Mendoza
Martes, 25 de agosto de 2009Marcos Cardozo, el más buscado
Dotaciones de bomberos, policías y familiares buscan desde el jueves pasado a un chico que, en teoría, cayó a un canal de riego. Su familia nos contó su historia.
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Marcos Cardozo.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/25/PRE-marcos-cardozo.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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Los padres de Marcos muestran una foto con su hijo.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/24/chico-desaparecido-01.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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Los padres de Marcos muestran una foto con su hijo.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/24/chico-desaparecido-02.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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La madre de Marcos muestra una foto con su hijo.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/25/marcos-cardozo-03.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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Marcos Cardozo en detalle.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/25/marcos-cardozo-04.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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Uno de los lugares en que se supone desapareció Marcos.
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El canal al que se supone que cayó Marcos.
/export/sites/diariouno/imagenes/2009/08/24/chico-desaparecido-04.jpg_1398818830.jpgFuente: Adrián Mariotti / Diario UNO
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Silencioso, introvertido, obediente. Así lo describen tanto sus familiares como las autoridades de
su escuela. Su meta más cercana era trabajar un surco de tomates, especialmente asignado por su
padre, para juntar dinero y así comprarse una computadora. Estos planes quedaron suspendidos diez
minutos antes de las 9 del miércoles 19 de agosto cuando Marcos Antonio Cardozo, de 13 años, salió
de su casa rumbo a clases. Nunca llegó a la escuela ni volvió a su hogar.
Entre su casa, ubicada a la vera de la margen este del Acceso Sur, 500 metros al sur de la
intersección con Azcuénaga, en Luján, y la escuela Romelio Villalobos, donde cursa el 8º año, hay
apenas 300 metros en línea recta.
Para llegar a clases, Marcos –y decenas de alumnos más– bordeaba todos los días la
servidumbre de paso del canal San Martín, un camino lateral del cauce que el Departamento de
Irrigación utiliza para hacer tareas de mantenimiento. "Hace 14 años que vivimos acá, con el canal
a 20 metros del fondo de la casa. Todos saben perfectamente que no se tienen que acercar porque es
peligroso", relató Armando Cardozo, boliviano de 40 años que trabaja la tierra y papá de Marcos y
otros tres niños (Reynaldo, fruto de su primer matrimonio, de 14 años, Érica Agustina, de 11, y
Nahuel Ezequiel, de 8).
Desde la siesta de ese fatídico miércoles, cuando Armando fue a la escuela a buscar a su hijo
porque no había vuelto a la casa, personal de Bomberos, Defensa Civil y de la Policía rastrillan el
canal San Martín en busca del cuerpo del chico.
La primera de las hipótesis, descartada por la familia, sostiene que el adolescente cayó al
cauce en un descuido mientras caminaba a la escuela. Otra conjetura señala que el chico se habría
peleado con un compañerito por un celular y éste lo habría empujado. En cualquiera de los dos
casos, el resultado es el mismo: Marcos en las frías aguas del canal.
Reclamo vecinal
La búsqueda en una primera instancia se centró en el tramo entre la escuela
Villalobos y la casa de los Cardozo, sobre todo por presión de los vecinos que insistían en que
Marcos estaba enredado bajo el puente que cruza el acceso, donde el agua se arremolina
infernalmente. Esa misma presión agitó los ánimos y llevó a la gente a cortar el acceso el domingo
por la tarde a la altura de Azcuénaga, generando demoras y un gran caos vehicular.
"Lamento el corte de ruta de ayer (por el domingo). La gente se apuró y quiso manifestarse,
pero yo no estaba de acuerdo. Muchos no comprenden que los buzos son profesionales y no vieron
nada", dijo Cardozo con referencia a las tareas de rescate que realizaron especialistas de Bomberos
en la zona "maldita".
La incertidumbre sobrevuela el entorno de Marcos. "Nos llama la atención que nadie haya visto
nada. Tal vez se resbaló a la altura del pimiento o tal vez se fue con alguien, pero no era de
hacer esas cosas. Es un chico excelente, muy obediente y estudioso, incluso salió abanderado el año
pasado", advirtió María Duarte, directora de la Villalobos, una escuela especial que atiende a
deficientes mentales.
Sin embargo, y a contrapelo de lo que podría pensarse, Marcos no padece ningún trastorno
mental. Su papá explicó que fue derivado a esa escuela por su carácter tímido y reservado. La
versión fue avalada por la directora Duarte, quien agregó: "Estábamos haciendo todo para pasarlo a
un CEBA, porque su nivel intelectual es normal".
Ruth Valverde, vicedirectora del establecimiento, aclaró también que el chico no tenía
problemas con sus compañeritos, salvo esas "cosas de niños" y que "tenía una excelente relación con
el papá y la mamá".
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