cuatro puntos cardinales.
Y nada engorda más a los vecinos que la ambigüedad menduca.

