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En una cultura de mercado de masas, pertenecer a un subgrupo definido contribuye a un sentido de
identidad.
Robert J. Samuelson

A medida que la Generación de Posguerra se jubila, mayores gastos del Seguro Social, Medicare y Medicaid podrían elevar los impuestos de la Generación del Milenio y reducir otros programas gubernamentales. Será más difícil iniciar y criar familias.
La “brecha generacional” sigue siendo una constante en el análisis político y social
de Estados Unidos. La idea de que las experiencias y circunstancias especiales de cada
cohorte la imbuyen de percepciones, creencias y valores diferentes parece
intuitivamente razonable y atractiva. También es halagadora. En una cultura de
mercado de masas, pertenecer a un subgrupo definido, incluso cuando éste se
componga de millones de personas, contribuye a un sentido de identidad. En una
encuesta Gallup de 1969, el 74% de los norteamericanos creía en la brecha
generacional. Una encuesta del año pasado halló que ahora el 79% cree en ella.
Entre hoy y entonces, por supuesto, las generaciones han cambiado. En aquel
momento, se trataba de la Generación de Posguerra (aquellos de 46 a 64 años) que se
enfrentaba a las generaciones de la Segunda Guerra Mundial y de la Depresión. Ahora
es la Generación del Milenio (los de 29 y menos años) y la Generación X (los de 30 a 45
años) que compiten con la Generación de Posguerra y los norteamericanos de edad más
avanzada. Los límites generacionales precisos son algo arbitrarios y otras
diferencias individuales (ingresos, religión, educación, geografía) generalmente
cuentan más. Aún así, los contrastes generacionales ayudan a tramar cambio y
continuidad en Estados Unidos.
Consideremos un estudio de los 50 millones de individuos de 18 y más años
pertenecientes a la Generación del Milenio, realizado por el Pew Research Center. El
informe llegó a algunas conclusiones sorprendentes y otras no tan sorprendentes.
Sorprendentes (para mí): Casi dos quintos de los del Milenio tienen tatuajes, mientras
que en la Generación X, un tercio y en la de Posguerra, un séptimo (15%) los tienen. No
sorprendente: la del Milenio es la primera generación verdaderamente digital. Tres
cuartos de sus miembros han creado un perfil en Facebook o en algún otro sitio de redes
sociales. Sólo la mitad de la Generación X y el 30% de la de Posguerra lo han hecho. Un
quinto de los del Milenio han presentado videos de sí mismos en línea, mucho más que los
de la Generación X (6%) y los de la de Posguerra (2%).
En muchos aspectos, los del Milenio meramente extienden las tendencias sociales
existentes. Desde el fin de la conscripción, a principios de los años 70, el servicio
militar se ha vuelto cada vez menos común. Sólo el 2% de los hombres del Milenio son
veteranos; a una edad similar, el 13% de la Generación de Posguerra y el 24% de los
norteamericanos ancianos lo eran. Cada generación muestra una mayor apertura racial
y sexual. La mitad de los miembros de la Generación del Milenio está a favor del
matrimonio gay; entre la Generación de Posguerra y los norteamericanos de más edad,
el apoyo es de un tercio y un cuarto, respectivamente. Sólo el 5% de los del Milenio se
opone al matrimonio interracial, comparado con el 26% o entre los de 65 y más años.
También asombran las vasta áreas de continuidad. Pew introdujo una pregunta sobre
matrimonios exitosos. Más de cuatro quintos de todos los grupos etarios calificaron
ese rasgo como sumamente importante. ¿Ser propietarios de vivienda? Alrededor de
tres cuartos de todos los grupos etarios consideraron también que es un aspecto
sumamente importante. La creencia en Dios está generalizada: el 64% de los del
Milenio y el 73% de los de 30 y más años. Hay consenso con respecto a muchos valores,
incluso cuando los ideales (los matrimonios estables, por ejemplo) a menudo se violen.
Las generaciones no importan. Existe la tendencia a exagerar las
generalizaciones, a minimizar la cultura nacional y a ignorar las diferencias
individuales. El estereotipo de los años 60, de los miembros de la Generación de
Posguerra —para tomar un ejemplo obvio— como fumadores de marihuana, obsesos
sexuales, libertinos capitalistas que desafiaban la autoridad, era exagerado.
Pero para los jóvenes de hoy en día la ubicación generacional podría ser importante
en un área: la economía.
La profunda crisis ha golpeado duramente a los del Milenio. Según Pew, casi dos
quintos de los de 18 a 29 años (el 37%) están desempleados o fuera de la fuerza laboral, “
la proporción más alta ... en más de tres décadas”. Sólo el 41% tiene un trabajo de
tiempo completo, mientras que en 2006 un 50% lo tenía. Proporcionalmente, más miembros
de la Generación del Milenio han perdido su trabajo recientemente —el 10%; entre los
mayores de 30 años, el 6%. Alrededor de un tercio dice estar recibiendo ayuda
económica de su familia; y el 13% de aquellos entre 22 y 29 años ha vuelto a vivir con sus
padres, después de haber vivido independientemente.
Los efectos adversos podrían prolongarse. El estudio a menudo citado de la
economista de la Universidad de Yale, Lisa Kahn, halló que los graduados
universitarios que entran en un mercado laboral que sufre de gran desempleo reciben
una remuneración inferior y que esa desventaja puede durar dos décadas. En su
artículo en The Atlantic, Don Peck sostiene que muchos miembros de la Generación del
Milenio fueron criados en forma excesivamente indulgente cuando niños y sienten
tener derecho a las cosas; por ese motivo están mal preparados para “un entorno
económico duro”. Carecen de la persistencia e imaginación para hacerle frente.
Dicha acusación podría ser injusta. En mi experiencia, mis compañeros de trabajo de
esa generación son diligentes, disciplinados y determinados cuando enfrentan
frustraciones.
A pesar de ello, hay más malas noticias para el futuro. A medida que la
Generación de Posguerra se jubila, mayores gastos del Seguro Social, Medicare y
Medicaid podrían elevar los impuestos de la Generación del Milenio y reducir otros
programas gubernamentales. Será más difícil iniciar y criar familias.
Los del Milenio podrían convertirse en la generación de los tontos. Podrían verse
afectados por los pecados de sus mayores, particularmente porque éstos no encararon
los costos predecibles de la jubilación de la Generación de Posguerra. Ello sugiere
una pregunta. En 2008, los del Milenio votaron 2-1 a favor de Barack Obama; en
encuestas, dicen que están más dispuestos que los norteamericanos mayores a un
gobierno de gran incidencia y activista. Su entusiasmo por Obama ya se está
enfriando. ¿Sofocarán los impuestos más elevados su entusiasmo por un gobierno
activista?