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Domingo, 18 de julio de 2010

Un buen intento radical para volver a las fuentes

Como dijo Diego Maradona que había hecho con la Selección: volver a los orígenes.

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Muchos de los hombres que representan a la Unión Cívica Radical en el Congreso de la Nación no tienen nada que ver –al menos en sus ideas basales- con la impronta del espacio político fundado por Leandro N. Alem. A la cabeza de ese grupo pondría al vicepresidente de la Nación, el mendocino Julio César Cleto Cobos, un hombre que con muchas de sus acciones ha sido bastante poco radical. Su acuerdo inconsulto con el peronismo para las elecciones de 2007 es una muestra clara. El radicalismo es inflexible en su carta orgánica con ese respecto por más que haya indultado al Cleto. La actitud la hubiera reprobado por unanimidad un hipotético tribunal de ética conformado por Hipólito Yrigoyen, Arturo Illia y Raúl Alfonsín. Estar cumpliendo funciones de Presidente de la Nación cuando se votó la semana pasada lo eximió de hacer algo muy poco radical: no extender un derecho. El radicalismo, por caso, es miembro de la Internacional Socialista.

Algunos senadores nacionales en sus últimos discursos publicitados no demostraron mucho adoctrinamiento radical. Sus intervenciones fueron de dudosa procedencia ideológica y eso los máximos popes del partido lo saben. Hay que decir que los que parecieron más consustanciados con las enseñanzas radicales en sus discursos fueron los cinco del bloque (el 30%) que votaron a favor del matrimonio para todos y todas: Oscar Castillo, Gerardo Morales, Eugenio ‘Nito’ Artaza, Alfredo Martínez y Ernesto Sanz. En diputados los radicales estuvieron más parejos: un 45% votó a favor y el 55% en contra.

Sanz, presidente actual del partido, considera muy importante al brazo universitario radical (la Franja Morada) y hacia allí apuntaría un poco su mirada. Lo universitario tiene mucho que ver también con el radicalismo.

La Reforma Universitaria de 1918 –durante el gobierno de Yrigoyen- fue un puntapié muy valioso para el impulso de las casas de estudio superior en Latinoamérica por ese entonces. Los mejores dirigentes radicales de la historia tuvieron que ver más con las ciencias humanas y sociales que con las exactas (el caso de Cobos). Sanz, abogado de profesión, milita desde su juventud en el partido, es del interior y sabe que los chicos movilizados pueden hacer mucho ruido. ¿Podría pensarse en listas radicales con fuerte presencia de jóvenes en todos los distritos del país para 2011? Al presidente del partido lo entusiasmaría mucho esa idea.

La juventud radical se movilizó apoyando el matrimonio para todos y el hombre más joven que tiene el partido en el Senado, Ramón Mestre (38) votó en contra. Es paradójico y tiene que ver con el proceso de cambios que han experimentado los partidos políticos en la Argentina. Es una paradoja porque ese centenario partido nació como una agrupación revolucionaria, tiene banderas fuertemente ligadas a la social democracia y consustanciadas con los derechos del hombre y la mujer. La UCR es un partido por definición laico, o sea, sin ataduras con la estructura religiosa de ninguna creencia.

Quizá haya comenzado en el radicalismo un proceso de volver a las fuentes en las cuestiones esenciales como el discurso y sus protagonistas para ir recuperando dirigentes afilados intelectual y retóricamente y doctrinariamente sólidos que pueda de a poco reemplazar algunos dirigentes que tienen poder, emergieron producto de la crisis casi terminal del radicalismo y no representan al partido desde lo discursivo.

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