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Diario UNO

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Domingo, 18 de julio de 2010

Palomas radicales en la jaula K

Kirchner se anotó un triunfo personal con la ley del matrimonio gay. Sanz, presidente de la UCR, estuvo de su lado y en la vereda de enfrente de Cobos.

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La llamada ley del matrimonio gay pudo quedar, dentro del mundo progre, como un avance genuino para el país, un paso vanguardista en la dirección que marcan los vientos del siglo XXI.

Pero (siempre hay un pero en la política argentina) terminó contaminándose y siendo otra cosa, mucho más significativa hacia adentro. Fue una nueva victoria que se anotó Néstor Kirchner, primer mandamás nacional en plena campaña de reelección hacia 2011.

“Maestro Kirchner”, tituló su columna en Perfil Roberto García, destinada a describir las triquiñuelas del patagónico para derrotar, con personal fruición, a otra de sus bestias negras, el cardenal Jorge Bergoglio y, de paso, afianzar sus chances electorales para el año próximo.

Otro columnista político, Ignacio Fidanza, lo analizó de manera similar, considerando que “ Kirchner sabe ejercer el poder –o sea, asegura gobernabilidad–”, mientras que, enfrente, “la oposición cae desarticulada en sus propias contradicciones”.

Lo curioso del caso, visto desde acá, desde la óptica estrictamente provinciana, es el papel que les cupo a nuestros legisladores. En especial al senador Ernesto Sanz, quien, además de representar a Mendoza, es el presidente nacional de la UCR, se supone, la principal fuerza de oposición.

Que Sanz haya contribuido, con íntimo convencimiento, al triunfo del que se ufana Kirchner, colocándose, para ello, en contraposición a la mayoría de sus correligionarios, es una singularidad que merece atención.


El halcón y la paloma
Una primera distinción, elemental, entre Kirchner y Sanz indica un verdad de perogrullo: uno es halcón, otro es paloma.

Al igual que el gobernador Celso Jaque y que el ex gobernador Julio Cobos, Sanz es paloma. O sea, tiene una visión blanda de la política, en la que privan el consenso, el diálogo, el florilegio partidario y, sobre todo, las creencias personales.

Por eso Sanz siguió la dirección que le dictaba su conciencia. Lo mismo que el senador peronista K Adolfo Bermejo, otra paloma, quien por razones individuales terminó votando contra su jefe político.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué pueden ir y venir? Porque las palomas se hacen preguntas, hurgan en su conciencia, escuchan a sus confesores, dudan, se martirizan mirando hacia lo alto.

Su humanidad toda está jalonada de estigmas, llagada. Como le ocurrió a César Biffi, hoy nuevamente radical puro, cuando, oveja descarriada, debió ser candidato a gobernador por el kirchnerismo en las últimas elecciones generales.

El ex presidente pingüino, al contrario de cada uno de ellos, es un animal famélico de poder. Un predador nato. “Kirchner es un halcón sin una sola pluma de paloma, que en cada ocasión apuesta a todo o nada”, lo describía el profesor Mariano Grondona en marzo de este año.


Un torbellino de figuración

A Sanz no sólo lo condiciona la línea políticamente correcta que pretende adoptar, de manera pulcra, en cada momento en que le toca actuar.

También parece abrumarlo el rol de prima donna que ha ido adquiriendo últimamente, primero gracias a su brillante labor parlamentaria y luego merced al alto cargo partidario que le cayó en suerte.

El senador mendocino hoy tiene un protagonismo intenso. Tan intenso que a veces lo lleva a pasarse de rosca, a tragarse las curvas en su loca carrera por mantenerse a flote en un escenario político, como el argentino, que es de una ferocidad manifiesta y sin cuartel.

No hace mucho, a mediados de mayo, en una visita a Santa Fe, Sanz deslizó, suelto de cuerpo: “ En el conurbano bonaerense la asignación universal por hijo, que es buena, en términos teóricos, se está yendo por la canaleta de dos cuestiones, el juego y la droga”.

Todavía hoy no ha logrado despejar por completo el vendaval que desataron tales palabras.

A mitad de esta semana, en un almuerzo supuestamente tranquilo en el Club Americano de Buenos Aires, Sanz buscó mostrarse comprensivo con los padecimientos que está atravesando el jefe de gobierno porteño. Dijo: “Macri lo hizo con ingenuidad, pensó que era fácil enfrentar a esa multinacional del delito que es la Policía Federal ”.

Adrián Pelacchi, ex jefe del cuerpo presente en la comida, se puso de pie y le espetó: “No puede referirse a nuestra fuerza de esa manera. Estoy orgulloso de la Policía Federal y los mismos radicales pueden dar fe de cómo contribuimos cuando Fernando de la Rúa era el intendente de la ciudad”.

Sanz tuvo que pedir perdón.

Una actitud que es propia de las palomas. Y de la gente de bien.

De igual manera, como propias de una persona de bien, pueden considerarse las palabras del vicepresidente de la Nación, en ejercicio de la Presidencia: “Muchos ciudadanos están pidiendo, por mail, Facebook o Twitter, que ‘vete’ la ley de matrimonio. Más allá de mi opinión con respecto a esta ley, la misma fue votada por Diputados y Senadores y expresa la voluntad de nuestros representantes”, anotó ayer Julio Cobos en su página de la red social.

Jaque, quien, en este punto, piensa más como Cobos que como Kirchner, se expresó de manera casi idéntica: “Una vez que surge la ley hay que respetarla”.

Palomas en dominios del águila imperial.


Idas y vueltas radicales
No es de extrañar, entonces, que, afectados por sus retorcimientos de conciencia, los radicales naveguen en la neblina, dubitativos, hacia 2011.

Néstor Kirchner saborea estos triunfos parciales. Y es, también, para él, un logro personal haber metido distintas cuñas a la candidatura presidencial de Cobos, como las que representan hoy Ricardo Alfonsín y Sanz.

Su larga mano llega hasta Mendoza, donde la consigna que baja desde la Casa Rosada es: “ Inflen todo lo que puedan al intendente Víctor Fayad”. Es la mejor manera de esmerilar la base de sustentación de Cobos en su propia provincia.

¿Cómo reaccionan los radicales mendocinos ante maniobras tan groseras?
A tientas. El lunes se reunieron varios caciques connotados en el hotel Huentala: Roberto Iglesias, Alfredo Cornejo, Víctor Fayad y César Biffi, junto con los dos jefes de bloque, Armando Camerucci y Alejandro Molero.

No hubo acuerdo para emprolijar esa bolsa de gatos de la UCR, pero, al menos, llegaron a una conclusión: pedirle al oficialismo un proyecto concreto sobre un posible adelanto de las elecciones, como se comenta en diversos mentideros.

Los peronistas, que también efectuaron su cumbre (con presencia de Jaque, Cazabán, Pérez, Adaro, Carmona, Bermejo, Fadel, Abraham, Miranda, Giménez y Tanús), se juramentaron para tirar juntos en función de retener el poder. Y analizaron, justamente, el desdoblamiento de los comicios.

En suma, desdoblar les vendría bien a todos, a peronistas y a radicales. Evadirían las garras del halcón mayor, neutralizarían –de paso– el ambiguo factor Cobos y podrían dirimir su contienda como un juego de caballeros, en un mucho menos sangriento duelo de palomas.

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