A Fondo
Sábado, 25 de julio de 2009Carmencita asiste a 200 perros abandonados
Vive en una humilde casa de madera en el predio de la Sociedad Protectora de Animales de San Rafael.
"Animalera". Así se define Carmencita López a sus 70 años
SAN RAFAEL– Los perros ladran sin parar por la presencia de un extraño, ella sale y con el mismo
palo que le sirve para ayudarse a caminar golpea la pared de su pequeña casa. La manada se calla
obedeciendo a su dueña, esa mujer que desde hace 20 años viene asistiendo perros abandonados y que
hoy ya tiene 200.
Es Carmencita López, tal como se la conoce. Vive en su humilde casa de madera en el predio de
la Sociedad Protectora de Animales. La mujer de los 200 perros, a los que alimenta gracias a la
colaboración de un frigorífico tres veces a la semana.
A sus 70 años, aunque siempre fue "animalera", cuenta que tamaño apego por estas vidas que
otros arrojaron a la calle nació un día de 1989 en que ella se acostó para morir y, según cuenta,
sus perros y gatos lo evitaron.
Algunas escaramuza y el ver semejante cantidad de canes juntos hacen que se le pregunte, como
para romper el hielo, si se pelean mucho entre ellos: "No tanto como las personas", responde
sonriente.
"Desde muy chiquitita he sido muy animalera, amo todo lo que es la naturaleza, yo digo
siempre que hay que amar a todos los animales, me duele que destrocen una planta, que ataquen a los
pájaros, como andan los chicos ahora con rifle y para colmo con el padre enseñándoles”, dice sobre
sí misma y su amor por sus "niños", como los llama a veces.
La constante y cada vez más común actitud de la gente de abandonar sus mascotas hace que
Carmencita piense que "el ser humano está cada vez más malo y más dañino y sólo le interesa su bien
propio. En cambio, los animales son más fieles, si vos les pegás porque se han portado mal o los
retás, al ratito vienen y te están haciendo cariño".
Darle de comer a tantos perros no es sencillo y en esa tarea tiene la suerte de recibir la
colaboración semanal de una empresa. Aunque las necesidades parecen agolparse tras el endeble
alambrado, ella sólo pide como urgente un refugio para protegerlos de las tormentas.
"El alimento me lo están trayendo nuevamente por la colaboración del Frigorífico San Rafael.
Es tres veces por semana y los fines de semana se les da alimento. El chico que lo trae lo tira por
arriba de la tela y ellos se sirven, yo les doy a los cachorros y a los gatos, que los tengo
adentro".
La falta de espacio y recursos hace que se dificulte recibir más perros. "Cuando me traen
alguno, me pone muy mal, porque la gente no tiene conciencia. Ahora dejan muchos cachorros, todos
los días se encuentra alguno abandonado. En este momento tengo orden de no recibir más, me duele en
el alma cuando me traen cachorros, porque la mayoría de las veces no tienen ni un mes, ahí todavía
se pueden salvar, pero ¿cuándo los tiran recién nacidos y metidos en una bolsa? La gente no piensa
que son vidas, que merecen ser respetadas como la nuestra", afirma.
Al verla caminar con sus años a cuestas por el medio de la manada, la pregunta es inevitable.
¿Y cuando ella ya no esté? "No sé…, se tendrá que hacer cargo la Sociedad Protectora y preparar una
persona, no todo el mundo quiere estar acá".
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