Mendoza
Domingo, 06 de diciembre de 2009Las dolencias de las mascotas exóticas
Víctimas habituales de sus propios dueños y de algún que otro imponderable, llegan al veterinario con problemas de salud que ni sus amos imaginarían. Algunos casos y sus tratamientos.
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Con rueditas. Esta tortuga bebé perdió sus patas delanteras y le pusieron un par de ruedas para moverse.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/PRE_animalitos.jpg_1398818830.jpgFuente:
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Con rueditas. Esta tortuga bebé perdió sus patas delanteras y le pusieron un par de ruedas para moverse.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/animalitos01.jpg_1398818830.jpgFuente: Gentileza de Jennifer Ibarra
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Cosido. Para recuperar el caparazón se le hicieron agujeros con una máquina perforadora.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/animalitos02.jpg_1398818830.jpgFuente: Gentileza de Jennifer Ibarra
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Al dentista. A los cuyes y conejos les crecen los dientes todo el tiempo.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/animalitos03.jpg_1398818830.jpgFuente: Gentileza de Jennifer Ibarra
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Flaca. Una iguana con desnutrición.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/animalitos04.jpg_1398818830.jpgFuente: Gentileza de Jennifer Ibarra
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Por estrés. Las catas se despluman.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/12/05/animalitos05.jpg_1398818830.jpgFuente: Gentileza de Jennifer Ibarra
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No sólo perros y gatos estrujan el corazón de sus dueños cuando llegan en problemas a las veterinarias. Casos raros, exóticos o poco comunes suelen pasar por el médico de animales con más asiduidad de la que imaginamos. Canarios que no cantan, loros inflados como un globo, tortugas atropelladas, iguanas desnutridas, catas estresadas y hasta el mal aliento de los queridos chocos es motivo de consulta y un problema de angustia para sus amos.
Las mascotas no sólo brindan compañía y entretenimiento, también padecen, sufren y se las traen con problemas de salud de imprevista factura o víctimas de accidentes domésticos.
Una cata llega de urgencia al consultorio. En la casa que habita una puerta le golpeó la cabeza pero de milagro sobrevivió. El milagro no le alcanzó en cambio a un lagarto que su dueño dejó al sol en su pequeño mundo de vidrio y se olvidó de retirarlo. El reptil no soportó la crudeza del mediodía y murió insolado.
Jennifer Ibarra, médica veterinaria y titular de la Fundación Cullunche, atiende habitualmente este tipo de casos en la veterinaria Narices Húmedas, que atiende con su marido, Federico Correa.
“Hay de todo un poco, pero el inconveniente principal es el cuidado de las mascotas. A veces la gente tiene algún animal algo exótico y no sabe cómo cuidarlo. En otros casos el cautiverio los lleva a cuadros de salud que en la vida natural no padecen. Así los problemas no tardan en llegar”, afirma Ibarra.
Caso extraño si los hay al oído de cualquier mortal es el de los loros que llegan totalmente hinchados.
“Es impresionante –cuenta Ibarra–, se inflan completamente y parecen un globo con plumas. La razón es que se les llenan de aire las bolsas aéreas que poseen en el interior de su cuerpo –las tienen todas las aves y eso les permite volar– y no logran expulsarlo, hinchándose cada vez más. Esto les ocurre por el encierro y es necesario pincharlos con una jeringa para extraerles todo el aire que retuvieron”.
Las problemas y preocupaciones varían según el caso y la aprehensión de sus dueños. Hay amos que no dudan en llegar con el canario en sus manos y decir con justificada preocupación: “Doctora, el canario no canta, quiero que lo vea”. Y no se trata de ningún invento. “Esto sucede –dice Ibarra– y suele ocurrir por el cambio de plumas o la incubación de alguna enfermedad.
Estrés, ignorancia y accidentes
El descuido por desconocimiento se hace notar a diario. “Nos llegó un mono bebé con hongos en la boca provocados por la leche que le daban”. En otros el problema con su boca es que no pueden cerrarla. Conejos, hámster y cuyes arriban a la consulta porque los dientes les crecieron demasiado. “El problema es que les dan alimentos blandos y no gastan los incisivos, por lo que hay que cortárselos y darles alimentos duros”, precisa esta vez la especialista.
En este rubro también se detectan las iguanas desnutridas. Llegan al consultorio con serios problemas alimentarios, víctimas del poco conocimiento de sus dueños sobre qué darles de comer. La falta de sol también les provoca ese estado de desnutrición, porque no generan una vitamina clave para su supervivencia. Esto en algunos casos les genera escoleosis.
Las catas estresadas son otras de esas rarezas habituales y no es un cuento chino inventado por algún presumido psicólogo de animales.
Al contrario, tienen un síntoma claro, una conducta que demuestran que están al borde del desquicio: “Llegan completamente peladas, desplumadas, como un pollo listo para hornear. Obvio, están vivas y con un cuadro de estrés tan severo que las llevó a arrancarse las plumas con su propio pico hasta que no les queda ni una”, cuenta la veterinaria.
Los accidentes domésticos también están a la orden del día. Las tortugas son asiduas visitantes del veterinario. ¿El motivo?: haberse cruzado en el camino de las ruedas del automóvil del dueño de casa, haber caído en las fauces de otra mascota compañera, un can que nunca la miró con buenos ojos y la peor de todas, ser alcanzadas por la terrorífica máquina de cortar pasto. Mordidas, partidas, pisadas o lastimadas llegan normalmente con el caparazón partido. “Si la rajadura no es grande se le sutura con alambre de acero y se asegura la unión con pegamento”.
Jennifer Ibarra no olvida a un paciente en especial: “Un caso extremo es el de una tortuga bebé que perdió sus patas delanteras (ver foto). Los dueños se negaron a sacrificarla así que resolvimos su discapacidad colocándole dos rueditas. Como la tortuga crece, cada tanto hay que cambiárselas por unas más grandes para que pueda desplazarse y lo hace muy bien”, concluyó.
Ojo con la vacunación
El parvovirus y el moquillo siguen siendo las enfermedades que más atacan a los perros y los ponen al borde de la muerte. Al respecto Jennifer Ibarra asegura que “de esto tenemos todos los días. El problema es que la gente baja la guardia con las vacunas y después el veterinario puede hacer muy poco”.
La especialista recalcó que “lo mejor es mantener al día el cronograma de vacunas, sobre todo con la rabia, que en Mendoza no tenemos desde 1978 en el caso de la última persona contagiada y desde 1983 el último perro detectado. Pero en otras provincias argentinas sí hay casos y hay que estar alerta”.
En lo que respecta a los gatos, el resfrío y otros cuadros respiratorio son lo que más sufren. Para ello hay una vacuna anual que termina con esos problemas.
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